En esta ocasión no habrá introducción para la presente reseña. Estoy seguro que muchos agradecerán que esta reseña no sea tan extensa como las anteriores, pero lo que sí podemos adelantar es el tema: Un verano por Singapur.
El tamaño de la presente reseña no tiene que ver nada con tantos reclamos de que mis posteos son demasiado largos, sino porque todas estas reseñas acontecieron antes de julio de 2006 y ya se me están acumulando las del 2007. Entonces trataremos de hacer esto lo más ágil posible.
El material fotográfico saben donde se encuentra (carpeta Singapur).
CAPITULO VI
Un tiempo después de la aventura en Kuala Lumpur, el espíritu de trotamundos de Daniel “El Riojano” y de un servidor se hizo presente una vez más. Como fue acotado en el capítulo anterior, las opciones de turisteo para los mexicanos en Asia son muy escasas, razón por la cual el siguiente destino podía ser Singapur o… Singapur. Era la opción más cercana y además la misma palabra Singapur encierra un cierto misticismo que lo hace atractivo para ser visitado.
El destino era un punto menos en la lista de pendientes. Lo que faltaba aún eran las reservas aéreas y de hospedaje. Esta vez no llegaríamos como a KL sin reservas de albergue, ya que estar buscando y negociando el precio a tempranas horas de la mañana, después de varias horas de vuelo no suele ser la opción más recomendable.
Después de un buen tiempo de investigación llegamos a la conclusión que la aerolínea que ofrecía una mejor relación costo-beneficio era Sri Lanka Airlines, sin embargo, ésta hacía escala en dónde? Pues en Sri Lanka. Y para variar, a los mexicanos les pedían Visa, incluso en vuelos de tránsito. Después de investigar un poco, parecía que era posible obtener la Visa a la llegada al aeropuerto, pero no me podía arriesgar a perder mi conexión a Singapur en caso de cualquier contratiempo. Por lo tanto, dejando atrás el factor costo, me incliné por la opción seguridad. Entonces cuál fue la aerolínea elegida? Ja, no me acuerdo, pero creo que Singapore Airlines; si no fue esa, fue con mis amigos de Malaysia Airlines. Dani, por su parte, sí que reservó en Sri Lanka Airlines pues él no tenía problemas de visados. Al final viajaríamos por separado y con un par de horas de diferencia (yo volaría más tarde), pero teníamos que sincronizar relojes para evitar que no nos encontráramos en Singapur.
Acotación 1: Singapur es la capital de Singapur.
Procedimos a hacer las reservas en un albergue que tenía fama de estar bien ubicado y además tenía muy buenos comentarios de todos los visitantes. El lugar se llamaba “Albergue del Tío Joe” o algo así. El punto es que hicimos las reservas y de manera electrónica, todo muy moderno, nos llegó la confirmación y un mapa para llegar a las instalaciones. Al poco tiempo de llegar la confirmación también llegaron algunos problemas, pues el albergue estaba lleno. Nos pasó lo mismo que en KL, que como la gente ya no encontró hotel en “Caleta” para ese fin de semana, pues mejor se fue a Singapur, sin embargo, el buen amigo Joe, haciendo gala de su amabilidad nos dijo que podríamos ocupar una de las habitaciones del Staff por el mismo precio. En realidad lo único que necesitábamos era un lugar dónde ducharnos y dormir un poco para otro fin de semana desenfrenado así que accedimos al instante.
El día de partida llegó y Dani se fue al aeropuerto, me entregó mi mapa para llegar al albergue, pero antes de ello “sincronicemos relojes”, le dije, al tiempo que nos despedimos para quedarme viendo la última tendencia en Rio en Fashion TV. Para cuando me di cuenta, mi vuelo estaba a punto de salir, así que apresuradamente tomé mi equipaje y me fui en busca de un rickshaw que me llevara al aeropuerto. Como de costumbre, a los taxistas de la India no les gusta trabajar, así que ninguno me quería llevar al aeropuerto so pretexto de que estaba demasiado lejos y ya era muy tarde (alrededor de las 11:00pm y mi vuelo creo que salía a las 12:00 o 12:30am). Estuve esperando un rickshaw tras otro sin resultado alguno.
Entonces tuve que aplicar el plan B. Irme corriendo a la avenida más grande y más cercana que había por el lugar: la famosísima 100ft road. Para llegar, tuve que invertir unos 10 minutos corriendo, pero después de otros 5 minutos mis esfuerzos se vieron recompensados y al fin un buen taxista accedió a llevarme al aeropuerto. “Andando”, le dije. Íbamos ya en camino, cuando le apresuré a que accionara el taxímetro que nunca gustan de usar los taxistas en la India. Después de una corta pero intensa discusión al final accedió y llegamos al aeropuerto sin más contratiempos. Me dijo que eran algo así como 65 o 70 rupias; le pagué con un billete de 100 morlacos y como no tenía cambio, me lo dejó en 50 o 55 Rs o le pagué de más, no recuerdo. El punto es que se me hacía tarde para el vuelo y el cambio en ese momento, era lo de menos. Corrí presurosamente hacia la puerta principal, pero como es costumbre, había una gran multitud estorbando y entorpeciendo la única puerta del aeropuerto internacional, por ir a despedirse de sus seres queridos (ja, el antipático y sus amigos...).
Una vez más entre empellones y atropellos, logré pasar hacia la zona de check-in en donde había una fila enorme para documentar, mientras que yo disponía de tan solo unos 25 minutos de colchón para despegar. A fin de cuentas se abrió una nueva ventanilla y hábil y ventajosamente corrí para ser uno de los primeros en formarme, pero desgraciadamente creo que me tocó un boletero con problemas de autismo, pues cuando me di cuenta ya todos los de la otra fila habían pasado migración y yo apenas tenía mi pase de abordar en la mano. Corrí hacia la zona de aduana y después de esperar otro poco pasé sin problemas. Luego venía la zona de revisión de equipaje en donde estaban todos los de las filas anteriores y que llegaron antes que yo por culpa del boletero cabeza de alcornoque. Mi vuelo salía en unos 10 minutos; esperé 5, pero como no vi acción me fui un poco a la usanza india, pero en lugar de hacerme el loco y meterme como si nada hasta el inicio de la fila, le dije al policía que mi vuelo estaba a punto de salir. Sin mayor demora me dejó pasar, me volteé y les pinté una L con la mano en la frente al resto de los que estaban en la fila (bueno, en realidad esto último nunca pasó, pero estuve tentado a hacerlo).
Pasé el control de revisión, escuché el último aviso para abordar y cual saeta veloz, ya estaba en el avión con mi cinturón abrochado, escuchando y viendo atentamente las indicaciones de seguridad de las sobrecargos (ja, esa ni yo me la creí; creo que nadie les hace caso, pero bueno...). Partimos sin contratiempos y como el vuelo no estaba muy lleno, apenas se apagaron los letreros luminosos de “Abróchese su cinturón”, me cambié a una hilera de 4 asientos para echarme una siesta cuan largo soy pues el vuelo constaba de unas 4-6 horas desde Bangalore. Por supuesto nomás escuchaba el sonido de los carritos que llevaban la cena y me despertaba y hacía como que estaba leyendo algo, para que no pasaran de largo. Pa’ los que me conocen bien saben que soy de buen diente, así que por muy mala que sea la comida del avión, mis padres me enseñaron que la comida no se desperdicia (mucho menos si me la cobraron junto con el boleto de avión).Terminé mi cena, cambié la charolita vacía a otro asiento, y proseguí con mi tarea interrumpida: tomar una pequeña siesta.
Después de las horas reglamentarias de vuelo, al fin llegué a lo que había leído que era uno de los aeropuertos más modernos del mundo. Ja, sí era moderno, pero hasta ahora me quedo con el de Kuala Lumpur como el más moderno que conozco.
Pasé por migración sin mayor problema y al final estaba ya en Singapur. Me entregaron mi Kit de Bienvenida consistente en una bolsa típica de turista, un llavero de un leoncito, una gorra, 800 folletos y algo más. Era más o menos como el Kit de Bienvenida a nuestra llegada a Bangalore (pero más barato), consistente en una rosa de plástico con rebabas emulando espinas en el tallo, indistintamente para hombres y mujeres…
Intenté tomar el metro, pero el torniquete no me dejaba pasar. Intenté pedir ayuda a unos sujetos que estaban en algo que parecía una taquilla, pero como todavía llevaba la inercia primitiva y mi inglés corrupto, no me entendieron, o más bien, yo no les entendí. Les di un billete y me regresaron la misma cantidad, pero en monedas y billetes de baja denominación. Yo lo que quería era un boleto, una fichita, un vale, una nota de remisión o lo que fuera para poder pasar y llegar al albergue a dormir, porque tanta interrupción en el vuelo no me dejó descansar bien (pero hambre no pasé; bueno, pensándolo bien creo que sí llegué hambriento al aeropuerto). Luego, creo que vieron mi desesperación y me señalaron hacia un rincón a un lugar donde había unos lockers. “No, yo no quiero un locker, quiero un boleto”, les dije atinadamente. Y me siguieron insistiendo. Total, fui y vi a una mujer policía que seguro alguna vez en su vida habría comprado un boleto. Le dije que los señores de la taquilla no me querían vender boleto. “Ja, ahora sí van a ver cómo les va… porque ella es policía y los va a meter al bote por negligentes. Con que no me quieren vender un boleto. Pues vamos a ver de a cómo nos toca”, pensé. Le conté la historia de los patéticos sujetos de la ventanilla de boletos y entonces la misma policía me dijo que comprara mi boleto en los dispensadores automáticos que yo pensé que eran lockers. Ppppfffff. Esa estuvo como de sketch, pero en fin, sólo se trató de la inocencia readquirida tras varios meses en Bangalore.
Compré mi boleto y viajé hasta la estación que indicaba mi mapa. Salí del metro y medio me perdí. Parecía la India María en la película “OK, very well Mr Pancho”: todo desubicado y sin saber muy bien adonde ir, a pesar de contar con un mapa (sí, sí, ya se que muchos de mis ejemplos son muy locales y una gran parte de los lectores no se entera de nada, pero es un buen aliciente para que visiten México). Después de rodear el edificio varias veces, al fin encontré la calle que buscaba y vi claramente que estaba cerca del Barrio Árabe, que era donde nos hospedaríamos. Después de andar tonteando otro tanto por un canto, al fin llegué a la calle del albergue, pero no lo encontraba, pues sólo había cafés, tiendas de recuerditos y librerías. Ja, al final lo que pensé que era un café, era el famoso albergue. Las fotos que muestran el albergue y el barrio donde nos quedamos son: DSC00597 y DSC00599 respectivamente (ahí donde dice Café es el albergue, así que no crean que se me ocurrió que era un café de la nada).
Llegué, me anuncié con uno de los meseros, pero parece que los responsables de hacer el check-in no estaban y no me hacía caso. Luego llegó otra mesera y le dije: “hey, niña, que tengo una reserva. Estoy con mi amigo Dani, que es español”. En eso se acerca una chica rubia de no mal ver y me dice: “ahh, tu eres Marco, el mexicano; pensábamos que ya no llegabas”. Y yo pensando: “??????”. “A ver, me llega una güerita, me llama por mi nombre y encima me habla en español en Singapur? Esto sí que es un buen Servicio al Cliente”. “Por qué no nos tomamos un café”, le dije. Bueno en realidad es nunca pasó ya que casi al instante me contó que estuvo charlando con Dani y le platicó que yo llegaba después. Todo iba bien, hasta que se puso a contarme su trágica historia sobre unas litografías carísimas que perdió en un vuelo. De ahí no la sacábamos (por cierto, era española). Afortunadamente llegó el responsable del check-in, me dijo que Dani estaba duchándose, así que podía esperarlo en una salita que tenían. Eso fue lo que hice y ya que nos encontramos con Dani dejé mi equipaje junto al resto (debajo de una mesa donde podía llegar cualquier cristiano y llevarse mis calcetines y calzones sin que nadie le dijera algo; bueno, en realidad no creo que alguien quisiera llevarse mis calzones, pero tampoco está de más prevenirlo pues eso de ir a “rais” con tremendo calor puede ser una experiencia algo incómoda, jajajajaja, pero mi mochila sí que me hacía falta). Entonces saqué cámara, pasaporte y todo lo que pude poner en los bolsillos de mis pantalones y nos dispusimos a emprender el viaje de reconocimiento de Singapur. Sugerimos a la rubia que si quería conocer Singapur con nosotros y nos dijo que estaba corta de tiempo porque tenía que llamar a no se qué aerolínea para ver lo de sus litografías, quería comprar una cámara y además tenía un vuelo por la noche creo que para Vietnam. “Haz lo que quieras”, pensamos, mientras nos despedimos de forma hipócritamente amigable: “que te la pases bien y suerte con las litografías”.
Lo primero que fuimos a visitar fue lo más cerca que teníamos, la mezquita ubicada en el Barrio Árabe (no pregunten, pero casi estoy seguro que se llamaba Jamma Masjid, como todas las de la India). La foto DSC00600 muestra la mezquita en todo su esplendor.
Luego, nos fuimos un poco más al centro, o más bien a la zona costera y pasamos por zonas de edificios muy modernos y todo muy bien arreglado y adornado, lo cual es una constante en Singapur, como puede verse en las fotos DSC00601 y DSC00602. Una vez que llegamos al muelle que era una de las atracciones según el mapa de caricaturas que nos entregaron en el aeropuerto a la llegada, preguntamos adónde era más recomendable ir. “A la Isla Sentosa; tomen el teleférico, o bien, pueden ir caminando pero es un poco lejos”, nos respondieron. Al final como típicos turistas que éramos, optamos por el teleférico. Las fotos que pudimos sacar desde las alturas son DSC00603, DSC00605 y DSC00607, teniendo en ésta última una vista singular de una pagoda china, un poco destruida, pero se ve que estuvo “guay” en sus años mozos.
Acotación 2: Para quien no esté habituado a frases ibéricas, la palabra “guay” (o como se escriba) se refiere a una expresión positiva como en México podría ser “padrísimo”, “de pelos”, “pocam…dre” y una gran variedad que ya conocen y que no escribiré pues no es el tema de la presente reseña (no escribí alguna palabra completa para no transgredir las buenas costumbres de la familia mexicana; espero que puedan descifrar cuál es, plop!).
Ya que llegamos al otro extremo del teleférico nos encontramos en la cúspide de la isla, donde había una gran tienda de recuerditos donde todo salía carísimo. Creo que un caballito tequilero (o un “chupito” como dirían en España) salía lo mismo que lo que íbamos a pagar de hospedaje por 2 noches. En fin, no compramos nada, así que salimos del local. Justo afuera estaba la primera atracción de la isla: unos carritos que eran accionados por la fuerza de gravedad ejercida por una pendiente que recorría buena parte de la isla. Ja, “como los carritos del Parque Papagayo en Acapulco”, comenté. Rentamos el equipo correspondiente y justo cuando hacíamos la fila, nos topamos con los simpáticos orientalitos de la foto DSC00609. Luego, llegó nuestro turno de aventarnos por la pendiente y un tipo dándonos las instrucciones, mientras que yo pensaba “a ver mano, quítate que esto lo hacíamos en Acapulco desde los años 80, así que ya se cómo funciona”. El tipo no se quitó y tuve que hacer como que le ponía atención. Delante de nosotros iba una pareja. La novia se aventó al mismo tiempo que Dani y parece que iban echando carreras, así que un poco de adrenalina hubo en el descenso. En cambio, a mi me tocó lanzarme al mismo tiempo que el novio que era patético. Para empezar como que perdió el control, se me cierra y tuve que frenar para no llevármelo, así que quedé justo atrás de él. “Qué tonto es”, pensé. Pero además de tonto, miedoso. Emprendimos nuevamente la marcha, pero como estábamos pegados, tenía que esperar a que se moviera, para que yo pudiera avanzar. Entonces, después de unos instantes, al fin arrancó con todo y yo hice lo mismo, pero por supuesto él me llevaba algo de ventaja. Cada vez que venía una curva frenaba casi completamente atravesado en la pista, por lo que yo tenía que frenar también. Ahhh, pero cuando intentaba rebasarlo, se me cerraba el muy hijo de la gran… bueno, el resto de la frase ya la saben. Estuve a punto de quitarme el casco y darle sus buenos correctivos, pero logré controlarme hasta el final de la pista, cuando la novia toda de ensueño lo esperaba con los brazos abiertos y me dio pereza entregarle al novio todo golpeado y ensangrentado (ja, no lo hubiera hecho, pero un buen choque sí le debí haber metido pa’ que aprenda a manejar). Mi descenso fue un fiasco, pero tenía aún toda una isla para conocer.
Luego, caminamos un poco hasta lograr la foto DSC00633 que corresponde al “Merlión”, la mascota de Singapur. Que por qué se llama así? Pues porque es mitad sirena (mer-maid, en inglés) y mitad lión con “i” (-lión, en inglés y con acento).
Luego, nos fuimos a la playita. Como en el resto de Asia (excepto India), todos están obsesionados con su físico y las mujeres se van a sus centros de adelgazamiento y anti-celulitis, mientras que los hombres van a presumir “lavadero”. El buen Dani se fue a echar un chapuzón, mientras que yo me quedé descansando bajo la sombra de un cocotero, pues 1) odio la sensación de sal picándome cuando se seca el agua de mar y 2) no quería bajar la autoestima de los singaporenses al ver un auténtico lavadero como el mío.
El sol estaba en su apogeo y más adelante nos fuimos a una extensión de la isla que estaba conectada por un puente colgante. A esa extensión era a lo que los singaporenses llamaban como “el punto más al sur en toda Asia” y es en dicho lugar donde nos tomamos la típica foto de “yo estuve ahí”, como se muestra en la imagen DSC00640. La foto DSC00644 es otra vez la cúspide de la Isla y es lo que marcó nuestra despedida de la misma.
Algunas de las fotos de la ciudad (DSC00646 y DSC00648) son imágenes que muestran el nivel de vida de Singapur que yo diría que es bastante bueno, aunque nunca faltan edificios “quesque” modernizados, estropeados por estilos que no van de acuerdo a su arquitectura, como la escuela “graffiteada” a propósito, en la imagen DSC00650. La foto DSC00651 no es ningún edificio público ni nada en particular, pero me pareció “guay”.
En ese momento acabó nuestro primer día hábil en Singapur y “quesque” fuimos al albergue a descansar, pero yo estaba muy cansado y casi no pude dormir. Luego, por la noche salimos de marcha, pero si íbamos a hacerlo con categoría y no podíamos ir a otro lugar más que al Ministerio del Sonido ™ (como lo vio en televisión, en el Reino Unido). Salimos ya entrada la noche y para variar nos perdimos, así que tuvimos que caminar otro tanto. Luego llegamos a un gran complejo comercial tipo “La Isla” de Cancún donde se vivía la euforia de la Copa del Mundo. Era la zona donde se ubicaban los mejores restoranes y antros. Por decir algo, ahí se encontraba el restorán “Hooters” (los ojos del búho y el logo, son marcas registradas) y el Ministry of Sound, por supuesto. Ahh, y puedo decirles que en Singapur sí saben reconocer a unos tipos con clase cuando les ven. Llegamos bien ataviados, con un poco de colonia, gomina en el pelo y por supuesto, nuestra gran personalidad. En seguida fuimos recibidos con alfombra roja y con los tradicionales reflectores con el logo del Ministry a pesar de que había cadenero en la puerta. Nada que ver con México donde por lo menos te hacen 2 preguntas: Cuántos son? Y cuántas niñas vienen contigo?. Inmediatamente entramos y pagamos nuestro razonable cover y tuvimos acceso a 5 áreas o pistas con temáticas diferentes: Studio 54, Lounge FTV, Electrónica, Ritmos Latinos y Lo Mejor de los 90’s, además de varios salones por si quieres hacer tu evento privado con los cuates. En nuestro caso nomás éramos Dani y yo, así que optamos por no reservar un lounge especial pues podía prestarse a malas interpretaciones. En esta ocasión yo era el que andaba bajo de pila, a diferencia de KL, donde el buen Dani andaba un poco bajo de ánimos. Echamos unos drinks, anduvimos por todas las pistas y al final Dani se encontró con unas compatriotas. Dani me llamaba diciéndome que las tías querían conocer al mexicano ese que se parecía a Brad Pitt, pero yo de plano pasé de ellas, pues estaba realmente cansado. Me fui a tumbar a un sillón y eso que no estaba en estado etílico deplorable, simplemente cansado. A eso de las 3:30am abandonamos el local y mis pies me estaban realmente matando. Estuvimos todo el día caminando y casi no paramos ni un minuto. Para variar, el transporte público a esas horas ya no estaba disponible, por lo que tuvimos que caminar hacia el albergue. Ahhh, no recuerdo otra ocasión que casi tuve que llegar arrastrando los pies y descansando cada 2 cuadras, para llegar a algún lugar. En fin, después de varias cuadras, quejidos y algunas ampollas en los pies, al fin llegamos y descansamos un poco.
A la mañana siguiente salimos a dar nuestro último paseo por Singapur y llegamos al templo de la foto DSC00653, donde puede verse claramente que estoy elevando mi “ki” a niveles insospechados a juzgar por las notorias emanaciones de energía que se ven alrededor de mi cuerpo. Esto, en parte, fue ayudado por el alto grado de concentración que se puede alcanzar en un templo tan sacro como el de la foto DSC00655 (que es el mismo que el de la foto anterior. Ahí fue cuando Dani y yo nos separamos nuevamente, pues su vuelo salía un poco antes que el mío, así que continué mi recorrido por la ciudad un par de horas más.
En dicha extensión, me encontré con el “Cow Parade” al puro estilo de Singapur (foto DSC00661), donde México no pudo faltar con su característico verde, blanco y rojo, aunque el águila sobre el nopal casi no se alcanza a distinguir. El resto de las fotos (DSC00662, DSC00663, DSC00665 y DSC00666) son un puente que no me acuerdo cómo se llama, pero que es muy famoso, la estación de bomberos, la Cámara de Comercio de Singapur y un edificio “X”, respectivamente.
Es ahora cuando acaba nuestro maravilloso viaje y regresamos a Bangalore, Ciudad de Campeones, para reiniciar con nuestro arduo entrenamiento en la herramienta bancaria que nos atañe.
Hasta la próxima entrega, cuyo tema será: Goa, sitio de playas nudistas, drogas y raves en la India.
Cumprimentos,
Marquinho “õ gran” Tigre.
jueves, 24 de mayo de 2007
sábado, 5 de mayo de 2007
Asia Carrera (KL) - Parte I
PRECAUCION: La reproducción no autorizada o distribución de este trabajo protegido por las leyes mexicanas e internacionales de derechos de autor, constituyen un acto de ilegalidad. Cualquier infracción a las leyes de derechos de autor, incluyendo actividades sin fines de lucro, serán investigadas por la PFP y por el FBI pudiendo ser acreedores a un castigo de hasta 5 (cinco) años de cárcel y una multa de 10,000 salarios mínimos en pesos mexicanos, o bien, $250,000 dólares según el lugar donde se compruebe que se haya efectuado el ilícito.
Advertencia: El contenido de esta reseña SÍ contiene dosis de lenguaje no apto para cualquier situación (sobre todo si están comiendo), así que se recomienda discreción. Esta vez no es un mensaje de utilería como el primero.
Una vez hecha la aclaración anterior, continuemos con la reseña, jajajajaja.
El material fotográfico ya saben donde está. Si no, revisen la intro de los capítulos del II al IV.
Antes de pasar de lleno al capítulo de hoy, he de realizar una de mis famosas acotaciones, que en esta ocasión, más bien sería una fe de erratas o algo similar (lo mismo pero más barato).
Sucede que el blog ya lo he bautizado como “Las aventuras del Tigre por el Mundo” y en el capítulo IV he firmado como “Õ Tigre do Nascimento”. Pero creo que en ningún lado he explicado de dónde viene dicho sobrenombre.
El error lo cometí en el capítulo IV, pues omití un hecho trascendental: como siempre, el chofer de la Toyota Innova, no recuerdo si antes o después de visitar el Taj Mahal, nos hubo de llevar a un local donde vendían artesanías y tapetes orientales. Ya no recuerdo si nosotros le pedimos que nos llevara o nos llevó en contra de nuestra voluntad como era la costumbre de todos los chóferes (el Word me marcó que chóferes lleva acento, así que como tal lo dejé aunque siempre lo he dicho y escrito con acento prosódico en la primera “e”) y taxistas. El punto es que entramos, nos ofrecieron unos refresquitos, unos jugos y algo más. Nos dieron una demostración de las distintas clases de mármol y piedras preciosas, así como el juego de luz que se podía hacer con ello, para crear lámparas, adornos y figuras iluminadas.
Luego nos dieron una demostración tipo taller de cómo los chavales que eran descendientes directos de las personas (esclavos) que construyeron el Taj Mahal (ja, ese cuento no se lo creen ni ellos) con sus manos artesanas, eran capaces de convertir pedazos de piedra en finas piezas de decoración, como hojas de piedra a incrustarse en cualquier clase de artesanía. Como todo lo que habíamos visto hasta entonces era muy caro, mejor pasamos a la sección de todo por un dólar, o al menos eso parecía, sin embargo, lejos estaban las piezas de costar un dólar. Como yo casi no compro de esas cosas, pues me fui a ver tapetes. Uno en especial que era de pared y que tenía motivos árabes me gustó mucho, pero como siempre, todo lo que me gusta es caro y le dije al que atendía que ni se molestara en mostrármelo; no lo iba a comprar. “Bueno, tenemos otros más baratos”, me dijo. Y se puso a sacar como 8 diferentes modelos de tapetes, pero para casa. Una vez más le dije que no iba a comprar nada, pues 1) en mi cuarto no cabía ni la cuarta parte de esos tapetes y 2) en mi casa, pues realmente no van ese tipo de tapetes con el resto de la decoración. Total, que el vendedor se puso necio y no los guardó hasta que me puse a caminar descalzo (bueno, en calcetines) por uno de sus tapetes. Al final como le había dicho, no compré nada. Como me volví a aburrir me regresé a la zona que parecía de un dólar (pero que no era de un dólar), y me puse a refrescar un poco frente al ventilador, con uno de esos “zucos de abacaxi” que nos regalaban, mientras el resto compraba recuerdos. Entonces uno de los vendedores se acerca y como de costumbre me pregunta algo en hindi. “Perdona?, no te entendí”, le contesté en inglés. Se empezó a reír y me pidió disculpas pensando que era de la India. “A ver, de qué parte de la India parezco?”, les pregunté, ya para quitarme de la duda, pues en todos lados me decían lo mismo. Después de pensar unos segundos me contestó: “Mmmm… de Kashmir”. Les pidió la opinión a sus colegas y todos asintieron con la cabeza. Es en ese momento en que mi vida da un vuelco y le digo a propios y extraños que soy de Kachemira, en resumen, es el nacimiento de toda una leyenda.
Lo del “Tigre” fue añadido un tiempo después en un bar de Bangalore, como resultado de 2 Whiskies de marca “Perro Negro” y creo que un Long Island Iced Tea, así que ya se imaginarán cómo andaba después de alcohol de marca “perrito” y otro que no supe siquiera la marca. Realmente no recuerdo cómo o de qué estábamos hablando, pero en ese entonces me autonombré “El Tigre de Kachemira”, el terror del Punjab, Jammu & Kashmir.
Y lo de “Õ Tigre do Nascimento”, fue otro añadido nomás por hacerle al cuento y agregarle un poco de la jinga brasileira a mi sobrenombre.
Acotación 2: El Taj Mahal no se pronuncia como lo hemos hecho hasta ahora. Intentando ponerlo en palabras sería algo como “Tash Majal”. Recordemos que en el capítulo III aprendimos también la pronunciación correcta de Maharaja.
Ja, pues esto más que acotaciones, parece otra reseña, pero ahora sí, hemos de pasar al capítulo que nos concierne: Kuala Lumpur, Malaysia.
CAPITULO V
Pues parecía que después de algún tiempo en la India, los únicos que aún conservábamos el espíritu viajero y trotamundos éramos Daniel “El Riojano” Menchaca y yo. Por lo tanto, un buen día nos dispusimos a ver qué opciones teníamos para viajar. Como es costumbre casi en toda Asia, los españoles pueden viajar adonde quieran sin Visa o si la requieren, la pueden obtener al llegar al aeropuerto destino; es más, creo que hasta les hacen descuento en el boleto de avión para que vayan y les ofrecen masajes “especiales” para hacer su viaje más confortable.
En cambio para los mexicanos, viajar casi a cualquier lugar de Asia suele ser muy complicado. Que tráeme la factura del refigerador de tu tatarabuela, que esa factura debe venir certificada por el consulado del país en México, que necesito prueba de que no has cometido actos de vandalismo en el país, etc, etc, etc.
Para no hacer el cuento largo, los únicos lugares a los que podía viajar eran Malasia, Singapur, Filipinas y Japón. Los dos primeros lugares eran los más cercanos y por tanto baratos, así que como habíamos oído hablar tanto de Malaysia, pus dijimos: “Vamos a Kuala Lumpur”.
Hicimos las reservas aéreas correspondientes para otro de esos fines de semana maratónicos en Malaysia Airlines y para empezar no tenían boletos electrónicos, así que tuvimos que ir hasta casa de... de la… bueno, ustedes me entienden; el punto es que estaba muy lejos. Después al pagar, como es costumbre en la India, le sacan una fotocopia a tu pasaporte y a tu tarjeta de crédito para que puedan hacer los cargos que se les de la gana una y otra vez. Afortunadamente no he recibido cargos extraños. Y bueno, al final nos entregaron nuestros boletos y con “harto” cansancio por caminar tanto, regresamos a casa.
El día esperado llegó y nos dispusimos a salir un viernes a la media noche para llegar el sábado a las 7:00 u 8:00am. Eran menos de 8 horas de vuelo, pero tomando en cuenta el cambio de horario, nos quedaba perfecto, pensamos. Subimos al avión y al parecer llevábamos ya demasiado tiempo en la India, es decir, fuera de la civilización, pues una vez que tomamos nuestros asientos, a mi amigo Dani se le ocurrió dormir como era costumbre y quería apagar la luz que se encuentra junto a los señalamientos de mascarillas de oxígeno, en la parte superior. Después de varios intentos no pudo hacerlo. “A ver Dani, deja a un experto que apague la luz”, le dije. Y después de varios intentos fallidos tratando de presionar con verdadera fuerza el foquito, no se apagaba. Intenté girar el foquito y tampoco se apagaba. “Debe estar descompuesto”, pensamos. Así que lo dejamos prendido y el buen Dani durmió como si nada. Después de unas horas de vuelo, las azafatas comenzaron a apagar todas las luces, invitando a los pasajeros a que durmieran. Fue entonces que tanto apagadero de luz, nos hizo recordar que los interruptores para la luz no se encontraban en la parte superior, sino en el descansabrazos de nuestros respectivos asientos. Vaya capullos!!!
Después de algunas horas más de vuelo, al fin se anunció nuestra próxima llegada al aeropuerto internacional de KL (como suele referirse comúnmente a Kuala Lumpur). Descendimos del avión todos modorros pero contentos de haber llegado al lejano oriente. Esperábamos un aeropuerto como el de Bangalore o peor aún, pero cuál va siendo nuestra sorpresa al percatarnos que era uno de los aeropuertos más modernos del mundo. De los que conozco, para mí es el más impresionante superando a muchos de Europa y EEUU por mucho. En fin, su arquitectura (como muchos edificios de Malaysia), tiene gran influencia islámica, al ser la religión musulmana mayoría en el país, pero la construcción es tan moderna y a la vez tan tradicional (guardando la simetría de la arquitectura árabe), que yo me quedé bien “perplejo”.
Y bueno, esa fue mi primera impresión. Pero las sorpresas aún no terminaban. Seguramente me quedé tan impresionado después de un cambio tan radical tras varios meses en la India, pero al seguir nuestro camino y buscar algún medio de transporte económico para ir a la ciudad, se nos dijo que la mejor opción era tomar el metro. Y cuando nos subimos, ahhh caray: un metro súper moderno con tele adentro y toda la cosa. Al final nos dimos cuenta que esa tele no servía para nada, pues sólo la usaban para mostrar publicidad, pero en un inicio parecía cosa del otro mundo. El metro que lleva del aeropuerto a la ciudad se puede ver en las fotos DSC00539 y DSC00540. Para llegar a la estación KL Central (creo que así se llamaba) bastan unos 35 minutos en metro y una suma algo cuantiosa (no la recuerdo) para los que estamos acostumbrados a viajar en metro con 2 pesos mexicanos (alrededor de 14 céntimos de euro).
Descendimos en la estación correspondiente y lo primero que vimos fue un gran centro comercial, que pensamos que sería una extensión del aeropuerto, pero no, efectivamente era un centro comercial ubicado justo en la base de las Torres Petronas. Después de mucho caminar, lo segundo que vi fue un puesto de esos roles con 12,000 calorías, llamados en el bajo mundo como Cinnabon. Ahhh, cómo se me antojó probar un poco de occidente, pero como me gusta reservar siempre lo mejor para el final, me aguanté las ganas y preferí ir a visitar primero las torres.
Después de caminar otro poco y preguntar dónde podíamos encontrar las famosísimas Torres Petronas, se nos informó que estábamos justo debajo de ellas. Después de hacer cara de “ya lo sabía”, seguimos preguntando para comprar localidades o lo necesario para subir. Para nuestra sorpresa sí había necesidad de contar con boletos, pero eran gratis. La fila para los boletos parecía inmensa, pero después de unos 30 minutos de espera al fin logramos obtener boletos para ese mismo día, pero por la tarde (como a las 4:00pm).
Salimos muy contentos con nuestros boletos y fuimos a tomarnos las fotos del recuerdo como se puede ver en la imagen DSC00547. Lo malo es que en esta foto, las torres salieron cortadas, pero en la imagen DSC00568 se pueden apreciar en todo su esplendor.
Luego de la foto del recuerdo, yo necesitaba comer algo, pues yo ceno muy ligero y ya me rugía la tripa, entonces nos pusimos a caminar hasta que encontramos un McDonald’s. Sí, ya se que hubiera sido mejor comer algo malayo, pero el boleto de avión nos había salido medio caro y necesitábamos economizar en otras cosas. En fin, me pedí un desayuno y un McFlurry esperando que supiera igual que en México, pues en la India para empezar no existían los McFlurrys y los helados no sabían igual. Luego de chutarme el desayuno, probé mi helado y como en casa. Qué mas puedo decir? Sin embargo, algo extra debió contener mi desayuno o mi helado, porque casi al instante de terminar, mi estómago empezó a protestar con un burbujeo de esos que no perdonan.
Afortunadamente el baño estaba a 10 pasos, pensé. Justo cuando llegué a la puerta del baño la situación se había vuelto verdaderamente urgente, pero ya estaba del otro lado. Cuando voy entrando, para mi sorpresa no encontré un baño, ni un retrete, ni nada que se le parezca, sino una letrina de porcelana donde sólo había eso: un hoyo, unas plataformas para poner los pies y nada más. En ese momento pensé que era algo así como el programa gubernamental mexicano “Solidaridad”. En este caso McDonald’s ™ ponía el material y yo tenía que poner la mano de obra. Pero por Dios, en una situación tan urgente no había tiempo para ver cómo iba a ser la mano de obra. Hice gala de malabarismo y al final todo fue más rápido y normal de lo que yo creía: me deshice de todo lo malo y me quedé sólo con lo bueno (jajajaja); si, así como propósito de Año Nuevo. Claro, tuvo su dificultad, su incertidumbre y llevó algo de tiempo, pero al final todo fue un éxito. De hecho fue tanto el tiempo que invertí, que sólo escuchaba los golpeteos de una señora malaya que intentaba desenfrenadamente de entrar al baño sin resultado alguno. Según me cuenta Dani, la señora le pidió que me fuera a apurar porque ella también tenía una urgencia, sin embargo, sabiamente no lo hizo y los resultados no pudieron ser mejores. Papel sanitario no había, más que una manguerita como las que les conté de la India y unos Kleenex ™ que me llevé fueron mi salvación. Luego que salí la señora entró como alma que lleva el diablo y yo seguí disfrutando de mi McFlurry. Por cierto, el famoso baño se puede ver en la foto DSC00551.
Salimos del local y seguimos caminando para conocer más la ciudad, hasta que llegó el momento en que vimos el maravilloso monorriel. Sí, un monorriel como el que yo sugería que pusieran en la zona de Santa Fe. Un monorriel como en el que me subí en Disneylandia ™ hacía mmm… creo que 20 años. De hecho fui hace tanto tiempo que ya no estoy seguro si en Disneylandia ™ hay un monorriel, pero casi estoy seguro que sí. La primera foto que le tomé fue la DSC00552 con fondo de las torres. Las fotos subsecuentes fueron tomadas en la estación misma.
Por otro lado, Kuala Lumpur era una ciudad más bien tropical con un calor bastante húmedo, pero para contrarrestar esa molesta sensación de calor pegajoso, todos los locales y transporte público y privado cuentan con aire acondicionado (incluyendo el monorriel). Ja, qué lejos estaba mi imaginación de encontrar un Kuala Lumpur lleno de orientales con sombrero de pico en la cabeza y jalando carretas para transportar a la gente. Bueno, orientales sí que había, pero nada que ver con el prototipo que esperaba.
En Kuala Lumpur se ven muchos jóvenes por la calle y todos parecen estar obsesionados con su físico. Hay clínicas de reducción de peso y gimnasios en cada esquina. Hay lugares donde “arreglan” los ojos para que no se vean tan rasgados. Los jóvenes sobre todo van súper fashion. Sus modas son la bomba. Y sus peinados ni qué decir. Yo me quería hacer uno de esos peinados con el pelo de diferentes colores, con mechones de diferentes largos y todos así como esponjados, como erizos pachones, pero desgraciadamente el estrés se ha encargado de acabar con mi abundante y blonda cabellera, así que nomás no había tela (o pelo) de donde cortar.
Bueno, bueno, pues como aún no estábamos recuperados del todo de un vuelo largo, decidimos ir a buscar albergue. Ja, esta vez no hicimos ninguna reserva y todos los hoteles y albergues económicos estaban a reventar. Parece que era época turística, pues todo mundo se preguntaba: “adonde iré? A Cuernavaca, Acapulco o Kuala Lumpur?” La última opción parece que fue lo que todo mundo eligió pues apenas si pudimos encontrar un albergue en un barrio no muy bonito que digamos. El lugar estaba bien y limpio. No podíamos entrar con zapatos ni tenis, así que siempre andabas descalzo. Era una habitación con dos camas y unas sábanas. Para dormir estaba bien y además tenía aire acondicionado que sí enfriaba. Echamos una buena siesta y a lo lejos se escuchó algo así como una tormenta, pero seguimos durmiendo. Ya por ahí de las 3:20pm nos despertamos y efectivamente una tormenta estaba en curso y no se veía cuándo dejaría de llover. Recordamos que nuestros boletos para las torres estaban para las 4:00pm y rápidos como el rayo tomamos el mejor medio de transporte para esos casos: el monorriel. Nos bajamos en la estación más cercana, pero todavía nos faltaba un buen tramo por caminar. Afortunadamente esta vez la lluvia se había calmado en su totalidad y de no ser por charcos en las calles casi no nos mojamos. Las torres se ven desde cualquier punto de la ciudad y casi desde cualquier lugar parecen muy cercanas, pero esta vez creo que no estábamos tan cerca, pues casi íbamos como marchistas, o paso Juan Cárdenas (altamente rápido y pensándolo bien, hasta a nombre de marchista me suena un poco) y aún así no veíamos que nos acercáramos mucho.
Al final llegamos a las torres Just-In-Time y después de hacer otra fila a la que por cierto SÍ respetaban los nacionales de la India, nos pasaron a una salita como de cine donde nos pasaron la historia y las imágenes de cómo se fue construyendo cada una de las torres. Ahh, y si son tan incultos como yo y no habían ni siquiera visto un documental de las torres en Discovery o uno de esos canales que no tengo porque no pago televisión por cable, no se habrán dado cuenta que ambas torres guardan una arquitectura islámica moderna en todo su esplendor. Sí, la base de cada torre es una inmensa estrella de mmm… creo que 16 picos; ya no me acuerdo porque ya tiene mucho que fui, pero la idea es esa. Y tampoco me acuerdo por qué no dejan subir hasta el último piso, pero seguramente por algún loco que trató de suicidarse. Por eso sólo dejan subir sólo hasta el puente que conecta las 2 torres, que por cierto, son las torres gemelas más altas del mundo. Es impresionante la vista desde el puente, así que no quiero ni aginarme ver la ciudad desde el último piso. Una vista panorámica de la ciudad se puede ver en la imagen DSC00557. La foto DSC00561 es uno de los gadgets implementados en las torres para calcular tu estatura con respecto a no se qué formula que involucra a las torres. Creo que era más fácil con una cinta métrica o un simple “mecate”, pero bueno, estos malayos siempre se quieren lucir.
En la foto DSC00564 se puede ver Chili’s, como ningún otro lugar. Ja, y además escriben justo como yo: restorán. No entramos porque no estaba dentro de nuestro presupuesto, pero no creo que supiera mejor que el de México. Y continuando con las clases de lenguas extranjeras, creo que Malasia sería el paraíso para miles de mexicanos que hablan y escriben un muy mal inglés. El malayo, como cualquier lengua de todo sitio colonizado, es una mezcla de idiomas nativos y extranjeros. En este caso el idioma extranjero es el inglés. Por ejemplo, para decir policía en malayo se pronuncia igual que en inglés, pero se escribe “polis”, justo como puede comprobarse en la foto DSC00567, o bien, para decir autobús, se pronuncia igual que en inglés, pero se escribe “bas”.
En la foto DSC00575 se puede ver la entrada a una estación del moderno sistema de transporte público (metro) de KL. Los nombres de las estaciones, por supuesto suelen ser rarísimas. Por ejemplo, para ir a nuestro albergue desde las torres teníamos que hacer trasbordo en la estación “Bukit Nanas”. Jajajaja, ese nombre me pareció super chistoso y tenía que mencionarlo en alguna parte de la reseña. Al final mi imaginación no dio para más y sólo lo puse como ejemplo, pero lo puse.
La foto DSC00576 muestra la vieja estación de trenes que por supuesto tiene una marcada tendencia árabe. Las fotos DSC00578 y DSC00580 corresponden a las actuales oficinas del sistema ferroviario, aunque los trenes salen de otro lado. La foto DSC00584 es un edificio que no recuerdo de qué era, pero definitivamente era gubernamental.
Y ya, más o menos por estos momentos comenzaba a ponerse el sol, así que decidimos ir a descansar un poco para salir “de marcha” por la noche. Después de dormir un rato, nos dispusimos a tomar una ducha. Justo cuando Dani regresó del cuarto de baño, como era costumbre, ya había hecho amistad con una australiana que conoció en el baño (no quiero ni pensar cómo la conoció) y al parecer nos invitaba con sus amigas a salir por la noche. Uffff, mejor no podía sonar el plan así que presto me di un baño y me acicalé para hacer de esa noche, la mejor de Kuala Lumpur ( bueno, de hecho fue la única).
Bajé al lobby y me encontré con Dani, pero para mi sorpresa las amigas de la australiana eran un holandés (sí, como el Holandés Errante de Bob Esponja) y una coreana. Después me enteré que las “verdaderas” amigas eran medio aguafiestas y no quisieron salir, pero bueno. Salimos los 4 fantásticos… mmm… bueno, en realidad 5 y lo primero que dijeron fue: vamos por algo de alcohol que en el “antro” es muy caro y es mejor ir ya pre-copeados. “Bueno, no está mal”, pensamos. Fuimos a un mini-super al estilo “Kwik-E-Mart” donde vendían anforitas de alcohol como por debajo del agua. Entonces la idea era comprar una botella de refresco, tomar un poco, agregarle la botella completa de alcohol e ir felices bebiendo por la calle, sin que la “polis” sospeche que consumíamos alcohol en vía pública. No se asusten, era una “botellita”.
Y ya nos dispusimos a ir a un antrete recomendado por los nuevos amigos en donde Dani se ponía gustoso de conocer asiáticas exóticas. Los que me conocen saben que las asiáticas no son mi hit, así que yo iba con la idea sólo de pasar un buen rato. En fin, parece que lo de asiáticas exóticas se le cumplió a Dani, pero más exóticas que nada. La australiana nos advirtió que la prostitución era cosa de lo más común en KL y que era realmente difícil distinguir entre un ligue puro y llano y otro con un “costo extra”. En ese momento los ánimos de conocer asiáticas se vieron un tanto calmados.
En dicho lugar efectivamente las bebidas eran más caras que en el super, pero definitivamente no comparable el costo con cualquier lugar de México. Digamos que a mi se me hizo de lo más normal. Era un lugar muy frecuentado por la población tanto local como de otras partes del mundo, así que se podía ver de todo. Ahhh y para no olvidar a nuestros amigos indianos, los podíamos ver por cualquier lado al que mirábamos. Luego de una animada noche, cenamos algo, luego caminamos hasta el albergue y el día había terminado.
A la mañana siguiente, nos dispusimos a tempranas horas del día a conocer todo aquello que nos habíamos perdido el primer día, así que tomamos nuestras guías y mapas y emprendimos la marcha hacia donde el destino nos llevara. Es así como pudimos conocer los siguientes sitios:
El edificio de la foto DSC00585 es una mezquita enclavada en una isleta con palmeras y un ambiente que me hizo sentir por algunos instantes en el medio oriente con el calor que hacía, las palmeras, el aire fresco que corría, las mujeres dándome de comer algunas frutas secas en la boca y dándome un relajante masaje (bueno, lo último es puro cuento, pero sí me evocó al medio oriente).
En la imagen DSC00586 se puede ver el Barrio Chino que no podía faltar y sus calles bien organizadas y secas a pesar de cualquier tormenta que se presente sin avisar. En la foto DSC00590 estoy en el Barrio Árabe.
Y bueno, como era de esperarse, el viaje mítico había llegado a su fin pues nuestro vuelo salía en unas cuantas horas, así que después de hacer unas compras de último momento como souvenirs en el Hard Rock Café y llaveritos en algún mercadillo de la zona, tomamos el monorriel que nos conduciría de nuevo hacia aquel moderno aeropuerto que sería el punto base para llegar a nuestro querido Bangalore, la ciudad de los jardines. La imagen DSC00592 muestra el moderno aeropuerto de KL que en foto no parece tan impresionante, pero si algún día lo llegan a conocer sabrán por qué me dejó maravillado.
En fin, la presente reseña ha terminado, pero ya viene pronto: Singapur sin límites.
Saludos,
Tigre
PD: Feliz "sinco de maio" (fecha en que se conmemora la independencia de México, según la creencia de nuestros amigos los gringos).
Advertencia: El contenido de esta reseña SÍ contiene dosis de lenguaje no apto para cualquier situación (sobre todo si están comiendo), así que se recomienda discreción. Esta vez no es un mensaje de utilería como el primero.
Una vez hecha la aclaración anterior, continuemos con la reseña, jajajajaja.
El material fotográfico ya saben donde está. Si no, revisen la intro de los capítulos del II al IV.
Antes de pasar de lleno al capítulo de hoy, he de realizar una de mis famosas acotaciones, que en esta ocasión, más bien sería una fe de erratas o algo similar (lo mismo pero más barato).
Sucede que el blog ya lo he bautizado como “Las aventuras del Tigre por el Mundo” y en el capítulo IV he firmado como “Õ Tigre do Nascimento”. Pero creo que en ningún lado he explicado de dónde viene dicho sobrenombre.
El error lo cometí en el capítulo IV, pues omití un hecho trascendental: como siempre, el chofer de la Toyota Innova, no recuerdo si antes o después de visitar el Taj Mahal, nos hubo de llevar a un local donde vendían artesanías y tapetes orientales. Ya no recuerdo si nosotros le pedimos que nos llevara o nos llevó en contra de nuestra voluntad como era la costumbre de todos los chóferes (el Word me marcó que chóferes lleva acento, así que como tal lo dejé aunque siempre lo he dicho y escrito con acento prosódico en la primera “e”) y taxistas. El punto es que entramos, nos ofrecieron unos refresquitos, unos jugos y algo más. Nos dieron una demostración de las distintas clases de mármol y piedras preciosas, así como el juego de luz que se podía hacer con ello, para crear lámparas, adornos y figuras iluminadas.
Luego nos dieron una demostración tipo taller de cómo los chavales que eran descendientes directos de las personas (esclavos) que construyeron el Taj Mahal (ja, ese cuento no se lo creen ni ellos) con sus manos artesanas, eran capaces de convertir pedazos de piedra en finas piezas de decoración, como hojas de piedra a incrustarse en cualquier clase de artesanía. Como todo lo que habíamos visto hasta entonces era muy caro, mejor pasamos a la sección de todo por un dólar, o al menos eso parecía, sin embargo, lejos estaban las piezas de costar un dólar. Como yo casi no compro de esas cosas, pues me fui a ver tapetes. Uno en especial que era de pared y que tenía motivos árabes me gustó mucho, pero como siempre, todo lo que me gusta es caro y le dije al que atendía que ni se molestara en mostrármelo; no lo iba a comprar. “Bueno, tenemos otros más baratos”, me dijo. Y se puso a sacar como 8 diferentes modelos de tapetes, pero para casa. Una vez más le dije que no iba a comprar nada, pues 1) en mi cuarto no cabía ni la cuarta parte de esos tapetes y 2) en mi casa, pues realmente no van ese tipo de tapetes con el resto de la decoración. Total, que el vendedor se puso necio y no los guardó hasta que me puse a caminar descalzo (bueno, en calcetines) por uno de sus tapetes. Al final como le había dicho, no compré nada. Como me volví a aburrir me regresé a la zona que parecía de un dólar (pero que no era de un dólar), y me puse a refrescar un poco frente al ventilador, con uno de esos “zucos de abacaxi” que nos regalaban, mientras el resto compraba recuerdos. Entonces uno de los vendedores se acerca y como de costumbre me pregunta algo en hindi. “Perdona?, no te entendí”, le contesté en inglés. Se empezó a reír y me pidió disculpas pensando que era de la India. “A ver, de qué parte de la India parezco?”, les pregunté, ya para quitarme de la duda, pues en todos lados me decían lo mismo. Después de pensar unos segundos me contestó: “Mmmm… de Kashmir”. Les pidió la opinión a sus colegas y todos asintieron con la cabeza. Es en ese momento en que mi vida da un vuelco y le digo a propios y extraños que soy de Kachemira, en resumen, es el nacimiento de toda una leyenda.
Lo del “Tigre” fue añadido un tiempo después en un bar de Bangalore, como resultado de 2 Whiskies de marca “Perro Negro” y creo que un Long Island Iced Tea, así que ya se imaginarán cómo andaba después de alcohol de marca “perrito” y otro que no supe siquiera la marca. Realmente no recuerdo cómo o de qué estábamos hablando, pero en ese entonces me autonombré “El Tigre de Kachemira”, el terror del Punjab, Jammu & Kashmir.
Y lo de “Õ Tigre do Nascimento”, fue otro añadido nomás por hacerle al cuento y agregarle un poco de la jinga brasileira a mi sobrenombre.
Acotación 2: El Taj Mahal no se pronuncia como lo hemos hecho hasta ahora. Intentando ponerlo en palabras sería algo como “Tash Majal”. Recordemos que en el capítulo III aprendimos también la pronunciación correcta de Maharaja.
Ja, pues esto más que acotaciones, parece otra reseña, pero ahora sí, hemos de pasar al capítulo que nos concierne: Kuala Lumpur, Malaysia.
CAPITULO V
Pues parecía que después de algún tiempo en la India, los únicos que aún conservábamos el espíritu viajero y trotamundos éramos Daniel “El Riojano” Menchaca y yo. Por lo tanto, un buen día nos dispusimos a ver qué opciones teníamos para viajar. Como es costumbre casi en toda Asia, los españoles pueden viajar adonde quieran sin Visa o si la requieren, la pueden obtener al llegar al aeropuerto destino; es más, creo que hasta les hacen descuento en el boleto de avión para que vayan y les ofrecen masajes “especiales” para hacer su viaje más confortable.
En cambio para los mexicanos, viajar casi a cualquier lugar de Asia suele ser muy complicado. Que tráeme la factura del refigerador de tu tatarabuela, que esa factura debe venir certificada por el consulado del país en México, que necesito prueba de que no has cometido actos de vandalismo en el país, etc, etc, etc.
Para no hacer el cuento largo, los únicos lugares a los que podía viajar eran Malasia, Singapur, Filipinas y Japón. Los dos primeros lugares eran los más cercanos y por tanto baratos, así que como habíamos oído hablar tanto de Malaysia, pus dijimos: “Vamos a Kuala Lumpur”.
Hicimos las reservas aéreas correspondientes para otro de esos fines de semana maratónicos en Malaysia Airlines y para empezar no tenían boletos electrónicos, así que tuvimos que ir hasta casa de... de la… bueno, ustedes me entienden; el punto es que estaba muy lejos. Después al pagar, como es costumbre en la India, le sacan una fotocopia a tu pasaporte y a tu tarjeta de crédito para que puedan hacer los cargos que se les de la gana una y otra vez. Afortunadamente no he recibido cargos extraños. Y bueno, al final nos entregaron nuestros boletos y con “harto” cansancio por caminar tanto, regresamos a casa.
El día esperado llegó y nos dispusimos a salir un viernes a la media noche para llegar el sábado a las 7:00 u 8:00am. Eran menos de 8 horas de vuelo, pero tomando en cuenta el cambio de horario, nos quedaba perfecto, pensamos. Subimos al avión y al parecer llevábamos ya demasiado tiempo en la India, es decir, fuera de la civilización, pues una vez que tomamos nuestros asientos, a mi amigo Dani se le ocurrió dormir como era costumbre y quería apagar la luz que se encuentra junto a los señalamientos de mascarillas de oxígeno, en la parte superior. Después de varios intentos no pudo hacerlo. “A ver Dani, deja a un experto que apague la luz”, le dije. Y después de varios intentos fallidos tratando de presionar con verdadera fuerza el foquito, no se apagaba. Intenté girar el foquito y tampoco se apagaba. “Debe estar descompuesto”, pensamos. Así que lo dejamos prendido y el buen Dani durmió como si nada. Después de unas horas de vuelo, las azafatas comenzaron a apagar todas las luces, invitando a los pasajeros a que durmieran. Fue entonces que tanto apagadero de luz, nos hizo recordar que los interruptores para la luz no se encontraban en la parte superior, sino en el descansabrazos de nuestros respectivos asientos. Vaya capullos!!!
Después de algunas horas más de vuelo, al fin se anunció nuestra próxima llegada al aeropuerto internacional de KL (como suele referirse comúnmente a Kuala Lumpur). Descendimos del avión todos modorros pero contentos de haber llegado al lejano oriente. Esperábamos un aeropuerto como el de Bangalore o peor aún, pero cuál va siendo nuestra sorpresa al percatarnos que era uno de los aeropuertos más modernos del mundo. De los que conozco, para mí es el más impresionante superando a muchos de Europa y EEUU por mucho. En fin, su arquitectura (como muchos edificios de Malaysia), tiene gran influencia islámica, al ser la religión musulmana mayoría en el país, pero la construcción es tan moderna y a la vez tan tradicional (guardando la simetría de la arquitectura árabe), que yo me quedé bien “perplejo”.
Y bueno, esa fue mi primera impresión. Pero las sorpresas aún no terminaban. Seguramente me quedé tan impresionado después de un cambio tan radical tras varios meses en la India, pero al seguir nuestro camino y buscar algún medio de transporte económico para ir a la ciudad, se nos dijo que la mejor opción era tomar el metro. Y cuando nos subimos, ahhh caray: un metro súper moderno con tele adentro y toda la cosa. Al final nos dimos cuenta que esa tele no servía para nada, pues sólo la usaban para mostrar publicidad, pero en un inicio parecía cosa del otro mundo. El metro que lleva del aeropuerto a la ciudad se puede ver en las fotos DSC00539 y DSC00540. Para llegar a la estación KL Central (creo que así se llamaba) bastan unos 35 minutos en metro y una suma algo cuantiosa (no la recuerdo) para los que estamos acostumbrados a viajar en metro con 2 pesos mexicanos (alrededor de 14 céntimos de euro).
Descendimos en la estación correspondiente y lo primero que vimos fue un gran centro comercial, que pensamos que sería una extensión del aeropuerto, pero no, efectivamente era un centro comercial ubicado justo en la base de las Torres Petronas. Después de mucho caminar, lo segundo que vi fue un puesto de esos roles con 12,000 calorías, llamados en el bajo mundo como Cinnabon. Ahhh, cómo se me antojó probar un poco de occidente, pero como me gusta reservar siempre lo mejor para el final, me aguanté las ganas y preferí ir a visitar primero las torres.
Después de caminar otro poco y preguntar dónde podíamos encontrar las famosísimas Torres Petronas, se nos informó que estábamos justo debajo de ellas. Después de hacer cara de “ya lo sabía”, seguimos preguntando para comprar localidades o lo necesario para subir. Para nuestra sorpresa sí había necesidad de contar con boletos, pero eran gratis. La fila para los boletos parecía inmensa, pero después de unos 30 minutos de espera al fin logramos obtener boletos para ese mismo día, pero por la tarde (como a las 4:00pm).
Salimos muy contentos con nuestros boletos y fuimos a tomarnos las fotos del recuerdo como se puede ver en la imagen DSC00547. Lo malo es que en esta foto, las torres salieron cortadas, pero en la imagen DSC00568 se pueden apreciar en todo su esplendor.
Luego de la foto del recuerdo, yo necesitaba comer algo, pues yo ceno muy ligero y ya me rugía la tripa, entonces nos pusimos a caminar hasta que encontramos un McDonald’s. Sí, ya se que hubiera sido mejor comer algo malayo, pero el boleto de avión nos había salido medio caro y necesitábamos economizar en otras cosas. En fin, me pedí un desayuno y un McFlurry esperando que supiera igual que en México, pues en la India para empezar no existían los McFlurrys y los helados no sabían igual. Luego de chutarme el desayuno, probé mi helado y como en casa. Qué mas puedo decir? Sin embargo, algo extra debió contener mi desayuno o mi helado, porque casi al instante de terminar, mi estómago empezó a protestar con un burbujeo de esos que no perdonan.
Afortunadamente el baño estaba a 10 pasos, pensé. Justo cuando llegué a la puerta del baño la situación se había vuelto verdaderamente urgente, pero ya estaba del otro lado. Cuando voy entrando, para mi sorpresa no encontré un baño, ni un retrete, ni nada que se le parezca, sino una letrina de porcelana donde sólo había eso: un hoyo, unas plataformas para poner los pies y nada más. En ese momento pensé que era algo así como el programa gubernamental mexicano “Solidaridad”. En este caso McDonald’s ™ ponía el material y yo tenía que poner la mano de obra. Pero por Dios, en una situación tan urgente no había tiempo para ver cómo iba a ser la mano de obra. Hice gala de malabarismo y al final todo fue más rápido y normal de lo que yo creía: me deshice de todo lo malo y me quedé sólo con lo bueno (jajajaja); si, así como propósito de Año Nuevo. Claro, tuvo su dificultad, su incertidumbre y llevó algo de tiempo, pero al final todo fue un éxito. De hecho fue tanto el tiempo que invertí, que sólo escuchaba los golpeteos de una señora malaya que intentaba desenfrenadamente de entrar al baño sin resultado alguno. Según me cuenta Dani, la señora le pidió que me fuera a apurar porque ella también tenía una urgencia, sin embargo, sabiamente no lo hizo y los resultados no pudieron ser mejores. Papel sanitario no había, más que una manguerita como las que les conté de la India y unos Kleenex ™ que me llevé fueron mi salvación. Luego que salí la señora entró como alma que lleva el diablo y yo seguí disfrutando de mi McFlurry. Por cierto, el famoso baño se puede ver en la foto DSC00551.
Salimos del local y seguimos caminando para conocer más la ciudad, hasta que llegó el momento en que vimos el maravilloso monorriel. Sí, un monorriel como el que yo sugería que pusieran en la zona de Santa Fe. Un monorriel como en el que me subí en Disneylandia ™ hacía mmm… creo que 20 años. De hecho fui hace tanto tiempo que ya no estoy seguro si en Disneylandia ™ hay un monorriel, pero casi estoy seguro que sí. La primera foto que le tomé fue la DSC00552 con fondo de las torres. Las fotos subsecuentes fueron tomadas en la estación misma.
Por otro lado, Kuala Lumpur era una ciudad más bien tropical con un calor bastante húmedo, pero para contrarrestar esa molesta sensación de calor pegajoso, todos los locales y transporte público y privado cuentan con aire acondicionado (incluyendo el monorriel). Ja, qué lejos estaba mi imaginación de encontrar un Kuala Lumpur lleno de orientales con sombrero de pico en la cabeza y jalando carretas para transportar a la gente. Bueno, orientales sí que había, pero nada que ver con el prototipo que esperaba.
En Kuala Lumpur se ven muchos jóvenes por la calle y todos parecen estar obsesionados con su físico. Hay clínicas de reducción de peso y gimnasios en cada esquina. Hay lugares donde “arreglan” los ojos para que no se vean tan rasgados. Los jóvenes sobre todo van súper fashion. Sus modas son la bomba. Y sus peinados ni qué decir. Yo me quería hacer uno de esos peinados con el pelo de diferentes colores, con mechones de diferentes largos y todos así como esponjados, como erizos pachones, pero desgraciadamente el estrés se ha encargado de acabar con mi abundante y blonda cabellera, así que nomás no había tela (o pelo) de donde cortar.
Bueno, bueno, pues como aún no estábamos recuperados del todo de un vuelo largo, decidimos ir a buscar albergue. Ja, esta vez no hicimos ninguna reserva y todos los hoteles y albergues económicos estaban a reventar. Parece que era época turística, pues todo mundo se preguntaba: “adonde iré? A Cuernavaca, Acapulco o Kuala Lumpur?” La última opción parece que fue lo que todo mundo eligió pues apenas si pudimos encontrar un albergue en un barrio no muy bonito que digamos. El lugar estaba bien y limpio. No podíamos entrar con zapatos ni tenis, así que siempre andabas descalzo. Era una habitación con dos camas y unas sábanas. Para dormir estaba bien y además tenía aire acondicionado que sí enfriaba. Echamos una buena siesta y a lo lejos se escuchó algo así como una tormenta, pero seguimos durmiendo. Ya por ahí de las 3:20pm nos despertamos y efectivamente una tormenta estaba en curso y no se veía cuándo dejaría de llover. Recordamos que nuestros boletos para las torres estaban para las 4:00pm y rápidos como el rayo tomamos el mejor medio de transporte para esos casos: el monorriel. Nos bajamos en la estación más cercana, pero todavía nos faltaba un buen tramo por caminar. Afortunadamente esta vez la lluvia se había calmado en su totalidad y de no ser por charcos en las calles casi no nos mojamos. Las torres se ven desde cualquier punto de la ciudad y casi desde cualquier lugar parecen muy cercanas, pero esta vez creo que no estábamos tan cerca, pues casi íbamos como marchistas, o paso Juan Cárdenas (altamente rápido y pensándolo bien, hasta a nombre de marchista me suena un poco) y aún así no veíamos que nos acercáramos mucho.
Al final llegamos a las torres Just-In-Time y después de hacer otra fila a la que por cierto SÍ respetaban los nacionales de la India, nos pasaron a una salita como de cine donde nos pasaron la historia y las imágenes de cómo se fue construyendo cada una de las torres. Ahh, y si son tan incultos como yo y no habían ni siquiera visto un documental de las torres en Discovery o uno de esos canales que no tengo porque no pago televisión por cable, no se habrán dado cuenta que ambas torres guardan una arquitectura islámica moderna en todo su esplendor. Sí, la base de cada torre es una inmensa estrella de mmm… creo que 16 picos; ya no me acuerdo porque ya tiene mucho que fui, pero la idea es esa. Y tampoco me acuerdo por qué no dejan subir hasta el último piso, pero seguramente por algún loco que trató de suicidarse. Por eso sólo dejan subir sólo hasta el puente que conecta las 2 torres, que por cierto, son las torres gemelas más altas del mundo. Es impresionante la vista desde el puente, así que no quiero ni aginarme ver la ciudad desde el último piso. Una vista panorámica de la ciudad se puede ver en la imagen DSC00557. La foto DSC00561 es uno de los gadgets implementados en las torres para calcular tu estatura con respecto a no se qué formula que involucra a las torres. Creo que era más fácil con una cinta métrica o un simple “mecate”, pero bueno, estos malayos siempre se quieren lucir.
En la foto DSC00564 se puede ver Chili’s, como ningún otro lugar. Ja, y además escriben justo como yo: restorán. No entramos porque no estaba dentro de nuestro presupuesto, pero no creo que supiera mejor que el de México. Y continuando con las clases de lenguas extranjeras, creo que Malasia sería el paraíso para miles de mexicanos que hablan y escriben un muy mal inglés. El malayo, como cualquier lengua de todo sitio colonizado, es una mezcla de idiomas nativos y extranjeros. En este caso el idioma extranjero es el inglés. Por ejemplo, para decir policía en malayo se pronuncia igual que en inglés, pero se escribe “polis”, justo como puede comprobarse en la foto DSC00567, o bien, para decir autobús, se pronuncia igual que en inglés, pero se escribe “bas”.
En la foto DSC00575 se puede ver la entrada a una estación del moderno sistema de transporte público (metro) de KL. Los nombres de las estaciones, por supuesto suelen ser rarísimas. Por ejemplo, para ir a nuestro albergue desde las torres teníamos que hacer trasbordo en la estación “Bukit Nanas”. Jajajaja, ese nombre me pareció super chistoso y tenía que mencionarlo en alguna parte de la reseña. Al final mi imaginación no dio para más y sólo lo puse como ejemplo, pero lo puse.
La foto DSC00576 muestra la vieja estación de trenes que por supuesto tiene una marcada tendencia árabe. Las fotos DSC00578 y DSC00580 corresponden a las actuales oficinas del sistema ferroviario, aunque los trenes salen de otro lado. La foto DSC00584 es un edificio que no recuerdo de qué era, pero definitivamente era gubernamental.
Y ya, más o menos por estos momentos comenzaba a ponerse el sol, así que decidimos ir a descansar un poco para salir “de marcha” por la noche. Después de dormir un rato, nos dispusimos a tomar una ducha. Justo cuando Dani regresó del cuarto de baño, como era costumbre, ya había hecho amistad con una australiana que conoció en el baño (no quiero ni pensar cómo la conoció) y al parecer nos invitaba con sus amigas a salir por la noche. Uffff, mejor no podía sonar el plan así que presto me di un baño y me acicalé para hacer de esa noche, la mejor de Kuala Lumpur ( bueno, de hecho fue la única).
Bajé al lobby y me encontré con Dani, pero para mi sorpresa las amigas de la australiana eran un holandés (sí, como el Holandés Errante de Bob Esponja) y una coreana. Después me enteré que las “verdaderas” amigas eran medio aguafiestas y no quisieron salir, pero bueno. Salimos los 4 fantásticos… mmm… bueno, en realidad 5 y lo primero que dijeron fue: vamos por algo de alcohol que en el “antro” es muy caro y es mejor ir ya pre-copeados. “Bueno, no está mal”, pensamos. Fuimos a un mini-super al estilo “Kwik-E-Mart” donde vendían anforitas de alcohol como por debajo del agua. Entonces la idea era comprar una botella de refresco, tomar un poco, agregarle la botella completa de alcohol e ir felices bebiendo por la calle, sin que la “polis” sospeche que consumíamos alcohol en vía pública. No se asusten, era una “botellita”.
Y ya nos dispusimos a ir a un antrete recomendado por los nuevos amigos en donde Dani se ponía gustoso de conocer asiáticas exóticas. Los que me conocen saben que las asiáticas no son mi hit, así que yo iba con la idea sólo de pasar un buen rato. En fin, parece que lo de asiáticas exóticas se le cumplió a Dani, pero más exóticas que nada. La australiana nos advirtió que la prostitución era cosa de lo más común en KL y que era realmente difícil distinguir entre un ligue puro y llano y otro con un “costo extra”. En ese momento los ánimos de conocer asiáticas se vieron un tanto calmados.
En dicho lugar efectivamente las bebidas eran más caras que en el super, pero definitivamente no comparable el costo con cualquier lugar de México. Digamos que a mi se me hizo de lo más normal. Era un lugar muy frecuentado por la población tanto local como de otras partes del mundo, así que se podía ver de todo. Ahhh y para no olvidar a nuestros amigos indianos, los podíamos ver por cualquier lado al que mirábamos. Luego de una animada noche, cenamos algo, luego caminamos hasta el albergue y el día había terminado.
A la mañana siguiente, nos dispusimos a tempranas horas del día a conocer todo aquello que nos habíamos perdido el primer día, así que tomamos nuestras guías y mapas y emprendimos la marcha hacia donde el destino nos llevara. Es así como pudimos conocer los siguientes sitios:
El edificio de la foto DSC00585 es una mezquita enclavada en una isleta con palmeras y un ambiente que me hizo sentir por algunos instantes en el medio oriente con el calor que hacía, las palmeras, el aire fresco que corría, las mujeres dándome de comer algunas frutas secas en la boca y dándome un relajante masaje (bueno, lo último es puro cuento, pero sí me evocó al medio oriente).
En la imagen DSC00586 se puede ver el Barrio Chino que no podía faltar y sus calles bien organizadas y secas a pesar de cualquier tormenta que se presente sin avisar. En la foto DSC00590 estoy en el Barrio Árabe.
Y bueno, como era de esperarse, el viaje mítico había llegado a su fin pues nuestro vuelo salía en unas cuantas horas, así que después de hacer unas compras de último momento como souvenirs en el Hard Rock Café y llaveritos en algún mercadillo de la zona, tomamos el monorriel que nos conduciría de nuevo hacia aquel moderno aeropuerto que sería el punto base para llegar a nuestro querido Bangalore, la ciudad de los jardines. La imagen DSC00592 muestra el moderno aeropuerto de KL que en foto no parece tan impresionante, pero si algún día lo llegan a conocer sabrán por qué me dejó maravillado.
En fin, la presente reseña ha terminado, pero ya viene pronto: Singapur sin límites.
Saludos,
Tigre
PD: Feliz "sinco de maio" (fecha en que se conmemora la independencia de México, según la creencia de nuestros amigos los gringos).
miércoles, 21 de marzo de 2007
El Tigre, el Ropero y el Taj Mahal - Parte IV
Caray,
Cómo vuela el tiempo. Haciendo cuentas hace ya 7 meses desde mi ultima reseña (y las que faltan…) y realmente parece como si hubiera sido hace un par solamente. En fin, pues me he dado el tiempo para continuar la saga de aventuras siempre imitadas, pero nunca igualadas: “El Tigre de Kachemira de vuelta en la India”.
Este turno le ha tocado a la zona extrema norte de la India mejor conocida como Uttar Pradesh. En realidad lo anterior era nomás para apantallar sobre mis conocimientos geográficos de la zona, así que para hacerlo más digerible tenemos que el tema de hoy es: Delhi y Agra (cuidad donde se encuentra ubicado el Taj Mahal).
Para esta edición he agregado una novedad: dado que siempre que llego a México me encuentro con nuevos transeúntes con el ánimo y disposición de recibir mis ya conocidas reseñas y siempre me piden que les haga partícipe también de las reseñas anteriores, en esta ocasión he decidido poner todas las entradas en el siguiente blog:
http://tigredelakachemira.blogspot.com
Continuando con la tradición la guía visual de apoyo se encuentra ubicada en:
http://photos.yahoo.com/misfotosdelaindia (carpeta Delhi-Agra)
Y finalmente el aviso de siempre:
ADVERTENCIA: El relato presentado a continuación puede contener altas dosis de violencia, lenguaje explícito y sexual, de forma que su lectura es estrictamente para personas mayores de 18 años. Se recomienda discreción.
Todo comenzó un buen día cuando el grupo de audaces consultores se reunieron en la mesa redonda de Serene Groove (si no saben de qué hablo, pónganse a estudiar los dos primeros capítulos de las reseñas del Tigre de la Kachemira por el Mundo, 1ª Ed., 2006) y acordaron que no podían pasar más tiempo en la India sin conocer el ya mundialmente famoso Taj Mahal, así que se dispusieron a iniciar todas las gestiones correspondientes para la realización de tal empresa.
Lo complicado del asunto era organizar un viaje para 7 personas en un lapso de 2 semanas, pues antes resultaba muy caro y después la gente ya tenía planes para visitar otros sitios o trabajo en fin de semana o cualquier cantidad de razones adicionales. Varios miembros del clan internacional sabíamos que debíamos llegar primero al Aeropuerto Internacional de Nueva Delhi, pero de ahí no estábamos completamente seguros del proceder. Poco más tarde nos enteramos de un viaje en Tren Express para el cual intentamos de manera desesperada reservar las localidades correspondientes, pero nuestros esfuerzos fueron en balde ya que el sistema de reservas en la India no es nacional. En fin, para resolver los problemas teníamos que ir paso a paso, así que nos dispusimos a hacer las reservas del vuelo que nos conduciría a Delhi.
NOTA: Delhi y Nueva Delhi se pueden utilizar indistintamente, pues si bien existe una línea invisible que divide a Vieja Delhi de Nueva Delhi, ambas se encuentran en la misma zona urbana. Digamos que algo así como la Cd. De México y Satélite, pero más barato.
Continuando después de la acotación anterior, para reservar, primero teníamos que saber qué compañía aérea nos convenía más. Después de varios estudios, concluimos que una aerolínea local llamada Air Deccan era la mejor opción y en cuanto a costo era más barata por más del 50% de sus competidoras. Cada garoto hizo lo propio para arreglar su reserva aérea y al final los 7 teníamos vuelo para Delhi.
Aún quedaba pendiente qué haríamos cuando llegáramos a Delhi para ir a Agra y poder conocer el Taj Mahal. A alguno de nosotros se le prendió el foco y recordó que en I-Flex Solutions (compañía en la que estábamos en curso) había un servicio de Concierge para atender las peticiones de Empleados y Asociados (en este caso, nosotros). Llamamos al sujeto al mando de la Conciergérie, quien respondía al nombre de Sudhakar. En realidad ese nombre lo venimos a aclarar y entender mucho tiempo después (pero esa… es otra historia), así que lo único que entendimos en el momento en que nos lo presentaron fue: “Caballeros, les presento al Sr. Chewbacca. Él se encargará de ayudarlos en cualquier solicitud que tengan acerca de viajes”. Y nosotros: “Ahh, mucho gusto. Encantados de conocerlo”.
En fin, después de tanta presentación le explicamos que ya teníamos boleto de avión, pero que aún quedaba pendiente el tramo de Delhi a Agra, según la siguiente conversación:
- Nosotros: “Oiga, pues no se si usted nos pueda reservar los boletos del Tren Express o arreglar la renta de una furgoneta en Delhi”.
- Chewbacca: “Aaghhhagagahgagagahaggaaagagahguuuuugrgrrrrrr”
- Nosotros: “Ahh, caray, Sr. Chewbacca, cómo así que no tiene contactos en el norte de la India?”
- Chewbacca: “ghhrrraaauugahhhhrraaadddfggg”.
- Nosotros: “Oiga, pero lo que nos sugiere de conseguir algo directamente en Delhi es un poco riesgoso. Puede que no consigamos nada para ir a Agra. No hay otra opción?”
- Chewbacca: “rrghghghhhaaseewweeeee”.
- Nosotros: “No, pues así las cosas no hay mucho que hacer. Muchas gracias Sr. Chewbacca.”.
- Chewbacca: “Adddghhhaaseewwaaa”.
- Nosotros: “Igualmente. Que pase buen día”.
Después de la conversación anterior, nos quedó claro que llegando a Delhi teníamos que buscarnos la vida lo antes posible o de lo contrario no conoceríamos el Taj Mahal.
El otro punto que teníamos pendiente era el hospedaje. Aquí las opiniones eran bastante divididas: “que yo quiero hotel con balcón y baño de mármol”, “pues yo quiero un colchón donde pasar la noche”, “que yo quiero un lugar que no sea lujoso, pero habitable”. Al final lo grupos se dividieron así:
- Brasileiros + Portugués. Hotel Ajanta. La descripción escrita no parecía mala, pero las fotos no le ayudaban mucho.
- Catalán + Mexicano. Hotel Relax. No existían muchas referencias salvo la recomendación del hermano del catalán quien estuvo en dicho hotel en un viaje previo a la India.
- Logroñés + Yo. Albergue YMCA. Qué diablos, parece que éramos los que menos estábamos dispuestos a gastar en hotel, pero era sólo un fin de semana…
El día esperado llegó y nuestro vuelo planeado a las 8:00pm estaba cercano, así que después de un intenso viernes de trabajo nos dirigimos por maletas y directo al aeropuerto.
Llegamos al aeropuerto internacional de Bangalore y después de otra de esas notorias y aparatosas fumigadas masivas pa’ matar piojos y bichos en la sala Terminal hicimos el check-in correspondiente y nos dispusimos a esperar directamente en el Gate 1 (el único habilitado que había). Después de una breve demora al fin llamaron al abordaje y por supuesto nos formamos en la fila correspondiente. Como era de esperarse aquella fila no habría de ser respetada por el resto de los pasajeros locales, pero hicimos lo necesario para que por lo menos en nuestros sitios no se metieran. Luego de varios minutos de desorden súbitamente llegaron dos sujetos de la milicia armados con menudas metralletas y con el dedo en el gatillo. Acto seguido, nuestro Gate se cerro y algunos nos quedamos en espera de abordar. Simplemente alcancé a gritarle al logroñés: “Hey Dani, apártame un lugar”. Después de otros minutos más volvieron a abrir el Gate y pudimos abordar entre empellones y dosis de gases lacrimógenos expelidos por los aparatos sudoríparos de los indianos. Al llegar al avión comenzaron a circular los rumores de por qué no habían dejado abordar a todos los pasajeros al mismo tiempo. La versión más socorrida es la siguiente: la tripulación de nuestro vuelo comenzó a pelear con la tripulación de otra aerolínea pues no se nos asignaba puerto de embarque. Ja, esto sólo pasa en la India…
Luego de un vuelo casi sin contratiempos llegamos a la Ciudad Capital de la India. Pensamos: “esto sí debe apegarse más a la civilización; por muy mal que estén, es la capital y todos los recursos seguro que vienen para acá”. Ja, cuán equivocados estábamos. Si bien el aeropuerto era mejor en tamaño con respecto al de Bangalore, no lo era respecto a infraestructura.
“Vaya, pues es tarde, seguro que mañana todo mejorará”, pensamos. Por el momento había que llegar al hotel que era ya bastante tarde. A los brasileños y al portugués los pasó a recoger el taxista (incluido en su paquete de hospedaje) y luego los llevó a su hotel. En cambio el catalán, el logroñés, el otro mexicano y yo tuvimos que tomar un taxi del aeropuerto que nos llevara a nuestros respectivos centros de hospedaje. Que adónde vamos primero? Pues primero llévenos al hotel del mexicano y el catalán: el famosísimo Hotel Relax.
Taxista: Donde está el Hotel Relax?
Nosotros: (pensando: tú eres el taxista y tú vives en Delhi, así que deberías saberlo) ehhh, sí, está en Nehru Bazar.
Taxista: Donde?
Nosotros: (pensando: mmmta, aparte de tarugo, sordo).
Catalán: En Nehru Bazar (pero con el característico acento ibérico, diferenciando la “s” de la “c” y la “z”).
2 Mexicanos: No Alex, no es Nehru Badhsar (tratando de imitar la z ibérica en palabras); es Nehru Bazar.
Total que se armó el alboroto del año, el taxista se detuvo a pedir información en una calle de auténtico miedo acerca de Nehru Badhsar hasta que al fin uno de ellos entendió adonde íbamos y dijo: “Ahhh, claro. Nehru Bazar. Si, den la vuelta en la siguiente, pasen el primer semáforo a la derecha y después de tres cuadras habrán llegado”.
Llegamos al famoso barrio del Nehru Bazar y era un lugar asquerosamente sucio y horrendo donde había malvivientes durmiendo en la calle en unos catres igualmente asquerosos y sucios, lleno de basura… en fin. Nunca he estado en “La merced” o alguna calle escondida de “Tepito” a las 2:00am, pero yo creo que es lo que más se le acerca en México. Lo único bueno es que parece que esos malvivientes no estaban drogados ni ebrios pues en la India es “mal visto” el consumo de “esas cosas”.
Luego de abandonar a aquel par a su suerte, pedimos al taxista que nos llevara a la “Guay”. Después de preguntar otro rato al fin llegamos y otra historia: un barrio normal, limpio, iluminado. Un hotel con una recepción limpia, donde aceptaban tarjeta de crédito, con alberca semi-olímpica, habitación independiente (para 2, pero independiente), aire acondicionado (era más el ruido que hacía que lo que enfriaba, pero además había ventilador), un baño decente, toallas limpias, en fin, una maravilla costo-beneficio.
A la mañana siguiente, después de la habitual ducha nos disponíamos a ir por la basura de desayuno que suelen dar en los albergues: café y pan duro con mantequilla rancia. Pero ohh, sorpresa, se trataba de desayuno buffet con huevo, hot cakes, indian delicacies, leche, cereal, té, pan, etc. Y lo mejor: estaba incluido en nuestra tarifa de hospedaje. Apenas podíamos creer lo que habíamos conseguido por unos 25 o 30 dólares. Estábamos ya disfrutando nuestro desayuno cuando de súbito recibimos la llamada de los brasileiros que ya venían en camino pues habían conseguido furgoneta para ir a Agra. Esperábamos que tardaran unos 20 minutos más para seguir disfrutando de un buen desayuno, pero no tardaron ni 3 minutos, cuando tuvimos que salir corriendo y saltar hacia la Toyota Innova.
Una vez en camino y bajo un intenso tráfico estábamos todos muy contentos de conocer un palacio de tremendas proporciones sólo antes visto a través de fotos. Después de casi una hora de tráfico urbano al fin dejamos atrás la ciudad y tomamos carretera. Ja, es impresionante la similitud que encontré entre las afueras de Delhi y algunas de las transversales que cruzan Paseo Tollocan en Toluca. “Esto podría ser México”, comenté.
Luego de algunas horas nos detuvimos para pagar los impuestos de viajar de un estado a otro. En realidad todo el trámite lo hizo el chofer y mientras tanto nosotros nos bajamos a estirar un poco las piernas. Nunca falta la gente que intenta ganarse la vida de una u otra forma y había paseadores de osos (ya habíamos tomado foto a eso, así que no le hicimos mucho caso), domadores de changos (veíamos changos por doquier, así que tampoco le hicimos mucho caso) y entre otras cosas, un encantador de serpientes, sí, como esos que salían en las caricaturas; ese sí se robó nuestra atención y al final le dimos alguna propina (puede apreciarse el encantador de serpientes en la imagen DSCN0170). Ja, pero para nuestra sorpresa, el domador de changos no se de donde sacó que le habíamos tomado una foto a su simio y quería propina. Nos negamos diciéndole que no habíamos tomado foto alguna, pero no nos creyó y quiso revisar la cámara de uno de los brasileiros. Éste último no accedió a mostrarle nada y el domador colérico se me puso a discutir en hindi, telugu o cualquier idioma de la región pues hemos de recordar que siempre me confundían con indiano. Intenté hacerle entender en inglés, pero me seguía hablando en su dialecto, así que comencé a hablarle en español. Se quedó medio impactado pues no me entendía. Luego como que se me desatontó y se puso a vociferar nuevamente, pero para ese entonces estábamos ya dentro de la furgoneta y en camino hacia Agra nuevamente.
Después de un rato nos detuvimos a tomar algo en un restorán de carretera y ahí nos encontramos con unas peculiares versiones asiáticas de Sprite y Coca-Cola (marcas registradas) como se muestra en la imagen DSC00403 y en la imagen DSC00404 en donde el buen Alexandre nos muestra su barriga de Sprite.
Emprendimos nuevamente lo que parecía un viaje interminable y después de varias horas de un paisaje de sabana esteparia al fin nuevamente vimos rastros de movimiento: una mezquita de carretera, como puede apreciarse en DSC00406. Unos 40 minutos después, la furgoneta se detiene y se introduce a lo que parece la entrada al Taj Mahal. Luego un guía de turistas se presenta diciendo que es parte de la compañía que nos rentó la furgoneta. Nosotros incrédulos le preguntamos al chofer y nos lo confirma.
Nosotros: entonces, ya está incluido? No tenemos que pagar nada adicional?
Chofer: Sí, sí. No tienen que pagar nada.
Nosotros: Ahh, pues entonces habrá que desquitar lo que ya pagamos.
Pagamos una cierta cantidad para entrar, lo cual no era tan caro, pero sí que lo era para los estándares de vida en la India. En fin, resultó que no era el Taj Mahal, sino que era una construcción que hizo el abuelo o el tío del sujeto que construyó el Taj Mahal. Dicha construcción puede verse desde DSC00409 hasta DSC00413. Un dato muy interesante que nos dio el guía es que las construcciones eran una mezcla de culturas árabes e indias e incluso algunas de las escrituras que hay en los muros (no se alcanza a apreciar) estaban en varios idiomas. Y a todo esto se preguntarán por qué. Tal vez por la estrecha distancia con medio oriente o tal vez por la gran afluencia comercial de la región. Pues no, porque el señor que construyó esto tenía no sé cuántas esposas de no se cuántos lugares y a cada región le puso un distintivo. En ese instante me dije: “ese tipo sí era un gallo y no pedazos; qué George Clooney ni que mis polainas”.
Bueno, pues ahora sí sólo quedaba conocer el Taj Mahal pero una duda tenía inquieto a más de uno: “Si a la Toyota Innova sólo le caben 8 pasajeros y nosotros somos 7 y el chofer es el octavo que faltaba, dónde viajará el guía?”. Seguimos nuestro camino hacia la furgoneta de lo más tranquilos mientras que alguno se quedó a tomar fotos de último momento. Al final todos apañamos lugares en los asientos traseros, luego llegaron el buen Alexandre y el guía que se habían quedado un poco atrás. Al asomarse el guía se quedó viendo hacia los asientos traseros con cara de “donde me pueden hacer un lugarcito?”. Y el resto de nosotros silbando, tomando fotos, haciéndose los dormidos o con cara de “acá ya no cabe un alfiler”. Por regla de descarte, el único asiento disponible era el de Alexandre (el del copiloto) así que tuvo una media hora para cultivar sus amistades masculinas en la India.
Al cabo de esos 30 minutos que pasaron en un abrir y cerrar de ojos para el resto, pero que para Alexandre debieron ser una eternidad al fin llegamos a Agra que como cualquier ciudad de la India no destacaba por una infraestructura bien planeada, pero pensamos: “hemos venido a ver el Taj Mahaj, no Agra”. Entramos a un estacionamiento público después de unos 15 minutos de manejo y al fin dijimos: “ahh, estirar piernas, conocer mausoleo de estilo árabe, tomar fotos y regresar a casa”. Pero una sorpresa más: el estacionamiento sólo era una escala más en el viaje. Aún faltaban unos 15 minutos pero no podíamos ir en la furgoneta porque contaminaba mucho y podía dañar la estructura del edificio; teníamos que ir en un vehículo eléctrico. Todos diciéndonos “Dios qué contrariedades tienen por estos lares. Se quejan de la contaminación de un vehículo japonés de última generación, con convertidor catalítico y de una marca que siempre se preocupa por la mejor eficiencia en sus emisiones al medio ambiente y no dicen nada de toda la ciudad que está francamente en condiciones muy insalubres y para colmo, al lado del Taj Mahal pasa un río con unas emisiones gaseosas que seguro pueden corroer metal en cuestión de días”. Ja, si tenían curiosidad de por qué llegué a México sin vello nasal, ahora saben la razón.
Bueno, al final de algo tienen que vivir estos chavales así que pagamos nuestra cuota del microbús eléctrico, descendimos y a pagar nuevamente. Otra vez no me acuerdo de la cantidad, pero si la vez pasada (en el primer edificio que construyó el abuelo del que hizo el Taj Mahal) se me hizo cara, esta se me hizo exorbitante para el nivel de vida de la India. Algo así como si para las pirámides de Teotihuacan te cobraran $1,500 pesos la entrada. Recuerdo que para nosotros como extranjeros no era tan tan caro, pero definitivamente barato no era y bueno, después de varias horas de vuelo y otras tantas de carretera no íbamos a detenernos a entrar por eso.
Nuestro kit de bienvenida incluía unos protectores de una telilla especial para ponerse sobre los zapatos. “Menos mal”, pensamos. Ya no más miedo de contraer ojos de pescado o similares por templos y monumentos (lo malo es que con las escaleras de mármol desgastado y esa telita tenías que ir con mucho cuidado para no caerte; en ese momento no lo sabíamos). Además incluía una botella de agua que ya nos hacía falta, pues el resto del camino desde nuestra parada en el restaurante de carretera, no vendían nada. Ja, esa botellita creo que era de un litro o 1.5 litros, pero al estar expuestos a una temperatura de 44°C se fue como caballito tequilero.
Pasamos el punto de revisión y los vendedores y fotógrafos no se hicieron esperar. Que la foto del recuerdo, que la foto el recuerdo. Y nosotros: “que no, que no”. Al final accedimos y el fotógrafo me preguntó algo pero no le entendí, así que en inglés le respondi: “perdón, que me preguntó?”. Fotógrafo: “Ahh, no nada, perdón, pensé que hablaba hindi”. Yo: “tranquilo, que eso piensan todo el tiempo”. Al final lo único que quería decirme es que nos apuráramos porque pronto iba a empezar a obscurecer y las fotos no iban a salir muy bien. Traducción: Son las 2:00pm, así que pronto no va a obscurecer pero se están tardando mucho tomando otras fotos y ya me quiero ir.
Por supuesto nos tomamos la foto grupal tradicional del Taj Mahal en papel (esa con el camino de agua apuntando directo al edificio principal) y otras tantas en digital. Para comprobarlo tenemos imágenes desde DSC00418 hasta DSC00436. Hay que acotar que algunas imágenes intermedias valen la pena una mención aparte:
DSC00427. Este tipo de torres se conocen como Alminar o Minarete. Desde ellas tradicionalmente el Imán (figura religiosa musulmana) llama a oración a los feligreses varias veces al día según lo dicta el Islam.
Acotación 1: La gente tiende a pensar que la cultura árabe y la india son lo mismo, pero no es así. Si bien es cierto que la mayoría de las religiones son muy parecidas en muchas cosas como el origen de la vida, la existencia de un solo Dios, el hombre a través de las sagradas escrituras correspondientes, etc., no por eso podemos asumir que lo árabe e indio es lo mismo. La cultura árabe se rige por y para su religión: la musulmana. Toda su vida económica, política y social está regida por la religión. La cultura india, por su parte, se rige por una mezcla de costumbres, tradiciones y religiones diversas (incluso dentro de la India). Por ejemplo en el centro del país hay quienes son omnívoros y en el sur totalmente vegetarianos sin saber siquiera de la existencia de otro tipo de platos en el centro o en el norte de la India. A pesar de que una mayoría se dice hinduista, sus costumbres y tradiciones pueden variar aunque en teoría la esencia es la misma.
Acotación 2: El hecho de que el Taj Mahal, un mausoleo creado por un indio, tenga grandes rasgos árabes no puede explicarse sino porque el arquitecto era de origen árabe y además, por la gran influencia que ejerció el imperio árabe en toda Asia, en particular los persas quienes dominaron el subcontinente indio en el primer milenio, para posteriormente ser invadido por afganos, turcos y árabes entre otros. De hecho alguna vez a la India se le conoció como Hindustán (Tierra de los que siguen el Hinduismo o Tierra por donde pasa el río Hindus, en persa), pero debido a conflictos políticos debía buscarse un término que no excluyera al resto de las religiones conviviendo en el país; por eso ahora se llama India. Entre otras cosas por eso mismo surge Pakistán en 1947 con una población mayoritariamente musulmana buscando una identidad propia y además por eso también hay una gran similitud en nombre con otros países de la región como Afganistán, Uzbekistán, Kazajstán, etc. El famoso “stán” no quiere decir otra cosa más que “Tierra de”, en persa.
Acotación 3. Con las declaraciones anteriores no quiero iniciar un debate sobre el origen de Pakistán, ni de los conflictos políticos en la India. Simplemente trato de aclarar el por qué de la influencia árabe en la India y de las diferencias que pueden tener ambas culturas, con la información que tengo a la mano. Si alguien tiene una corrección/sugerencia me la puede enviar pues de cultura árabe puedo decir que conozco un poco, pero de cultura india casi nada; lo poco que se es de lo que me va llegando en libros, folletos o de lo que encuentro en la carretera de la desinformación.
Acotación 4. La mayoría de la gente en la India NO usa turbante. Sólo lo usa un grupo que se hace llamar Sikhs, que puede ser considerada como otra religión más en la India.
Acotación 5. Ya no hay más acotaciones por el momento, jajajajaja, así que continuemos con las fotografías.
DSC00431. A cada lado del edificio principal hay dos construcciones como la mostrada en la imagen. Una con carácter religioso y otra sin un uso bien definido y comprobado. Se piensa que simplemente se construyó para guardar la simetría persistente en la arquitectura árabe.
DSC00433. Pa’ rematar con toda la explicación árabe anterior, nada mejor que un poco de escritura árabe que es muy diferente del hindi, a pesar de que ambas puedan parecernos jeroglíficos. El árabe se supone que fue creado por Alá, mientras que el hindi se deriva del sánscrito.
DSC00436. Esta es la entrada al Taj Mahal y las pequeñas cúpulas blancas en hilera en la parte superior suponen los años de construcción del edificio.
Aquí acaba la reseña sobre Agra y el Taj Mahal así que no queda más que contar salvo que en el camino de regreso pasamos a cenar no recuerdo si al mismo o a otro restorán de carretera, pero después de una deliciosa comida china le tomé una foto a una estatuilla de Ganesh, el dios elefante por excelencia de la India. Puede verse en la figura DSC00439.
Ja, pues después de varias horas de carretera y un tráfico tipo autopista Cuernavaca-México en domingo a las 6:00pm al llegar a Delhi, el chofer pasó a dejarnos a nuestros respectivos hoteles y quedamos de vernos en el Hotel Relax con Juan (el otro mexicano, para quienes no lo conozcan) para ir a conocer Delhi al día siguiente. Llegando al YMCA teníamos planeado ir a echar unos largos en pantaloneta en la piscina del hotel, pero llegamos taaaaaaan cansados que llegamos directitos a dormir. Traducción: teníamos planeado ir a la alberca a nadar un poco en bermudas, short, traje de baño o similares, pero llegamos muy cansados. Además según recuerdo le estaban dando mantenimiento cloral a la alberca.
A la mañana siguiente, después de un ligero desayuno, procedimos a tomar un auto-rickshaw que nos llevara primero al Hotel Relax para pasar por Juan y luego ir al famosísimo Fuerte Rojo. Después de que el taxista nos quiso ver la cara de gringos queriéndonos cobrar las perlas de la virgen, le quisimos dar una sopa de su propio chocolate. Por un tramo que debió salirnos en unas 20 rupias y por otro que a lo mucho nos debió cobrar 50 rupias, nos quería cobrar 150 o 200 rupias, no recuerdo. En fin, pasamos al horrendo vecindario de Nehru Bazar que de día se veía menos mal y preguntamos por Juan y Alex. Una muestra de zonas aledañas a Nehru Bazar se puede ver en las fotos DSC00442 y DSC00443.
Recepción Relax: No… aquí no vive ningún Yuan (así como lo escribí, lo pronunciaban en toda la India).
Yo: Ya se que no vive aquí, pero es su huésped. Llegó ayer en la madrugada.
Recepción Relax: A ver… déjeme preguntar.
Yo: Ok
Recepción Relax: No… que dice mi tía Pancha que aquí no vive ningún Yuan.
Yo: Sí, ya me habías dicho eso. Te digo que es un huésped del hotel. Llegó ayer con un español (lo siento Alex, pero no creo que hubieran entendido si les digo que eras oriundo de Catalunya).
Recepción Relax: Ahhh, sí. Ya se fueron. Agarraron sus cosas y se fueron esta mañana.
Yo: No es posible. Me pidieron que pasáramos por aquí. Puedo pasar a revisar su cuarto?
Recepción Relax: No, no. Están limpiando la habitación, además ya se fueron. Es más, ya ni están sus cosas. Primero dijeron que nos encargaban sus petacas, pero luego vinieron y se las llevaron.
Yo: Pues ni hablar. Si de casualidad regresan les dices por favor que venimos a buscarlos y como no los encontramos nos fuimos al Fuerte Rojo.
Recepción Relax: Sí, ande usté joven.
Bueno, al regresar al rickshaw me encontré con que Dani ya estaba listo para iniciar el viaje al Fuerte Rojo, pero al mando del volante. Parece que había hecho muy buena amistad con el taxista durante mi ausencia y ya hasta foto se iban a tomar. Emprendimos la travesía y después de varios minutos de pasar por barrios cada vez más feos, al fin el taxista nos dejó frente a la Jamma Masjid (la mezquita más grande de la India; bueno, en realidad todas las mezquitas de la India dicen ser las más grandes y casi todas se llaman Jamma Masjid; creo que es algo así como las paleterías La Michoacana que todas dicen ser las primeras y auténticas, pero esta vez por ser Delhi la Capital, alguna preferencia debe tener). Pagamos 100 rupias al taxista y se quedó con cara de: “si eran 200 peso mano” (así tal cual; no me comí la segunda “s” de pesos). Nosotros: “No seas abusivo. Te debimos pagar unas 70 rupias, pero te damos un extra porque nos caíste bien”. Y en fin, dejamos al taxista llorando por sus 130 rupias restantes… y espero que con una lección de honradez.
Para llegar a la mezquita había que recorrer un camino parecido al camino de agua del Taj Mahal, pero este estaba vacío y lleno de basura. “Andando”, le dije al buen Dani, como lo hacía Batman con Robin. Dios!!!. No se francamente cómo pasamos por ese camino sin una congestión nasal. Bueno en realidad, sí lo sé: pasamos más rápido que Flash, ya que la pestilencia por basura, además de el intenso olor a orina (y no me refiero a ese olor que a veces hay en el zócalo de la Cd. de México; no; esto era algo así como concentrado y añejado por 40 años en barricas de roble para conservar el “buqué”, jajajajaj) y si a esto le sumamos la cantidad de moscas y una temperatura de unos 43°C que intensificaba los olores, pues ya se imaginarán.
Después de llegar a las escaleras donde estoy en la foto DSC00449 pudimos encontrar un poco de aire fresco y sobre todo un poco de alivio. En la foto no se aprecia, pero para entrar a la mezquita había unos detectores de metal como los que hay en el aeropuerto, que no estaban conectados a ningún lado y por consiguiente nunca sonaban, pero al final creo que eran inalámbricos. El punto es que se nos hizo muy extraño. Y bueno, nos disponíamos a entrar, pero por supuesto era sin zapatos y además Dani iba en pantaloneta y tenía que ponerse un pareo rentado para no exponer sus desnudas rodillas en un lugar sagrado. “Bueno”, dijimos en un primer momento, “qué mas da?”. Y justo cuando íbamos a poner el primer pie nos sale un tipejo quesque guía de turistas que no podíamos entrar con cámaras. Que si queríamos tomar fotos debíamos pagar una cantidad irrisoria de rupias. Entonces Dani se quedó a cuidar cámaras, zapatos y demás mientras yo fui a dar un vistazo a la mezquita. Realmente no había mucho qué fotografiar, salvo palomas soltando sus “gracias” desde el aire y niños correteándolas como se ven en Coyoacán.
Al final salí y Dani tenía que irse pues había quedado de verse con una amiga de su madre viviendo en Delhi. De ahí nos separamos y antes de irme al Fuerte Rojo, que estaba enfrente, me eché unas gorditas de chicharrón prensado y unos tacos de suadero en un puesto que estaba afuera del metro Cuatro Caminos (foto DSC00451). Ahh y justo antes de cruzar la calle le tomé una foto a un templo Jainista (otra religión de la India) pa’ que se cultiven y no les quieran ver la cara diciéndoles que es una Catedral Rusa con motivos Tahitianos, pintada de rojo. En la foto DSC00481 se muestra otra perspectiva del mismo templo.
Bueno, bueno, ahora sí, al llegar a la taquilla del Fuerte Rojo me percaté de que había una fila inmensa para comprar boleto. Y me dije: “qué flojera!!!”. Ya me iba a ir, cuando de repente veo un letrero iluminado acompañado de sonidos de campanas que decía: Taquilla para Extranjeros. Ja, esa taquilla estaba vacía y pensé que no habría nadie atendiendo por lo mismo, pero para mi sorpresa pregunté el precio de la entrada, le di un billete, me dieron mi cambio al instante y ya tenía un boleto que la mayoría de los perdedores de la fila no podrían conseguir en al menos 4 horas. En eso me salió lo Mr. Bean y con singular alegría les enseñé mi boleto a todos los de la fila, jajajajajaja.
Del fuerte rojo no hay mucho qué contar, porque ahí si de plano ni un folleto me leí, pero varias imágenes valen más que mil palabras. Pueden consultar desde la foto DSC00454 hasta la DSC00474.
Después de una extenuante visita por el inmenso fuerte rojo y los efectos directos de los rayos solares, me fui a la cafetería a comprar unas botellas de agua, pero gran sorpresa, no había. Tuve que chutarme puro refresco que me quitó la sed de momento, pero a los pocos minutos ya estaba otra vez como perro después de correr. Lo bueno es que la deshidratación y la garganta reseca sí que se vieron aliviadas. Salí del fuerte y justo cuando iba pa’ juera los brasileiros y el portugués iban entrando pues consiguieron una buena tarifa en la que un taxista los estaba paseando por todos los lugares turísticos de Delhi.
Pensé en juntarme con ellos pero ya había visto el inmenso fuerte y me dio flojera, así que desistí casi al instante. Por otro lado, pensé que para conocer bien un lugar sólo hay tres formas y para ello podemos citar al buen Pepone Paez: “caminando, a pie o andando”. Así que a pesar de mi cansancio, me di a la tarea de tomar mi guía Rough Guides (competencia de Lonely Planet) y a emprender la caminata con rumbo desconocido. La primera calle por la que me metí fue la de la foto DSC00483. Me pareció atractiva pues se veía mucho movimiento como de tianguis así que seguí caminando hasta que me topé con la singular vendedora de nueces y especias de la foto DSC00485. Pensé en comprarle un poco de nueces pues ya me rugía la tripa, pero las condiciones de salubridad no eran las mejores y lo último que quería era pescar una infección estomacal en Delhi.
Seguí mi camino sin rumbo y pasé por calles bastante feas como se ve en las fotos DSC00486 y DSC00487 y después de mucho caminar cada vez se ponía más feo y las calles más angostas. Y como había escuchado que en Delhi sí hay robos y asesinatos, y yo con mi gran corpulencia y calles cada vez más angostas, pues me dio un poco de mello y me regresé. “Capaz que en una de esas me quieren asaltar y ya no voy a caber por las calles”, pensé. Me perdí por un rato, pero al poco tiempo salí muy cerca de donde había comenzado, pero más cansado. De las fotos DSC00490 a la DSC00492 son edificios cercanos a donde salí.
Esta vez procuré ir por calles comerciales grandes y mi trayecto fue bastante folclórico. En la foto DSC00493 por ejemplo, tienen una muestra de la Haute Couture de la moda masculina en la India. Esto es lo que se denominaba en aquella época como “prét-a-porter”. Y como capital de la moda india, tampoco podían faltar los grandes centros de confección como el que podemos ver en la imagen DSC00494.
Ja, y por poco se me olvidaba: faroles hay en México, India y en todo el mundo. En la foto DSC00496 puede apreciarse a una pareja de “juniors” indianos en un buggy con música de regguetón y Shakira a todo lo que da. Por supuesto el equipo de sonido para hacer más evidentes los graves y la luz neón por debajo no podían faltar.
Y prosiguiendo con el relato, en la foto DSC00497 se pueden apreciar unos mangos normales, pero en realidad estaban enormes y frescos y con una temperatura casi infernal pues se me antojaban bastante, pero una vez más hice gala de fuerza de voluntad y me ahorré una enfermedad gastrointestinal. Más adelante, llegué a una calle donde no había visto más cable enredados en mi vida, y miren que he andado por varios pueblos de México, donde aún es común el cableado exterior, pero nada comparado con esto. Lo pueden ver en la foto DSC00498.
Ahh, y para que vean que no es mentira que la gente purgue sus toxinas en la calle, pueden comprobarlo en las fotos DSC00500 y DSC05669. De hecho, cabe recalcar que en la última foto mencionada se aprecian los artilugios emprendidos por el gobierno de la capital para evitar que la gente haga suciedades en banquetas y paredes.
Y la vaca en medio de la calle, no podía faltar, como puede verse en la foto DSC00503. Siguiendo mi camino me topé con el templo Hare Krishna de la imagen DSC00504 y me invitaban a pasar, pero les dije que tenía un tiradero en la casa y tenía que llegar a recogerlo, así que me fui.
Vaya que hacía calor. Creo que lo he repetido en varias ocasiones, pero es que en serio era tremendo. Yo nunca sudo de los brazos, pero en aquella ocasión parecía que me habían rociado con esos protectores solares en presentación spray. Intentando revertir los efectos nocivos del calor extremo pues fui a hacer a Roma, lo que hacían los romanos: me compré un turbante para hacer la experiencia un poco más fresca como se ve en la foto DSC00507. El ñor que me vendió el turbante quería darme un trapo largo así nomás y no le pagué hasta que no me hizo el nudo característico. Mal hecho, pero me dejó el turbante listo.
En las fotos DSC00564, DSC05538 y DSC05668 se puede apreciar la versión ecológica de los autorickshaws que tienden a ser lo mismo, pero más baratos y que tienen sus propias bases de taxi, donde cual estación de metro donde hay microbuses, se pone un gritón a llamar pasajeros con un característico grito: “culé, culé, culé, culé, culééééééééééééé”.
Por otro lado, en la India es muy popular el estilo de vida “Alfresco”. Si no saben qué es alfresco, aquí tienen una breve descripción. Intenté buscar algo en la Real Acedemia Española, pero no encontré nada, así que me fui a Wikipedia:
Alfresco. Dícese de cualquier actividad realizada en exteriores; término particularmente usado en pintura y de uso difundido en la lengua inglesa. Un sinónimo puede ser la frase francesa “en plein air”. Extrañamente, el término suena italiano, pero en dicho idioma sus connotaciones son: “en la cárcel” o simplemente, “aire fresco”.
Por ejemplo, todos los 7 consultores por lo menos una vez comimos en un restorán de Bangalore donde servían cortes vacunos a las brasas. Como comíamos en un lugar al aire libre, incluso la misma propaganda del restorán decía: “The Only Place: the best experience of dining alfresco”. Bajo este mismo concepto, es que en la India existe toda una gran industria alfresco enfocada a un máximo contacto con la naturaleza, como se puede apreciar en la foto DSC05668 donde se ve claramente una barbería “alfresco” o la foto DSC05669 donde tenemos algunos baños públicos “alfresco”.
Casi para finalizar tenemos una foto del atardecer de nuestro último día en Delhi: el India Gate (foto DSC05733). Este arco fue creado en memoria de más de 90,000 soldados indianos que murieron en la guerra afgana y en la primera guerra mundial, aunque hay versiones que indican que se construyó para una de las tantas visitas efectuadas por la Casa Real Inglesa.
Y para cerrar, los dejo con dos fotos: DSC00511 y DSC05768. En ellas aparezco con mi turbante en el aeropuerto dejando a más de un local asombrado, pues los Sikhs siempre usan barba larga (cosa que yo no, aunque quiera porque no me distingo por una barba abundante) y no hablan español.
Ahh, por poco se me olvidaba. Luego de esperar unos 15 minutos de demora en el aeropuerto, tuvimos que esperar otros 15 minutos. Luego ya de plano dijeron media hora y luego 1h. Para no hacer el cuento largo, tuvimos una demora como de 5 o 6 horas. Y ya que apañamos asiento en el avión, pensamos que todo estaría resuelto, pero nooooooo, todavía tuvimos que esperar alrededor de una hora más, por mal tiempo: una tormenta de arena. Moraleja: si algún día viajan a la India y quieren ahorrarse una lana, no la ahorren con Air Deccan; realmente vale la pena pagar un poco más por un servicio más confiable y por un asiento numerado…
Ja, ahora sí ha terminado una reseña más, pero les adelanto el tema de las próximas reseñas: el lejano oriente. Caray, a veces incluso yo me asombro de todo lo que puedo escribir cuando mis manos ponen en acción el teclado de cualquier computadora. Si así fuera para el trabajo… jajajajaja.
Un saludo y esperen nuevas reseñas.
Õ Tigre do nascimento
Cómo vuela el tiempo. Haciendo cuentas hace ya 7 meses desde mi ultima reseña (y las que faltan…) y realmente parece como si hubiera sido hace un par solamente. En fin, pues me he dado el tiempo para continuar la saga de aventuras siempre imitadas, pero nunca igualadas: “El Tigre de Kachemira de vuelta en la India”.
Este turno le ha tocado a la zona extrema norte de la India mejor conocida como Uttar Pradesh. En realidad lo anterior era nomás para apantallar sobre mis conocimientos geográficos de la zona, así que para hacerlo más digerible tenemos que el tema de hoy es: Delhi y Agra (cuidad donde se encuentra ubicado el Taj Mahal).
Para esta edición he agregado una novedad: dado que siempre que llego a México me encuentro con nuevos transeúntes con el ánimo y disposición de recibir mis ya conocidas reseñas y siempre me piden que les haga partícipe también de las reseñas anteriores, en esta ocasión he decidido poner todas las entradas en el siguiente blog:
http://tigredelakachemira.blogspot.com
Continuando con la tradición la guía visual de apoyo se encuentra ubicada en:
http://photos.yahoo.com/misfotosdelaindia (carpeta Delhi-Agra)
Y finalmente el aviso de siempre:
ADVERTENCIA: El relato presentado a continuación puede contener altas dosis de violencia, lenguaje explícito y sexual, de forma que su lectura es estrictamente para personas mayores de 18 años. Se recomienda discreción.
CAPITULO IV
Todo comenzó un buen día cuando el grupo de audaces consultores se reunieron en la mesa redonda de Serene Groove (si no saben de qué hablo, pónganse a estudiar los dos primeros capítulos de las reseñas del Tigre de la Kachemira por el Mundo, 1ª Ed., 2006) y acordaron que no podían pasar más tiempo en la India sin conocer el ya mundialmente famoso Taj Mahal, así que se dispusieron a iniciar todas las gestiones correspondientes para la realización de tal empresa.
Lo complicado del asunto era organizar un viaje para 7 personas en un lapso de 2 semanas, pues antes resultaba muy caro y después la gente ya tenía planes para visitar otros sitios o trabajo en fin de semana o cualquier cantidad de razones adicionales. Varios miembros del clan internacional sabíamos que debíamos llegar primero al Aeropuerto Internacional de Nueva Delhi, pero de ahí no estábamos completamente seguros del proceder. Poco más tarde nos enteramos de un viaje en Tren Express para el cual intentamos de manera desesperada reservar las localidades correspondientes, pero nuestros esfuerzos fueron en balde ya que el sistema de reservas en la India no es nacional. En fin, para resolver los problemas teníamos que ir paso a paso, así que nos dispusimos a hacer las reservas del vuelo que nos conduciría a Delhi.
NOTA: Delhi y Nueva Delhi se pueden utilizar indistintamente, pues si bien existe una línea invisible que divide a Vieja Delhi de Nueva Delhi, ambas se encuentran en la misma zona urbana. Digamos que algo así como la Cd. De México y Satélite, pero más barato.
Continuando después de la acotación anterior, para reservar, primero teníamos que saber qué compañía aérea nos convenía más. Después de varios estudios, concluimos que una aerolínea local llamada Air Deccan era la mejor opción y en cuanto a costo era más barata por más del 50% de sus competidoras. Cada garoto hizo lo propio para arreglar su reserva aérea y al final los 7 teníamos vuelo para Delhi.
Aún quedaba pendiente qué haríamos cuando llegáramos a Delhi para ir a Agra y poder conocer el Taj Mahal. A alguno de nosotros se le prendió el foco y recordó que en I-Flex Solutions (compañía en la que estábamos en curso) había un servicio de Concierge para atender las peticiones de Empleados y Asociados (en este caso, nosotros). Llamamos al sujeto al mando de la Conciergérie, quien respondía al nombre de Sudhakar. En realidad ese nombre lo venimos a aclarar y entender mucho tiempo después (pero esa… es otra historia), así que lo único que entendimos en el momento en que nos lo presentaron fue: “Caballeros, les presento al Sr. Chewbacca. Él se encargará de ayudarlos en cualquier solicitud que tengan acerca de viajes”. Y nosotros: “Ahh, mucho gusto. Encantados de conocerlo”.
En fin, después de tanta presentación le explicamos que ya teníamos boleto de avión, pero que aún quedaba pendiente el tramo de Delhi a Agra, según la siguiente conversación:
- Nosotros: “Oiga, pues no se si usted nos pueda reservar los boletos del Tren Express o arreglar la renta de una furgoneta en Delhi”.
- Chewbacca: “Aaghhhagagahgagagahaggaaagagahguuuuugrgrrrrrr”
- Nosotros: “Ahh, caray, Sr. Chewbacca, cómo así que no tiene contactos en el norte de la India?”
- Chewbacca: “ghhrrraaauugahhhhrraaadddfggg”.
- Nosotros: “Oiga, pero lo que nos sugiere de conseguir algo directamente en Delhi es un poco riesgoso. Puede que no consigamos nada para ir a Agra. No hay otra opción?”
- Chewbacca: “rrghghghhhaaseewweeeee”.
- Nosotros: “No, pues así las cosas no hay mucho que hacer. Muchas gracias Sr. Chewbacca.”.
- Chewbacca: “Adddghhhaaseewwaaa”.
- Nosotros: “Igualmente. Que pase buen día”.
Después de la conversación anterior, nos quedó claro que llegando a Delhi teníamos que buscarnos la vida lo antes posible o de lo contrario no conoceríamos el Taj Mahal.
El otro punto que teníamos pendiente era el hospedaje. Aquí las opiniones eran bastante divididas: “que yo quiero hotel con balcón y baño de mármol”, “pues yo quiero un colchón donde pasar la noche”, “que yo quiero un lugar que no sea lujoso, pero habitable”. Al final lo grupos se dividieron así:
- Brasileiros + Portugués. Hotel Ajanta. La descripción escrita no parecía mala, pero las fotos no le ayudaban mucho.
- Catalán + Mexicano. Hotel Relax. No existían muchas referencias salvo la recomendación del hermano del catalán quien estuvo en dicho hotel en un viaje previo a la India.
- Logroñés + Yo. Albergue YMCA. Qué diablos, parece que éramos los que menos estábamos dispuestos a gastar en hotel, pero era sólo un fin de semana…
El día esperado llegó y nuestro vuelo planeado a las 8:00pm estaba cercano, así que después de un intenso viernes de trabajo nos dirigimos por maletas y directo al aeropuerto.
Llegamos al aeropuerto internacional de Bangalore y después de otra de esas notorias y aparatosas fumigadas masivas pa’ matar piojos y bichos en la sala Terminal hicimos el check-in correspondiente y nos dispusimos a esperar directamente en el Gate 1 (el único habilitado que había). Después de una breve demora al fin llamaron al abordaje y por supuesto nos formamos en la fila correspondiente. Como era de esperarse aquella fila no habría de ser respetada por el resto de los pasajeros locales, pero hicimos lo necesario para que por lo menos en nuestros sitios no se metieran. Luego de varios minutos de desorden súbitamente llegaron dos sujetos de la milicia armados con menudas metralletas y con el dedo en el gatillo. Acto seguido, nuestro Gate se cerro y algunos nos quedamos en espera de abordar. Simplemente alcancé a gritarle al logroñés: “Hey Dani, apártame un lugar”. Después de otros minutos más volvieron a abrir el Gate y pudimos abordar entre empellones y dosis de gases lacrimógenos expelidos por los aparatos sudoríparos de los indianos. Al llegar al avión comenzaron a circular los rumores de por qué no habían dejado abordar a todos los pasajeros al mismo tiempo. La versión más socorrida es la siguiente: la tripulación de nuestro vuelo comenzó a pelear con la tripulación de otra aerolínea pues no se nos asignaba puerto de embarque. Ja, esto sólo pasa en la India…
Luego de un vuelo casi sin contratiempos llegamos a la Ciudad Capital de la India. Pensamos: “esto sí debe apegarse más a la civilización; por muy mal que estén, es la capital y todos los recursos seguro que vienen para acá”. Ja, cuán equivocados estábamos. Si bien el aeropuerto era mejor en tamaño con respecto al de Bangalore, no lo era respecto a infraestructura.
“Vaya, pues es tarde, seguro que mañana todo mejorará”, pensamos. Por el momento había que llegar al hotel que era ya bastante tarde. A los brasileños y al portugués los pasó a recoger el taxista (incluido en su paquete de hospedaje) y luego los llevó a su hotel. En cambio el catalán, el logroñés, el otro mexicano y yo tuvimos que tomar un taxi del aeropuerto que nos llevara a nuestros respectivos centros de hospedaje. Que adónde vamos primero? Pues primero llévenos al hotel del mexicano y el catalán: el famosísimo Hotel Relax.
Taxista: Donde está el Hotel Relax?
Nosotros: (pensando: tú eres el taxista y tú vives en Delhi, así que deberías saberlo) ehhh, sí, está en Nehru Bazar.
Taxista: Donde?
Nosotros: (pensando: mmmta, aparte de tarugo, sordo).
Catalán: En Nehru Bazar (pero con el característico acento ibérico, diferenciando la “s” de la “c” y la “z”).
2 Mexicanos: No Alex, no es Nehru Badhsar (tratando de imitar la z ibérica en palabras); es Nehru Bazar.
Total que se armó el alboroto del año, el taxista se detuvo a pedir información en una calle de auténtico miedo acerca de Nehru Badhsar hasta que al fin uno de ellos entendió adonde íbamos y dijo: “Ahhh, claro. Nehru Bazar. Si, den la vuelta en la siguiente, pasen el primer semáforo a la derecha y después de tres cuadras habrán llegado”.
Llegamos al famoso barrio del Nehru Bazar y era un lugar asquerosamente sucio y horrendo donde había malvivientes durmiendo en la calle en unos catres igualmente asquerosos y sucios, lleno de basura… en fin. Nunca he estado en “La merced” o alguna calle escondida de “Tepito” a las 2:00am, pero yo creo que es lo que más se le acerca en México. Lo único bueno es que parece que esos malvivientes no estaban drogados ni ebrios pues en la India es “mal visto” el consumo de “esas cosas”.
Luego de abandonar a aquel par a su suerte, pedimos al taxista que nos llevara a la “Guay”. Después de preguntar otro rato al fin llegamos y otra historia: un barrio normal, limpio, iluminado. Un hotel con una recepción limpia, donde aceptaban tarjeta de crédito, con alberca semi-olímpica, habitación independiente (para 2, pero independiente), aire acondicionado (era más el ruido que hacía que lo que enfriaba, pero además había ventilador), un baño decente, toallas limpias, en fin, una maravilla costo-beneficio.
A la mañana siguiente, después de la habitual ducha nos disponíamos a ir por la basura de desayuno que suelen dar en los albergues: café y pan duro con mantequilla rancia. Pero ohh, sorpresa, se trataba de desayuno buffet con huevo, hot cakes, indian delicacies, leche, cereal, té, pan, etc. Y lo mejor: estaba incluido en nuestra tarifa de hospedaje. Apenas podíamos creer lo que habíamos conseguido por unos 25 o 30 dólares. Estábamos ya disfrutando nuestro desayuno cuando de súbito recibimos la llamada de los brasileiros que ya venían en camino pues habían conseguido furgoneta para ir a Agra. Esperábamos que tardaran unos 20 minutos más para seguir disfrutando de un buen desayuno, pero no tardaron ni 3 minutos, cuando tuvimos que salir corriendo y saltar hacia la Toyota Innova.
Una vez en camino y bajo un intenso tráfico estábamos todos muy contentos de conocer un palacio de tremendas proporciones sólo antes visto a través de fotos. Después de casi una hora de tráfico urbano al fin dejamos atrás la ciudad y tomamos carretera. Ja, es impresionante la similitud que encontré entre las afueras de Delhi y algunas de las transversales que cruzan Paseo Tollocan en Toluca. “Esto podría ser México”, comenté.
Luego de algunas horas nos detuvimos para pagar los impuestos de viajar de un estado a otro. En realidad todo el trámite lo hizo el chofer y mientras tanto nosotros nos bajamos a estirar un poco las piernas. Nunca falta la gente que intenta ganarse la vida de una u otra forma y había paseadores de osos (ya habíamos tomado foto a eso, así que no le hicimos mucho caso), domadores de changos (veíamos changos por doquier, así que tampoco le hicimos mucho caso) y entre otras cosas, un encantador de serpientes, sí, como esos que salían en las caricaturas; ese sí se robó nuestra atención y al final le dimos alguna propina (puede apreciarse el encantador de serpientes en la imagen DSCN0170). Ja, pero para nuestra sorpresa, el domador de changos no se de donde sacó que le habíamos tomado una foto a su simio y quería propina. Nos negamos diciéndole que no habíamos tomado foto alguna, pero no nos creyó y quiso revisar la cámara de uno de los brasileiros. Éste último no accedió a mostrarle nada y el domador colérico se me puso a discutir en hindi, telugu o cualquier idioma de la región pues hemos de recordar que siempre me confundían con indiano. Intenté hacerle entender en inglés, pero me seguía hablando en su dialecto, así que comencé a hablarle en español. Se quedó medio impactado pues no me entendía. Luego como que se me desatontó y se puso a vociferar nuevamente, pero para ese entonces estábamos ya dentro de la furgoneta y en camino hacia Agra nuevamente.
Después de un rato nos detuvimos a tomar algo en un restorán de carretera y ahí nos encontramos con unas peculiares versiones asiáticas de Sprite y Coca-Cola (marcas registradas) como se muestra en la imagen DSC00403 y en la imagen DSC00404 en donde el buen Alexandre nos muestra su barriga de Sprite.
Emprendimos nuevamente lo que parecía un viaje interminable y después de varias horas de un paisaje de sabana esteparia al fin nuevamente vimos rastros de movimiento: una mezquita de carretera, como puede apreciarse en DSC00406. Unos 40 minutos después, la furgoneta se detiene y se introduce a lo que parece la entrada al Taj Mahal. Luego un guía de turistas se presenta diciendo que es parte de la compañía que nos rentó la furgoneta. Nosotros incrédulos le preguntamos al chofer y nos lo confirma.
Nosotros: entonces, ya está incluido? No tenemos que pagar nada adicional?
Chofer: Sí, sí. No tienen que pagar nada.
Nosotros: Ahh, pues entonces habrá que desquitar lo que ya pagamos.
Pagamos una cierta cantidad para entrar, lo cual no era tan caro, pero sí que lo era para los estándares de vida en la India. En fin, resultó que no era el Taj Mahal, sino que era una construcción que hizo el abuelo o el tío del sujeto que construyó el Taj Mahal. Dicha construcción puede verse desde DSC00409 hasta DSC00413. Un dato muy interesante que nos dio el guía es que las construcciones eran una mezcla de culturas árabes e indias e incluso algunas de las escrituras que hay en los muros (no se alcanza a apreciar) estaban en varios idiomas. Y a todo esto se preguntarán por qué. Tal vez por la estrecha distancia con medio oriente o tal vez por la gran afluencia comercial de la región. Pues no, porque el señor que construyó esto tenía no sé cuántas esposas de no se cuántos lugares y a cada región le puso un distintivo. En ese instante me dije: “ese tipo sí era un gallo y no pedazos; qué George Clooney ni que mis polainas”.
Bueno, pues ahora sí sólo quedaba conocer el Taj Mahal pero una duda tenía inquieto a más de uno: “Si a la Toyota Innova sólo le caben 8 pasajeros y nosotros somos 7 y el chofer es el octavo que faltaba, dónde viajará el guía?”. Seguimos nuestro camino hacia la furgoneta de lo más tranquilos mientras que alguno se quedó a tomar fotos de último momento. Al final todos apañamos lugares en los asientos traseros, luego llegaron el buen Alexandre y el guía que se habían quedado un poco atrás. Al asomarse el guía se quedó viendo hacia los asientos traseros con cara de “donde me pueden hacer un lugarcito?”. Y el resto de nosotros silbando, tomando fotos, haciéndose los dormidos o con cara de “acá ya no cabe un alfiler”. Por regla de descarte, el único asiento disponible era el de Alexandre (el del copiloto) así que tuvo una media hora para cultivar sus amistades masculinas en la India.
Al cabo de esos 30 minutos que pasaron en un abrir y cerrar de ojos para el resto, pero que para Alexandre debieron ser una eternidad al fin llegamos a Agra que como cualquier ciudad de la India no destacaba por una infraestructura bien planeada, pero pensamos: “hemos venido a ver el Taj Mahaj, no Agra”. Entramos a un estacionamiento público después de unos 15 minutos de manejo y al fin dijimos: “ahh, estirar piernas, conocer mausoleo de estilo árabe, tomar fotos y regresar a casa”. Pero una sorpresa más: el estacionamiento sólo era una escala más en el viaje. Aún faltaban unos 15 minutos pero no podíamos ir en la furgoneta porque contaminaba mucho y podía dañar la estructura del edificio; teníamos que ir en un vehículo eléctrico. Todos diciéndonos “Dios qué contrariedades tienen por estos lares. Se quejan de la contaminación de un vehículo japonés de última generación, con convertidor catalítico y de una marca que siempre se preocupa por la mejor eficiencia en sus emisiones al medio ambiente y no dicen nada de toda la ciudad que está francamente en condiciones muy insalubres y para colmo, al lado del Taj Mahal pasa un río con unas emisiones gaseosas que seguro pueden corroer metal en cuestión de días”. Ja, si tenían curiosidad de por qué llegué a México sin vello nasal, ahora saben la razón.
Bueno, al final de algo tienen que vivir estos chavales así que pagamos nuestra cuota del microbús eléctrico, descendimos y a pagar nuevamente. Otra vez no me acuerdo de la cantidad, pero si la vez pasada (en el primer edificio que construyó el abuelo del que hizo el Taj Mahal) se me hizo cara, esta se me hizo exorbitante para el nivel de vida de la India. Algo así como si para las pirámides de Teotihuacan te cobraran $1,500 pesos la entrada. Recuerdo que para nosotros como extranjeros no era tan tan caro, pero definitivamente barato no era y bueno, después de varias horas de vuelo y otras tantas de carretera no íbamos a detenernos a entrar por eso.
Nuestro kit de bienvenida incluía unos protectores de una telilla especial para ponerse sobre los zapatos. “Menos mal”, pensamos. Ya no más miedo de contraer ojos de pescado o similares por templos y monumentos (lo malo es que con las escaleras de mármol desgastado y esa telita tenías que ir con mucho cuidado para no caerte; en ese momento no lo sabíamos). Además incluía una botella de agua que ya nos hacía falta, pues el resto del camino desde nuestra parada en el restaurante de carretera, no vendían nada. Ja, esa botellita creo que era de un litro o 1.5 litros, pero al estar expuestos a una temperatura de 44°C se fue como caballito tequilero.
Pasamos el punto de revisión y los vendedores y fotógrafos no se hicieron esperar. Que la foto del recuerdo, que la foto el recuerdo. Y nosotros: “que no, que no”. Al final accedimos y el fotógrafo me preguntó algo pero no le entendí, así que en inglés le respondi: “perdón, que me preguntó?”. Fotógrafo: “Ahh, no nada, perdón, pensé que hablaba hindi”. Yo: “tranquilo, que eso piensan todo el tiempo”. Al final lo único que quería decirme es que nos apuráramos porque pronto iba a empezar a obscurecer y las fotos no iban a salir muy bien. Traducción: Son las 2:00pm, así que pronto no va a obscurecer pero se están tardando mucho tomando otras fotos y ya me quiero ir.
Por supuesto nos tomamos la foto grupal tradicional del Taj Mahal en papel (esa con el camino de agua apuntando directo al edificio principal) y otras tantas en digital. Para comprobarlo tenemos imágenes desde DSC00418 hasta DSC00436. Hay que acotar que algunas imágenes intermedias valen la pena una mención aparte:
DSC00427. Este tipo de torres se conocen como Alminar o Minarete. Desde ellas tradicionalmente el Imán (figura religiosa musulmana) llama a oración a los feligreses varias veces al día según lo dicta el Islam.
Acotación 1: La gente tiende a pensar que la cultura árabe y la india son lo mismo, pero no es así. Si bien es cierto que la mayoría de las religiones son muy parecidas en muchas cosas como el origen de la vida, la existencia de un solo Dios, el hombre a través de las sagradas escrituras correspondientes, etc., no por eso podemos asumir que lo árabe e indio es lo mismo. La cultura árabe se rige por y para su religión: la musulmana. Toda su vida económica, política y social está regida por la religión. La cultura india, por su parte, se rige por una mezcla de costumbres, tradiciones y religiones diversas (incluso dentro de la India). Por ejemplo en el centro del país hay quienes son omnívoros y en el sur totalmente vegetarianos sin saber siquiera de la existencia de otro tipo de platos en el centro o en el norte de la India. A pesar de que una mayoría se dice hinduista, sus costumbres y tradiciones pueden variar aunque en teoría la esencia es la misma.
Acotación 2: El hecho de que el Taj Mahal, un mausoleo creado por un indio, tenga grandes rasgos árabes no puede explicarse sino porque el arquitecto era de origen árabe y además, por la gran influencia que ejerció el imperio árabe en toda Asia, en particular los persas quienes dominaron el subcontinente indio en el primer milenio, para posteriormente ser invadido por afganos, turcos y árabes entre otros. De hecho alguna vez a la India se le conoció como Hindustán (Tierra de los que siguen el Hinduismo o Tierra por donde pasa el río Hindus, en persa), pero debido a conflictos políticos debía buscarse un término que no excluyera al resto de las religiones conviviendo en el país; por eso ahora se llama India. Entre otras cosas por eso mismo surge Pakistán en 1947 con una población mayoritariamente musulmana buscando una identidad propia y además por eso también hay una gran similitud en nombre con otros países de la región como Afganistán, Uzbekistán, Kazajstán, etc. El famoso “stán” no quiere decir otra cosa más que “Tierra de”, en persa.
Acotación 3. Con las declaraciones anteriores no quiero iniciar un debate sobre el origen de Pakistán, ni de los conflictos políticos en la India. Simplemente trato de aclarar el por qué de la influencia árabe en la India y de las diferencias que pueden tener ambas culturas, con la información que tengo a la mano. Si alguien tiene una corrección/sugerencia me la puede enviar pues de cultura árabe puedo decir que conozco un poco, pero de cultura india casi nada; lo poco que se es de lo que me va llegando en libros, folletos o de lo que encuentro en la carretera de la desinformación.
Acotación 4. La mayoría de la gente en la India NO usa turbante. Sólo lo usa un grupo que se hace llamar Sikhs, que puede ser considerada como otra religión más en la India.
Acotación 5. Ya no hay más acotaciones por el momento, jajajajaja, así que continuemos con las fotografías.
DSC00431. A cada lado del edificio principal hay dos construcciones como la mostrada en la imagen. Una con carácter religioso y otra sin un uso bien definido y comprobado. Se piensa que simplemente se construyó para guardar la simetría persistente en la arquitectura árabe.
DSC00433. Pa’ rematar con toda la explicación árabe anterior, nada mejor que un poco de escritura árabe que es muy diferente del hindi, a pesar de que ambas puedan parecernos jeroglíficos. El árabe se supone que fue creado por Alá, mientras que el hindi se deriva del sánscrito.
DSC00436. Esta es la entrada al Taj Mahal y las pequeñas cúpulas blancas en hilera en la parte superior suponen los años de construcción del edificio.
Aquí acaba la reseña sobre Agra y el Taj Mahal así que no queda más que contar salvo que en el camino de regreso pasamos a cenar no recuerdo si al mismo o a otro restorán de carretera, pero después de una deliciosa comida china le tomé una foto a una estatuilla de Ganesh, el dios elefante por excelencia de la India. Puede verse en la figura DSC00439.
Ja, pues después de varias horas de carretera y un tráfico tipo autopista Cuernavaca-México en domingo a las 6:00pm al llegar a Delhi, el chofer pasó a dejarnos a nuestros respectivos hoteles y quedamos de vernos en el Hotel Relax con Juan (el otro mexicano, para quienes no lo conozcan) para ir a conocer Delhi al día siguiente. Llegando al YMCA teníamos planeado ir a echar unos largos en pantaloneta en la piscina del hotel, pero llegamos taaaaaaan cansados que llegamos directitos a dormir. Traducción: teníamos planeado ir a la alberca a nadar un poco en bermudas, short, traje de baño o similares, pero llegamos muy cansados. Además según recuerdo le estaban dando mantenimiento cloral a la alberca.
A la mañana siguiente, después de un ligero desayuno, procedimos a tomar un auto-rickshaw que nos llevara primero al Hotel Relax para pasar por Juan y luego ir al famosísimo Fuerte Rojo. Después de que el taxista nos quiso ver la cara de gringos queriéndonos cobrar las perlas de la virgen, le quisimos dar una sopa de su propio chocolate. Por un tramo que debió salirnos en unas 20 rupias y por otro que a lo mucho nos debió cobrar 50 rupias, nos quería cobrar 150 o 200 rupias, no recuerdo. En fin, pasamos al horrendo vecindario de Nehru Bazar que de día se veía menos mal y preguntamos por Juan y Alex. Una muestra de zonas aledañas a Nehru Bazar se puede ver en las fotos DSC00442 y DSC00443.
Recepción Relax: No… aquí no vive ningún Yuan (así como lo escribí, lo pronunciaban en toda la India).
Yo: Ya se que no vive aquí, pero es su huésped. Llegó ayer en la madrugada.
Recepción Relax: A ver… déjeme preguntar.
Yo: Ok
Recepción Relax: No… que dice mi tía Pancha que aquí no vive ningún Yuan.
Yo: Sí, ya me habías dicho eso. Te digo que es un huésped del hotel. Llegó ayer con un español (lo siento Alex, pero no creo que hubieran entendido si les digo que eras oriundo de Catalunya).
Recepción Relax: Ahhh, sí. Ya se fueron. Agarraron sus cosas y se fueron esta mañana.
Yo: No es posible. Me pidieron que pasáramos por aquí. Puedo pasar a revisar su cuarto?
Recepción Relax: No, no. Están limpiando la habitación, además ya se fueron. Es más, ya ni están sus cosas. Primero dijeron que nos encargaban sus petacas, pero luego vinieron y se las llevaron.
Yo: Pues ni hablar. Si de casualidad regresan les dices por favor que venimos a buscarlos y como no los encontramos nos fuimos al Fuerte Rojo.
Recepción Relax: Sí, ande usté joven.
Bueno, al regresar al rickshaw me encontré con que Dani ya estaba listo para iniciar el viaje al Fuerte Rojo, pero al mando del volante. Parece que había hecho muy buena amistad con el taxista durante mi ausencia y ya hasta foto se iban a tomar. Emprendimos la travesía y después de varios minutos de pasar por barrios cada vez más feos, al fin el taxista nos dejó frente a la Jamma Masjid (la mezquita más grande de la India; bueno, en realidad todas las mezquitas de la India dicen ser las más grandes y casi todas se llaman Jamma Masjid; creo que es algo así como las paleterías La Michoacana que todas dicen ser las primeras y auténticas, pero esta vez por ser Delhi la Capital, alguna preferencia debe tener). Pagamos 100 rupias al taxista y se quedó con cara de: “si eran 200 peso mano” (así tal cual; no me comí la segunda “s” de pesos). Nosotros: “No seas abusivo. Te debimos pagar unas 70 rupias, pero te damos un extra porque nos caíste bien”. Y en fin, dejamos al taxista llorando por sus 130 rupias restantes… y espero que con una lección de honradez.
Para llegar a la mezquita había que recorrer un camino parecido al camino de agua del Taj Mahal, pero este estaba vacío y lleno de basura. “Andando”, le dije al buen Dani, como lo hacía Batman con Robin. Dios!!!. No se francamente cómo pasamos por ese camino sin una congestión nasal. Bueno en realidad, sí lo sé: pasamos más rápido que Flash, ya que la pestilencia por basura, además de el intenso olor a orina (y no me refiero a ese olor que a veces hay en el zócalo de la Cd. de México; no; esto era algo así como concentrado y añejado por 40 años en barricas de roble para conservar el “buqué”, jajajajaj) y si a esto le sumamos la cantidad de moscas y una temperatura de unos 43°C que intensificaba los olores, pues ya se imaginarán.
Después de llegar a las escaleras donde estoy en la foto DSC00449 pudimos encontrar un poco de aire fresco y sobre todo un poco de alivio. En la foto no se aprecia, pero para entrar a la mezquita había unos detectores de metal como los que hay en el aeropuerto, que no estaban conectados a ningún lado y por consiguiente nunca sonaban, pero al final creo que eran inalámbricos. El punto es que se nos hizo muy extraño. Y bueno, nos disponíamos a entrar, pero por supuesto era sin zapatos y además Dani iba en pantaloneta y tenía que ponerse un pareo rentado para no exponer sus desnudas rodillas en un lugar sagrado. “Bueno”, dijimos en un primer momento, “qué mas da?”. Y justo cuando íbamos a poner el primer pie nos sale un tipejo quesque guía de turistas que no podíamos entrar con cámaras. Que si queríamos tomar fotos debíamos pagar una cantidad irrisoria de rupias. Entonces Dani se quedó a cuidar cámaras, zapatos y demás mientras yo fui a dar un vistazo a la mezquita. Realmente no había mucho qué fotografiar, salvo palomas soltando sus “gracias” desde el aire y niños correteándolas como se ven en Coyoacán.
Al final salí y Dani tenía que irse pues había quedado de verse con una amiga de su madre viviendo en Delhi. De ahí nos separamos y antes de irme al Fuerte Rojo, que estaba enfrente, me eché unas gorditas de chicharrón prensado y unos tacos de suadero en un puesto que estaba afuera del metro Cuatro Caminos (foto DSC00451). Ahh y justo antes de cruzar la calle le tomé una foto a un templo Jainista (otra religión de la India) pa’ que se cultiven y no les quieran ver la cara diciéndoles que es una Catedral Rusa con motivos Tahitianos, pintada de rojo. En la foto DSC00481 se muestra otra perspectiva del mismo templo.
Bueno, bueno, ahora sí, al llegar a la taquilla del Fuerte Rojo me percaté de que había una fila inmensa para comprar boleto. Y me dije: “qué flojera!!!”. Ya me iba a ir, cuando de repente veo un letrero iluminado acompañado de sonidos de campanas que decía: Taquilla para Extranjeros. Ja, esa taquilla estaba vacía y pensé que no habría nadie atendiendo por lo mismo, pero para mi sorpresa pregunté el precio de la entrada, le di un billete, me dieron mi cambio al instante y ya tenía un boleto que la mayoría de los perdedores de la fila no podrían conseguir en al menos 4 horas. En eso me salió lo Mr. Bean y con singular alegría les enseñé mi boleto a todos los de la fila, jajajajajaja.
Del fuerte rojo no hay mucho qué contar, porque ahí si de plano ni un folleto me leí, pero varias imágenes valen más que mil palabras. Pueden consultar desde la foto DSC00454 hasta la DSC00474.
Después de una extenuante visita por el inmenso fuerte rojo y los efectos directos de los rayos solares, me fui a la cafetería a comprar unas botellas de agua, pero gran sorpresa, no había. Tuve que chutarme puro refresco que me quitó la sed de momento, pero a los pocos minutos ya estaba otra vez como perro después de correr. Lo bueno es que la deshidratación y la garganta reseca sí que se vieron aliviadas. Salí del fuerte y justo cuando iba pa’ juera los brasileiros y el portugués iban entrando pues consiguieron una buena tarifa en la que un taxista los estaba paseando por todos los lugares turísticos de Delhi.
Pensé en juntarme con ellos pero ya había visto el inmenso fuerte y me dio flojera, así que desistí casi al instante. Por otro lado, pensé que para conocer bien un lugar sólo hay tres formas y para ello podemos citar al buen Pepone Paez: “caminando, a pie o andando”. Así que a pesar de mi cansancio, me di a la tarea de tomar mi guía Rough Guides (competencia de Lonely Planet) y a emprender la caminata con rumbo desconocido. La primera calle por la que me metí fue la de la foto DSC00483. Me pareció atractiva pues se veía mucho movimiento como de tianguis así que seguí caminando hasta que me topé con la singular vendedora de nueces y especias de la foto DSC00485. Pensé en comprarle un poco de nueces pues ya me rugía la tripa, pero las condiciones de salubridad no eran las mejores y lo último que quería era pescar una infección estomacal en Delhi.
Seguí mi camino sin rumbo y pasé por calles bastante feas como se ve en las fotos DSC00486 y DSC00487 y después de mucho caminar cada vez se ponía más feo y las calles más angostas. Y como había escuchado que en Delhi sí hay robos y asesinatos, y yo con mi gran corpulencia y calles cada vez más angostas, pues me dio un poco de mello y me regresé. “Capaz que en una de esas me quieren asaltar y ya no voy a caber por las calles”, pensé. Me perdí por un rato, pero al poco tiempo salí muy cerca de donde había comenzado, pero más cansado. De las fotos DSC00490 a la DSC00492 son edificios cercanos a donde salí.
Esta vez procuré ir por calles comerciales grandes y mi trayecto fue bastante folclórico. En la foto DSC00493 por ejemplo, tienen una muestra de la Haute Couture de la moda masculina en la India. Esto es lo que se denominaba en aquella época como “prét-a-porter”. Y como capital de la moda india, tampoco podían faltar los grandes centros de confección como el que podemos ver en la imagen DSC00494.
Ja, y por poco se me olvidaba: faroles hay en México, India y en todo el mundo. En la foto DSC00496 puede apreciarse a una pareja de “juniors” indianos en un buggy con música de regguetón y Shakira a todo lo que da. Por supuesto el equipo de sonido para hacer más evidentes los graves y la luz neón por debajo no podían faltar.
Y prosiguiendo con el relato, en la foto DSC00497 se pueden apreciar unos mangos normales, pero en realidad estaban enormes y frescos y con una temperatura casi infernal pues se me antojaban bastante, pero una vez más hice gala de fuerza de voluntad y me ahorré una enfermedad gastrointestinal. Más adelante, llegué a una calle donde no había visto más cable enredados en mi vida, y miren que he andado por varios pueblos de México, donde aún es común el cableado exterior, pero nada comparado con esto. Lo pueden ver en la foto DSC00498.
Ahh, y para que vean que no es mentira que la gente purgue sus toxinas en la calle, pueden comprobarlo en las fotos DSC00500 y DSC05669. De hecho, cabe recalcar que en la última foto mencionada se aprecian los artilugios emprendidos por el gobierno de la capital para evitar que la gente haga suciedades en banquetas y paredes.
Y la vaca en medio de la calle, no podía faltar, como puede verse en la foto DSC00503. Siguiendo mi camino me topé con el templo Hare Krishna de la imagen DSC00504 y me invitaban a pasar, pero les dije que tenía un tiradero en la casa y tenía que llegar a recogerlo, así que me fui.
Vaya que hacía calor. Creo que lo he repetido en varias ocasiones, pero es que en serio era tremendo. Yo nunca sudo de los brazos, pero en aquella ocasión parecía que me habían rociado con esos protectores solares en presentación spray. Intentando revertir los efectos nocivos del calor extremo pues fui a hacer a Roma, lo que hacían los romanos: me compré un turbante para hacer la experiencia un poco más fresca como se ve en la foto DSC00507. El ñor que me vendió el turbante quería darme un trapo largo así nomás y no le pagué hasta que no me hizo el nudo característico. Mal hecho, pero me dejó el turbante listo.
En las fotos DSC00564, DSC05538 y DSC05668 se puede apreciar la versión ecológica de los autorickshaws que tienden a ser lo mismo, pero más baratos y que tienen sus propias bases de taxi, donde cual estación de metro donde hay microbuses, se pone un gritón a llamar pasajeros con un característico grito: “culé, culé, culé, culé, culééééééééééééé”.
Por otro lado, en la India es muy popular el estilo de vida “Alfresco”. Si no saben qué es alfresco, aquí tienen una breve descripción. Intenté buscar algo en la Real Acedemia Española, pero no encontré nada, así que me fui a Wikipedia:
Alfresco. Dícese de cualquier actividad realizada en exteriores; término particularmente usado en pintura y de uso difundido en la lengua inglesa. Un sinónimo puede ser la frase francesa “en plein air”. Extrañamente, el término suena italiano, pero en dicho idioma sus connotaciones son: “en la cárcel” o simplemente, “aire fresco”.
Por ejemplo, todos los 7 consultores por lo menos una vez comimos en un restorán de Bangalore donde servían cortes vacunos a las brasas. Como comíamos en un lugar al aire libre, incluso la misma propaganda del restorán decía: “The Only Place: the best experience of dining alfresco”. Bajo este mismo concepto, es que en la India existe toda una gran industria alfresco enfocada a un máximo contacto con la naturaleza, como se puede apreciar en la foto DSC05668 donde se ve claramente una barbería “alfresco” o la foto DSC05669 donde tenemos algunos baños públicos “alfresco”.
Casi para finalizar tenemos una foto del atardecer de nuestro último día en Delhi: el India Gate (foto DSC05733). Este arco fue creado en memoria de más de 90,000 soldados indianos que murieron en la guerra afgana y en la primera guerra mundial, aunque hay versiones que indican que se construyó para una de las tantas visitas efectuadas por la Casa Real Inglesa.
Y para cerrar, los dejo con dos fotos: DSC00511 y DSC05768. En ellas aparezco con mi turbante en el aeropuerto dejando a más de un local asombrado, pues los Sikhs siempre usan barba larga (cosa que yo no, aunque quiera porque no me distingo por una barba abundante) y no hablan español.
Ahh, por poco se me olvidaba. Luego de esperar unos 15 minutos de demora en el aeropuerto, tuvimos que esperar otros 15 minutos. Luego ya de plano dijeron media hora y luego 1h. Para no hacer el cuento largo, tuvimos una demora como de 5 o 6 horas. Y ya que apañamos asiento en el avión, pensamos que todo estaría resuelto, pero nooooooo, todavía tuvimos que esperar alrededor de una hora más, por mal tiempo: una tormenta de arena. Moraleja: si algún día viajan a la India y quieren ahorrarse una lana, no la ahorren con Air Deccan; realmente vale la pena pagar un poco más por un servicio más confiable y por un asiento numerado…
Ja, ahora sí ha terminado una reseña más, pero les adelanto el tema de las próximas reseñas: el lejano oriente. Caray, a veces incluso yo me asombro de todo lo que puedo escribir cuando mis manos ponen en acción el teclado de cualquier computadora. Si así fuera para el trabajo… jajajajaja.
Un saludo y esperen nuevas reseñas.
Õ Tigre do nascimento
lunes, 19 de marzo de 2007
Reseña de la India parte III (Re-cargada)
(Originalmente enviado el: 21-Ago-2006)
CAPÌTULO III
INTRO
Hey, pues como lo prometido es deuda, aquí les venimos presentando como promoción especial y por única vez, la tercera entrega de su novela preferida: “Entre Indianos te veas”. Digamos que la motivación surgió de tantos reclamos a mi llegada a la oficina de México por dejar inconclusos los flashes informativos de tan peculiar país.
Como siempre, habrá de apoyarse en la guía visual multimedia disponible en: http://photos.yahoo.com/misfotosdelaindia carpeta 2a Tanda.
ADVERTENCIA: El relato presentado a continuación puede contener altas dosis de violencia, lenguaje explícito y sexual, de forma que su lectura es estrictamente para personas mayores de 18 años. Se recomienda discreción.
LA TERCERA SAGA INICIA
Cuenta la leyenda que alguna vez, un grupo de intrépidos y temerarios Indianos que querían llegar al centro del planeta azul se pasaron de cavada y atravesaron el mundo por completo, llegando a tierras aztecas. En realidad dicho mito no suena tan descabellado tomando en cuenta que los mexicanos somos “antípodas” de los indios (tanto indio como hindú son gentilicios generalmente aceptados).
Antípoda; ese extraño término lo escuché por primera vez de un conocido socio que se encuentra en la oficina de DMR México, cuyo nombre empieza con “B” y pa’ que no haya pierde les daré otra pista: su nombre termina con “runo Sanz”. Ja, seguro si son tan incultos como yo, no sabrán qué son antípodas; es por ello que me di a la tarea de investigar la definición oficial en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “Antípoda: Dicese de cualquier habitante del globo terrestre con respecto a otro que more en lugar diametralmente opuesto”.
Por otro lado, el término “Indiano” a usarse ampliamente en la presente reseña no es más que el gentilicio utilizado por los portugués-parlantes para referirse a los naturales de la India.
Y ya para finalizar con esta sesión de breviario cultural, hemos de proseguir con el tema central de la presente reseña: nuestro viaje a Mysore (ahh, qué maravilla!!!):
Todo comenzó cuando nos dimos a la tarea de rentar una “furgoneta” Toyota Qualis (ver imagen DSC00290) originalmente para los siete elementos básicos presentes en Bangalore: 2 mexicanos, 2 brasileiros, 1 portugués, 1 logroñés (oriundo de la rioja) y 1 catalán (no tienes nada qué agradecer, Alex), pero claro, nunca faltan los aguafiestas con su “yo no quiero ir”, “a mi no me gustan los pueblos”, “mejor me voy a la playa” y total, que sólo acabamos yendo los portugués-parlantes. Ja, seguro estarán pensando que yo no hablo portugués, pero oh sorpresa!!!, como ninguno de los 14 lenguajes oficiales en la India fueron de mi total agrado y tenía la encomienda personal de aprender un nuevo idioma, pues me di a la tarea de aprender un poco de la “Jinga Brasileira”. Ahhh, garoootooo!!!!
Partimos de nuestro cubil felino (Serene Groove Guest Houses) a eso de las 800 horas y nos dispusimos inmediatamente a tomar carretera unos cincuenta minutos después, debido al intenso tráfico provocado por las marchas del Peje en Bangalore (chiste local que seguro no entenderán los no-mexicanos).
Desde el momento en que vislumbramos el inicio de la carretera, nos percatamos de la gran afluencia de vehículos de todos tamaños transitando por ellas. Y retomando las declaraciones hechas en capítulos anteriores, fue de gran sorpresa para nosotros encontrarnos con que en lugar de tener una carretera de dos carriles para cada sentido, hubimos de transitar por una carretera de cuatro carriles y doble sentido en cada uno de ellos. Sí, había vehículos pesados transitando en contrasentido, motociclistas temerarios que no se hacían a un lado al ver tremendos camiones materialistas manejando hacia ellos, rebases llenos de adrenalina que apenas pueden compararse con los roces en la Nascar y a todo esto la velocidad tan baja con la que se circula en ciudad, hubo de ser reemplazada por la exorbitante velocidad de 120km/h (esto es exorbitante para la India, para quienes no estén impresionados) por la que circulan los vehículos de gran potencia como las furgonetas y autos ligeros como el Maruti Suziki “Swift”. Además, por supuesto no han de faltar las carretas tiradas por ganado bovino, camellos o borriquillos que no destacan por su velocidad, pero sí por su singular estilo para transportar sobre todo paja y algunos vegetales.
Pasó el tiempo en carretera y pronto me percaté de la gran similitud con la provincia mexicana al encontrarnos inicialmente con plantíos de magueyes en las orillas, bajo un clima semidesértico muy parecido a los caminos que llevan a Querétaro o Hidalgo, y posteriormente, el ecosistema dio un cambio radical para convertirse en una selva esteparia tan parecida a las carreteras federales de la costa de Oaxaca o Guerrero con cocoteros y gran vegetación además de la característica tierra rojiza. De hecho el buen Manuel Téllez (Consultor de DMR México) al ver las fotos de nuestro viaje, señaló atinadamente que era como estar en Pochutla o Pinotepa Nacional. Y efectivamente, era un recordar nostálgico de la campiña mexicana.
Por otra parte, al portugués se le ocurrió decir una barbaridad: “miren, un oso en la carretera”. Mi respuesta inmediata fue “no seas tonto, ¿cómo va a ser un oso?” (“tonto” vino a reemplazar a la palabra original en mi expresión para no transgredir la decencia y las buenas costumbres de la familia mexicana). Todos volteamos a ver hacia donde se nos había señalado y vimos a un sujeto que no era ni muy joven ni muy viejo, ni muy blanco ni muy moreno, ni muy alto ni muy chaparro, ni muy pobre ni muy rico y tampoco iba ni muy lento ni muy aprisa. En resumen, era un tipo cualquiera que estaba paseando por el acotamiento de la carretera a uno de esos perros lanudos como los que salen en las caricaturas. Poco faltó para que el portugués recibiera un zape por confundir especies del reino animal y olvidado el tema continuamos nuestro camino sin más, preguntándole al chofer si había osos en el camino. Obviamente su respuesta fue negativa. Y bueno, después de tanto discutir, al fin el buen hombre nos confesó que no sabía lo que era un oso, así que dejamos de preguntarle. Poco más tarde el portugués encontró una foto de un oso en su guía American Express y se la mostramos al chofer, quien dijo, “ahhh, un shelenguipudi” o algo así; en definitiva no le entendimos ni pío y ahora sí, no se volvió a hablar más del tema.
Tiempo después llegamos a un pueblito similar a la mismísima Pinotepa Nacional, lo cual fue augurio de nuestro próximo arribo a la localidad de Mysore. Efectivamente, unos minutos después estábamos llegando a uno de los templos más significativos de la cultura de la India, como puede apreciarse en las imágenes DCS00277, DSC00278 y DSC00388. La llegada transcurrió de lo más normal, sin embargo, para ser un lugar tan turístico había poca gente aunque había uno que otro vendedor ambulante insistentemente tratando de venderte unos elefantes tallados en madera con un elefante más pequeño en su interior y todo en una sola pieza de madera. Según se argumentaba, era una pieza de artesanía que no se podía encontrar en ningún otro lugar de la India. Ja, lo que no sabía el vendedor era que los mismos elefantitos ya nos los habían ofrecido tiempo atrás en nuestro querido Bangalore, bajo el mismo discurso de ser piezas únicas en todo el país. En fin, nos adelantamos caminando rápidamente y perdimos de vista al molesto vendedor para llegar a la entrada del templo y para nuestra sorpresa y como en el resto de los lugares ultra sagrados de la India, teníamos que deshacernos de nuestros zapatos antes de entrar al templo. Inmediatamente pensamos en regresar a la furgoneta y dejar ahí nuestro calzado pero el calor era tan sofocante y tan intenso en el suelo, que optamos por dejar todo en la entrada del templo. Justo en ese lugar había unos tipejos que se hacían llamar “Cuida-zapatos” pero se veían como cualquier limpiaparabrisas de esquina y no nos dieron la confianza inicial que requeríamos para dejar nuestro fino calzado a su custodia. Al final terminamos por acceder, ya que era la única forma de entrar al sacro lugar y lo primero que vimos fueron unas estatuillas de elefantes tallados en piedra con grandes detalles ornamentales, justo como los elefantes de batalla o desfiles (ver figura DSC00280). Lo demás sobra describirlo: arquitectura antigua con motivos religiosos y numerosas deidades llenando cada uno de los espacios del templo. Cabe destacar que, en un rato de meditación mientras los demás admiraban el resto del templo alcancé el nivel de relajación necesaria para llegar al “nirvana” (último grado de meditación o iluminación según el hinduismo; ver diapositiva DSC00284). En fin, terminamos nuestro recorrido y fuimos a recoger nuestros zapatos con un cierto temor de no encontrarlos y seguir nuestro viaje descalzos a la usanza de Mahatma Gandhi. Afortunadamente todo estaba en orden y con una pequeña propina pudimos recuperarlos. Al caminar hacia la furgoneta, el insistente vendedor ambulante que nos encontramos a la entrada, dejó de molestarme a después de ver que conmigo no tendría ningún resultado. Por ello, fue directamente hacia su siguiente víctima: el brasileiro con aspecto de alemán adinerado. Lo atosigó insistentemente tratando de vender una caja de sándalo tallado por unas 2000 rupias y mientras ellos seguían en sus labores de cabildeo, vi a una indefensa y pobre viejecilla pidiendo limosna así que decidí darle unas cuantas monedas para hacer su día un poco más llevadero. Justo al sonar de las monedas en su mano, aparecieron en un acto que ni el mismísimo David Copperfield sería capaz de hacer, una multitud de pordioseros a mi alrededor, justo como palomas afuera de cualquier catedral esperando a que les avienten maíz. Ahhh, qué miedo me dieron, pues en definitiva la higiene no era su especial característica y tomando en cuenta que en la India la lepra puede ser una enfermedad común aún en nuestros días, eché a correr escabulléndome entre los recovecos que encontré a mi paso y me fui a refugiar en la furgoneta, subiendo inmediatamente las ventanillas a pesar del calor sofocante del cual era presa. Aquella, era una imagen aterradora que parecía sacada de cualquier película de horror ochentera, donde los zombies te persiguen y golpean sin cesar la lámina y ventanillas del automóvil sin que el motor pueda echarse a andar, por fallas mecánicas jamás antes detectadas. En mi caso, no podíamos marcharnos por esperar al resto del grupo que continuaba en su labor de compra de artesanías locales quienes lograron bajar el precio excesivo mencionado anteriormente hasta unos cuantos cientos de rupias para llenar de regalos y recuerditos a su familia y “namoradas” (novias en portugués) al llegar a su país natal.
De ahí partimos a un lugar que se conoce como Chamundi Hills, famoso por otro templo legendario. Para ir a dichas colinas habíamos de pasar por el centro de la Ciudad de Mysore y en la figura DSC00287 se puede apreciar el camino panorámico que adorna la entrada a la ciudad. De igual forma, en la figura DSC05210 ha de observarse una de las mezquitas más famosas y grandes de la zona al igual que la iglesia cristiana de Santa Filomena mostrada en la imagen DSC00286. Después de un viaje de unos 20 minutos hacia la colina al fin llegamos al otro templo en donde también había que quitarse los zapatos, pero decidimos no entrar ya que el suelo en dicho sitio estaba más sucio que el Mercado de Jamaica a las dos de la tarde en sábado, así que optamos por tomarnos la foto del recuerdo junto a una estatua gigantesca de un monigote sosteniendo una espada y una serpiente (ver figura DSC05219). Justo al bajar la colina, nos detuvimos en un mirador y fue en tal lugar en donde nos encontramos al peculiar personaje de la imagen DSC00292, quien según indicaciones del chofer era un pordiosero, pero después de algunas poses y ruidos tan graciosos que hacía le dimos algunas monedas “para un taco”.
Acto seguido y aún en la colina, pasamos a admirar al Dios Toro pero en esta ocasión hicimos un poco de trampa y no nos quitamos los zapatos, pues argumentamos que si no entrábamos a cuadro principal donde estaba la estatua, no estaríamos pisando suelo sagrado.
Después de haber tomado la foto del recuerdo procedimos a irnos al hotel que un buen samaritano de I-flex nos había reservado con mucho esfuerzo, pues estábamos en un periodo vacacional y todos los hoteles estaban a su máxima capacidad de ocupación. No teníamos la menor idea del aspecto del hotel; simplemente nos habían dicho que no era un hotel sino uno de esos centros Spa. Al encaminarnos a nuestro lugar de descanso vislumbramos un edificio de belleza singular y cada vez nos fuimos acercando más y más hasta que no había duda, el hotel que se muestra en la figura DSC00387 seguramente sería nuestro centro de Spa. “Ahh, qué buen lugar nos reservaron”, pensamos todos al unísono, pero oh sorpresa!!!, casi al instante nos enteramos de que efectivamente era un hotel, pero no era el nuestro, sino el famoso Lalitha Mahal Palace. Nuestro centro de masajes y relajación estaba cerca pero no era ese. Al cabo de andar unos 5 minutos más por la carretera, al fin llegamos al Indus Valley Ayurvedic Centre. Descargamos la furgoneta con nuestro equipaje y nos atendió una señorita con un sugerente atuendo de tela vaporosa y quien destacaba de entre toda la región por sus encantos naturales, pero al pasar un momento junto a ella ooohhh, Dios!!! Qué pestilenciaaaa!!!; dejaba al andar una estela vinagrosa por varios minutos y miren que yo llevaba la nariz un poco constipada. En fin, nos dio un breve recorrido por el lugar en el que se oían los típicos cantos del “Om” del hinduismo y nos mostró los centros de masajes ayurvédicos (podemos considerar lo naturista y ayurvédico como similares; podemos decir que es lo mismo, pero más barato). Se nos sugirió que descansáramos un poco para después ir a la alberca y si lo deseábamos tomar un relajante masaje ayurvédico. Optamos por seguir la recomendación de descansar como lo atestigua la imagen IMGP3599 y cuando nos dispusimos a ir a la piscina, más sorpresas!!!, estábamos en un campo de concentración neo-nazi!!!, y encima de todo habíamos pagado para que nos llevaran ahí!!!, como lo describe la figura DSC00296. Sí, ese fue nuestra primera impresión, pero poco después se nos dijo que la Cruz Swástica era considerada en toda la India como símbolo de buena suerte y como elemento básico para alejar las fuerzas negativas de la naturaleza. Qué respiro dimos al saber que no terminaríamos como jabones de tocador o grasa para zapatos. Ante alentadora noticia y ya con más confianza, ahora sí nos dimos tremendo chapuzón, refrescándonos del sofocante calor de verano (imagen DSC00386).
Al terminar con nuestros aqua-aerobics, hubimos de seguir viajando para conocer un lugar famoso por sus cataratas. En realidad no recuerdo el nombre del lugar, pero lo importante era el espectáculo nocturno que se montaba en conjunción con elementos de iluminación de alta tecnología. Al llegar y estacionarnos me percaté de que aquellos meses que mi hermano se había perdido quesque trabajando en Nueva York, seguramente estuvo visitando la India, pues todos los niñitos que cuidaban los autos me decían: “Ándele tío, cómpreme una postal”, “tío, yo le cuido el coche”, “tío, le lavo la furgoneta”. Y en fin, eran tantos mis sobrinos que acababa de conocer que me atosigaron y me di a la fuga para ir a comprar los boletos a la taquilla correspondiente. El boleto no era significativamente caro, pero si querías introducir tu cámara al lugar había que pagar “boleto de cámara” el cual era ostensiblemente más caro que el de personas. Pagamos lo necesario y nos formamos en otra fila para entrar, pero como la concurrencia era bastante numerosa y por tanto, la cola era enorme, me di a la tarea de entrar a la Indiana, es decir, caminar disimuladamente hasta el principio de la fila, hacer como que estuve haciendo cola por 3 horas y dar un paso a la derecha para mimetizarme con el resto de la multitud que sí se había formado. Algunos elementos del grupo sí hicieron la cola correspondiente, mientras que otros más osados siguieron mis pasos. Jajajajajaja, como ésta es una costumbre bastante frecuente en las filas de la India, nadie me dijo nada!!! Al entrar, caminamos y caminamos hasta llegar a otro pasillo flotante por el que tuvimos que caminar aún más. La pestilencia del agua estancada de una especie de presa era bastante singular pero era opacada por la impresión que causaban las parejas de sujetos del sexo masculino tomados de la mano o abrazados lujuriosamente como se abordó en las reseñas de capítulos anteriores. Es justo en este punto en el que la desilusión comenzó a hacerse presente: al final del camino, llegamos a las famosas cataratas iluminadas, que no eran más que 3 escalones de cemento por las que corría un poco de agua y que estaban iluminadas. No lo podía creer!!! Casi 3 horas de viaje para ver unos escalones con niños mojándose los pies no era precisamente mi idea de diversión. El chofer nos dijo que aguardáramos, que lo de las cataratas no era nada comparado con el espectáculo que vendría a continuación. Asentimos y fuimos avanzando entre golpes y empujones debido a la gran masa de gente que quería ver el espectáculo final, hasta que llegamos y vimos que las gradas del estadio estaban completamente forradas de gente, por lo que tuvimos que conformarnos con permanecer de pie. Minutos después comenzaron a anunciar el gran evento, nuestro estado anímico y adrenalina estaban a tope, ya queríamos ser testigos del gran espectáculo hasta que al fin dio comienzo y wooooooow!!!!, lo que presenciamos fueron unas maravillosas fuentes danzarinas como las que te tenías que chutar en Parque Acuático Atlantis cuando eras pequeño y te llevaban tus papás (ver imagen DSC00309). Ohhh, decepción!, pero la gente estaba eufórica y acompañaban el ritmo de la música con la palmas y con una alegría sin igual. El espectáculo duró alrededor de 15 minutos y terminó sin más ni más. Nosotros con nuestro ánimo por los suelos, lo único que queríamos era ir a descansar al hotel, así que nos dimos prisa pues como es común en cualquier evento masivo, la salida siempre es un caos. Y efectivamente, el tumulto no se hizo esperar y una vez más entre empellones y aprietos pudimos encontrar nuestro camino de regreso al estacionamiento en donde antes de salir, vi a una señora en cuclillas a un lado de un arbusto y en tono de broma les dije a los demás: “miren, está haciendo del baño en pleno jardín”. Como nadie nos entendía, fuimos los únicos que soltamos una risa ensordecedora, pero pronto la señora intentó reincorporarse, se dio una sacudidita y a fin de cuentas mi supuesta broma se convirtió en realidad así que los sorprendidos fuimos nosotros.
De regreso y tras otras 3 horas de camino, por fin llegamos al hotel en donde nos aguardaba un concierto con música tradicional de la India con esos sonidos tan chillantes y repetitivos tan característicos en la música del Punjab (ver imagen DSC00377).
Después de más de 50 minutos de gran ejecución artística, el espectáculo dio a su fin y además de cansancio por la gran actividad que tuvimos durante el día, estábamos bastante hambrientos, así que nos dispusimos a cenar en las mismas instalaciones de Indus Valley Ayurvedic Centre y más sorpresas nos aguardaban: por ser un centro ayurvédico, lo lógico era que sirvieran comida ayurvédica, la cual estaba compuesta de leche de soya, té, agua natural de manantial y el suculento platillo de la figura IMGP3632 que consistía en un arroz aguado, unas verduras en cubos con yogurt aguado, más verduras asadas en cubos y una salsa harto especiada y aguada. Al terminar de cenar aún teníamos hambre, pues la comida ayurvédica no es especialmente saciadora, pero a pesar del gran cansancio, aún teníamos pila para ir a visitar el magnificente Palacio del Maharaja (que por cierto no se pronuncia marajá como todos lo hemos hecho hasta ahora, sino majaraya), pues se nos había informado que el espectáculo nocturno no tenía comparación debido al sistema de iluminación aplicado al edificio principal.
Partimos rumbo al Palacio de Mysore, como también se le conoce, para ver la gran estructura iluminada para comprobar la majestuosidad y el gran escenario que se presentaba ante nuestros ojos. Lamentablemente llegamos muy tarde de Bandipur y ya no estaba disponible el acceso al público, por lo que simplemente nos conformamos con tomar la foto del recuerdo, como puede verse en las imágenes IMGP3739 y DSC05449.
Al regresar, el cansancio era evidente y apenas pusimos un pie en el hotel, dormimos profundamente en espera de nuestra siguiente aventura.
A la mañana siguiente, despertamos muy temprano para ir a conocer el parque natural safari cómico mágico musical de Bandipur. Partimos alrededor de las 7:00am para llegar a buena hora, dado que nos aguardaban más de tres horas de viaje para alcanzar nuestro destino. Al final y después de varias horas de carretera y de un portugués despertándonos a todos al tomarnos fotos jetones con flash de doble intensidad, llegamos al esperado safari, pero desgraciadamente el primer safari había comenzado a las 6:00am y el siguiente comenzaba a las 4:00pm. Inmediatamente decidimos comprar las entradas para el evento de cacería y optamos por las localidades más caras: un paseo en Jeep privado con preferencia y acceso a áreas a las que el autobús comunitario no podía llegar. Vaya que nos salió en una buena “pasta” (palabra del español ibérico vulgar que hace referencia a lana, plata, marmaja o similares): INR3000 (Indian Rupees), digamos que algo así como 700 pesos a repartirse entre cuatro personas.
Como nos faltaban varias horas para el safari, optamos por tomar un paseo preliminar de 30 minutos en elefante. Nuestro vehículo todo terreno puede verse en la imagen DSC00319 y aunque pareciera que media hora puede ser un viaje no tan corto, la verdad es que el elefante no destacaba por su velocidad, así que realmente dimos un paseo de unos 250 metros de ida y vuelta. Terminó nuestro paseo prehistórico y descendimos, para encontrarnos con esos changos pequeñines que iban de aquí para allá con tal libertad que a veces resultaban molestos para algunos turistas al efectuar pequeños actos de robo de bienes materiales, comida e incluso algunos trepados en los toldos de los automóviles a punto de partir (imagen DSC00337).
Y como el paseo en elefante no nos consumió mucho tiempo, decidimos ir a visitar otro de esos templos ultra-sagrados a una media hora del lugar y en la cima de una montaña. Justo cuando íbamos subiendo por la pendiente para alcanzar el templo, un automovilista que venía en contrasentido nos alertó de un elefante salvaje que estaba amenazando a los visitantes. El chofer inmediatamente se alarmó y comenzó a dar media vuelta para regresar, pero nosotros prácticamente lo obligamos a que continuara el ascenso. Ja, un poco temeroso el chofer accedió a nuestra petición y casi al llegar a la cumbre nos dimos cuenta de la realidad: efectivamente había elefantes salvajes en su hábitat, pero de ninguna manera estaba bloqueando el camino ni amenazando a los visitantes, sino simplemente estaba en la montaña contigua con el resto de su familia dando el paseo dominical como puede apreciarse en la imagen DSC00325.
Continuamos nuestro camino hasta el pico de la montaña y aquí nos encontramos al peculiar personaje de la imagen DSC00326 bombeando para sacar un poco de agua. El atuendo que porta es el tradicional ropaje que usan los hombres de casta baja, quienes culturalmente aceptan dicha distinción con todo orgullo o resignación. El templo en cuestión puede verse en la figura DCS00327, así como los detalles ornamentales y/o religiosos de la imagen DSC00330. En esta ocasión decidimos no entrar al templo, pues por supuesto teníamos que quitarnos los zapatos y el calor del medio día no hacía soportable para nuestros delicados pies el contacto con el suelo. Dimos un breve paseo por la montaña acompañados de nuestro chofer como se ve en la figura IMGP3679 y al fin teníamos la intención de regresar al safari para emprender el viaje de aventura.
Ya en la carretera que conduce al safari y a unos pocos minutos de éste, decidimos detenernos en un restorán de carretera que no tenía tan mala pinta. Se trataba de comida buffet pero el calor reemplazaba fácilmente nuestra hambre con mucha sed y necesidad de rehidratación. Comenzamos con un par de botellas de KingFisher, la cerveza oficial de la India y al fin, nomás por no dejar fuimos a servirnos un poco de alimento. Qué nueva sorpresa fue aquella al probar dichos alimentos; sin temor a equivocarme ahí probé la mejor comida durante toda nuestra estancia en la India. Los platillos eran básicamente arroz hervido, dahl (que es una sopa como de haba molida), chapatis (que son como tortillas de harina semi-integrales), arroz con masala, nueces y pasas y un pollo en su jugo. Lo mejor de todo fue el arroz condimentado con nueces y sin duda si algún día he de regresar a la India, iré nuevamente a degustar esa delicia culinaria. Pa’ rematar nos dieron algo parecido a avena o arroz con leche con un poco de especias que tampoco estaba nada mal, aunque un poco caliente.
Terminamos de la comilona y era de esperarse que el sueño se apoderara de nosotros, por lo que fuimos a una terracita a charlar un poco, pero he de reconocer que yo de plano sí me dormí. Emprendimos el camino de nuevo hacia el safari y esperamos un poco a que comenzara el recorrido hasta que finalmente abordamos nuestro Jeep (ver figura DSC00340) y al inicio vimos el centro de lavado de elefantes de la zona como es notorio en las imágenes DSC00339 y DSC05365. Estos elefantes eran los que se usaban en el safari para dar paseos a turistas, pero el elefante de la imagen DSC00353 era el primer y único elefante salvaje que vimos durante todo nuestro recorrido.
El grupo de los cuatro aventureros que íbamos en el safari, estábamos con la gran expectativa de ver algún tigre de bengala, leopardo o cualquier otro animal temible para entrenar un poco a la vieja usanza del coliseo romano. Para nuestra desventura sólo vimos animales nada peligrosos como venados, changos, más venados, un jabalí, un pavo real, más venados, algunas aves, más venados y más changos. Cuando finalizó el recorrido, esta vez ya estábamos bastante cansados así que decidimos regresar al hotel a reposar en estado vegetativo.
Llegando a la ciudad de Mysore, fuimos a cenar, pero esta vez decidimos ir a un restaurante más normalito donde hubiera pollo con gripe aviar, vegetales asados, tacos de queso y algo más. La comida estuvo muy buena, pero el servicio malísimo. Estuvimos esperando a que nos atendieran, pero nunca lo logramos, así que llamamos al camarero en reiteradas ocasiones y al fin nos hizo caso, pero en lugar de tomar nuestra orden, nos preguntó que si queríamos un postre o la cuenta. Qué??? La cuenta??? Pero si aún no habíamos pedido ni un refresco. Al final terminó disculpándose y creímos que el servicio mejoraría, pero desgraciadamente no fue así. Al cabo de una larga discusión ordenamos y durante la comida se me ocurrió pedir un Mango Lassi que es una bebida a base de leche fermentada (parecida al yogurt) pero nunca llegó. Terminamos de comer y pedimos la cuenta a otro camarero y cancelamos mi Mango Lassi, pero esta vez el camarero era bastante servicial y cómico. En un abrir y cerrar de ojos me trajo la bebida y cerró con broche de oro pidiéndome que no cancelara la bebida ya que “a strong man, needs strong food”… Desde ese entonces me gané el apodo de “strongy man” (pronunciación portuguesa). Cerramos la cuenta, regresamos al hotel y ahora sí dormimos tan profundo que pudo pasar una excavadora por encima de nosotros sin darnos cuenta.
A la mañana siguiente fuimos una vez más al Palacio de Mysore, pero esta vez para tomar algunas fotos de día y para entrar a ver un poco sus instalaciones. Justo en la taquilla estábamos comprando los boletos correspondientes y un vendedor ambulante se acercó a uno de los brasileños que más bien tiene finta de alemán y sin más ni más le dijo “Hey, beautiful, guy” refiriéndose a unas cajitas de madera tallada que vendía, pero desde entonces al buen Vanderlei Pererira le dijimos que se había ganado la simpatía del público masculino indiano y por tanto el apodo de “Beautiful Guy”. Poco después, al pasar la puerta principal una vez más tuvimos que quitarnos los zapatos a pesar de que no se trataba de un sitio sagrado y el calor hacía de nuestros pies un auténtico huarache motuleño. Al entrar vimos el lujo con que solía vivir la realeza de la India y era poco más que impresionante tomando en cuenta la zona desértica en que estaba situado el palacio. De hecho en uno de los murales, vi un animal pintado que hace muchos años había visto pero sólo en sueños: se trataba de una especia de llama, pero con un pelaje lacio y largo que ondeaba al caminar. Esa fue una imagen que me dejó impresionado pues me confortó el hecho de saber que mis sueños no son tan locos como yo creía.
En fin, terminamos nuestro recorrido e inmediatamente pusimos pie en la furgoneta para regresar al maravilloso Bangalore. Íbamos ya en la carretera después de unas horas de viaje y de repente el chofer nos señaló algo a un lado del camino. “Qué?, no te entendimos, puedes repetirlo?”, le dijimos. Y una vez más nos señaló algo en el camino. Esta vez, ya todo era evidente. Era un tipo con un OSO caminando por el acotamiento de la carretera!!! Ja, a fin de cuentas el portugués no nos había mentido y efectivamente había visto un oso en la carretera. Le pedimos al chofer que se detuviera para tomarle una foto. El tipo accedió inmediatamente, pues al parecer de eso viven en la región. Bajé la ventanilla para tomar la foto correspondiente y de súbito el oso se para en sus patas traseras y hace un ruido estruendoso y amenazante acompañado de varios salpicones de baba. Todos nos asustamos, pero como yo iba en el asiento del copiloto, que era donde estaba más cerca el oso, inmediatamente intenté subir la ventanilla, pero maldito vidrio, era eléctrico y subía muy lentamente así que por lo menos una babeada sí me tocó. Arrancamos la furgoneta y nos fuimos, pero no sin antes darle una pequeña propina al sujeto que nos dejó tomar la foto al oso. No fue sino hasta ese momento que nos percatamos de las condiciones inhumanas con las que controlaban a un animal salvaje; las palabras sobran ya que las imágenes finales hablan por sí solas.
Continuamos nuestro camino a casa un poco asombrados y de repente una larga fila de autos nos detuvo. Se trataba del primer accidente automovilístico que habíamos presenciado en carreteras de la India. A ciencia cierta nunca supimos qué fue realmente lo que pasó, pero estábamos tan cansados que lo único que queríamos era llegar a nuestro cubil felino a descansar.
Llegamos a eso de las 7:00pm y exhaustos por el viaje procedimos a dormir para ir al día siguiente a currar (palabra ibérica que puede usarse como sinónimo de trabajar) a las instalaciones de I-Flex solutions Ltd. Es en este momento, querido lector en el que acaba la tercera entrega de las reseñas, pero sigan esperando porque aún hay más…
Saludos,
Strongy Man.
CAPÌTULO III
INTRO
Hey, pues como lo prometido es deuda, aquí les venimos presentando como promoción especial y por única vez, la tercera entrega de su novela preferida: “Entre Indianos te veas”. Digamos que la motivación surgió de tantos reclamos a mi llegada a la oficina de México por dejar inconclusos los flashes informativos de tan peculiar país.
Como siempre, habrá de apoyarse en la guía visual multimedia disponible en: http://photos.yahoo.com/misfotosdelaindia carpeta 2a Tanda.
ADVERTENCIA: El relato presentado a continuación puede contener altas dosis de violencia, lenguaje explícito y sexual, de forma que su lectura es estrictamente para personas mayores de 18 años. Se recomienda discreción.
LA TERCERA SAGA INICIA
Cuenta la leyenda que alguna vez, un grupo de intrépidos y temerarios Indianos que querían llegar al centro del planeta azul se pasaron de cavada y atravesaron el mundo por completo, llegando a tierras aztecas. En realidad dicho mito no suena tan descabellado tomando en cuenta que los mexicanos somos “antípodas” de los indios (tanto indio como hindú son gentilicios generalmente aceptados).
Antípoda; ese extraño término lo escuché por primera vez de un conocido socio que se encuentra en la oficina de DMR México, cuyo nombre empieza con “B” y pa’ que no haya pierde les daré otra pista: su nombre termina con “runo Sanz”. Ja, seguro si son tan incultos como yo, no sabrán qué son antípodas; es por ello que me di a la tarea de investigar la definición oficial en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “Antípoda: Dicese de cualquier habitante del globo terrestre con respecto a otro que more en lugar diametralmente opuesto”.
Por otro lado, el término “Indiano” a usarse ampliamente en la presente reseña no es más que el gentilicio utilizado por los portugués-parlantes para referirse a los naturales de la India.
Y ya para finalizar con esta sesión de breviario cultural, hemos de proseguir con el tema central de la presente reseña: nuestro viaje a Mysore (ahh, qué maravilla!!!):
Todo comenzó cuando nos dimos a la tarea de rentar una “furgoneta” Toyota Qualis (ver imagen DSC00290) originalmente para los siete elementos básicos presentes en Bangalore: 2 mexicanos, 2 brasileiros, 1 portugués, 1 logroñés (oriundo de la rioja) y 1 catalán (no tienes nada qué agradecer, Alex), pero claro, nunca faltan los aguafiestas con su “yo no quiero ir”, “a mi no me gustan los pueblos”, “mejor me voy a la playa” y total, que sólo acabamos yendo los portugués-parlantes. Ja, seguro estarán pensando que yo no hablo portugués, pero oh sorpresa!!!, como ninguno de los 14 lenguajes oficiales en la India fueron de mi total agrado y tenía la encomienda personal de aprender un nuevo idioma, pues me di a la tarea de aprender un poco de la “Jinga Brasileira”. Ahhh, garoootooo!!!!
Partimos de nuestro cubil felino (Serene Groove Guest Houses) a eso de las 800 horas y nos dispusimos inmediatamente a tomar carretera unos cincuenta minutos después, debido al intenso tráfico provocado por las marchas del Peje en Bangalore (chiste local que seguro no entenderán los no-mexicanos).
Desde el momento en que vislumbramos el inicio de la carretera, nos percatamos de la gran afluencia de vehículos de todos tamaños transitando por ellas. Y retomando las declaraciones hechas en capítulos anteriores, fue de gran sorpresa para nosotros encontrarnos con que en lugar de tener una carretera de dos carriles para cada sentido, hubimos de transitar por una carretera de cuatro carriles y doble sentido en cada uno de ellos. Sí, había vehículos pesados transitando en contrasentido, motociclistas temerarios que no se hacían a un lado al ver tremendos camiones materialistas manejando hacia ellos, rebases llenos de adrenalina que apenas pueden compararse con los roces en la Nascar y a todo esto la velocidad tan baja con la que se circula en ciudad, hubo de ser reemplazada por la exorbitante velocidad de 120km/h (esto es exorbitante para la India, para quienes no estén impresionados) por la que circulan los vehículos de gran potencia como las furgonetas y autos ligeros como el Maruti Suziki “Swift”. Además, por supuesto no han de faltar las carretas tiradas por ganado bovino, camellos o borriquillos que no destacan por su velocidad, pero sí por su singular estilo para transportar sobre todo paja y algunos vegetales.
Pasó el tiempo en carretera y pronto me percaté de la gran similitud con la provincia mexicana al encontrarnos inicialmente con plantíos de magueyes en las orillas, bajo un clima semidesértico muy parecido a los caminos que llevan a Querétaro o Hidalgo, y posteriormente, el ecosistema dio un cambio radical para convertirse en una selva esteparia tan parecida a las carreteras federales de la costa de Oaxaca o Guerrero con cocoteros y gran vegetación además de la característica tierra rojiza. De hecho el buen Manuel Téllez (Consultor de DMR México) al ver las fotos de nuestro viaje, señaló atinadamente que era como estar en Pochutla o Pinotepa Nacional. Y efectivamente, era un recordar nostálgico de la campiña mexicana.
Por otra parte, al portugués se le ocurrió decir una barbaridad: “miren, un oso en la carretera”. Mi respuesta inmediata fue “no seas tonto, ¿cómo va a ser un oso?” (“tonto” vino a reemplazar a la palabra original en mi expresión para no transgredir la decencia y las buenas costumbres de la familia mexicana). Todos volteamos a ver hacia donde se nos había señalado y vimos a un sujeto que no era ni muy joven ni muy viejo, ni muy blanco ni muy moreno, ni muy alto ni muy chaparro, ni muy pobre ni muy rico y tampoco iba ni muy lento ni muy aprisa. En resumen, era un tipo cualquiera que estaba paseando por el acotamiento de la carretera a uno de esos perros lanudos como los que salen en las caricaturas. Poco faltó para que el portugués recibiera un zape por confundir especies del reino animal y olvidado el tema continuamos nuestro camino sin más, preguntándole al chofer si había osos en el camino. Obviamente su respuesta fue negativa. Y bueno, después de tanto discutir, al fin el buen hombre nos confesó que no sabía lo que era un oso, así que dejamos de preguntarle. Poco más tarde el portugués encontró una foto de un oso en su guía American Express y se la mostramos al chofer, quien dijo, “ahhh, un shelenguipudi” o algo así; en definitiva no le entendimos ni pío y ahora sí, no se volvió a hablar más del tema.
Tiempo después llegamos a un pueblito similar a la mismísima Pinotepa Nacional, lo cual fue augurio de nuestro próximo arribo a la localidad de Mysore. Efectivamente, unos minutos después estábamos llegando a uno de los templos más significativos de la cultura de la India, como puede apreciarse en las imágenes DCS00277, DSC00278 y DSC00388. La llegada transcurrió de lo más normal, sin embargo, para ser un lugar tan turístico había poca gente aunque había uno que otro vendedor ambulante insistentemente tratando de venderte unos elefantes tallados en madera con un elefante más pequeño en su interior y todo en una sola pieza de madera. Según se argumentaba, era una pieza de artesanía que no se podía encontrar en ningún otro lugar de la India. Ja, lo que no sabía el vendedor era que los mismos elefantitos ya nos los habían ofrecido tiempo atrás en nuestro querido Bangalore, bajo el mismo discurso de ser piezas únicas en todo el país. En fin, nos adelantamos caminando rápidamente y perdimos de vista al molesto vendedor para llegar a la entrada del templo y para nuestra sorpresa y como en el resto de los lugares ultra sagrados de la India, teníamos que deshacernos de nuestros zapatos antes de entrar al templo. Inmediatamente pensamos en regresar a la furgoneta y dejar ahí nuestro calzado pero el calor era tan sofocante y tan intenso en el suelo, que optamos por dejar todo en la entrada del templo. Justo en ese lugar había unos tipejos que se hacían llamar “Cuida-zapatos” pero se veían como cualquier limpiaparabrisas de esquina y no nos dieron la confianza inicial que requeríamos para dejar nuestro fino calzado a su custodia. Al final terminamos por acceder, ya que era la única forma de entrar al sacro lugar y lo primero que vimos fueron unas estatuillas de elefantes tallados en piedra con grandes detalles ornamentales, justo como los elefantes de batalla o desfiles (ver figura DSC00280). Lo demás sobra describirlo: arquitectura antigua con motivos religiosos y numerosas deidades llenando cada uno de los espacios del templo. Cabe destacar que, en un rato de meditación mientras los demás admiraban el resto del templo alcancé el nivel de relajación necesaria para llegar al “nirvana” (último grado de meditación o iluminación según el hinduismo; ver diapositiva DSC00284). En fin, terminamos nuestro recorrido y fuimos a recoger nuestros zapatos con un cierto temor de no encontrarlos y seguir nuestro viaje descalzos a la usanza de Mahatma Gandhi. Afortunadamente todo estaba en orden y con una pequeña propina pudimos recuperarlos. Al caminar hacia la furgoneta, el insistente vendedor ambulante que nos encontramos a la entrada, dejó de molestarme a después de ver que conmigo no tendría ningún resultado. Por ello, fue directamente hacia su siguiente víctima: el brasileiro con aspecto de alemán adinerado. Lo atosigó insistentemente tratando de vender una caja de sándalo tallado por unas 2000 rupias y mientras ellos seguían en sus labores de cabildeo, vi a una indefensa y pobre viejecilla pidiendo limosna así que decidí darle unas cuantas monedas para hacer su día un poco más llevadero. Justo al sonar de las monedas en su mano, aparecieron en un acto que ni el mismísimo David Copperfield sería capaz de hacer, una multitud de pordioseros a mi alrededor, justo como palomas afuera de cualquier catedral esperando a que les avienten maíz. Ahhh, qué miedo me dieron, pues en definitiva la higiene no era su especial característica y tomando en cuenta que en la India la lepra puede ser una enfermedad común aún en nuestros días, eché a correr escabulléndome entre los recovecos que encontré a mi paso y me fui a refugiar en la furgoneta, subiendo inmediatamente las ventanillas a pesar del calor sofocante del cual era presa. Aquella, era una imagen aterradora que parecía sacada de cualquier película de horror ochentera, donde los zombies te persiguen y golpean sin cesar la lámina y ventanillas del automóvil sin que el motor pueda echarse a andar, por fallas mecánicas jamás antes detectadas. En mi caso, no podíamos marcharnos por esperar al resto del grupo que continuaba en su labor de compra de artesanías locales quienes lograron bajar el precio excesivo mencionado anteriormente hasta unos cuantos cientos de rupias para llenar de regalos y recuerditos a su familia y “namoradas” (novias en portugués) al llegar a su país natal.
De ahí partimos a un lugar que se conoce como Chamundi Hills, famoso por otro templo legendario. Para ir a dichas colinas habíamos de pasar por el centro de la Ciudad de Mysore y en la figura DSC00287 se puede apreciar el camino panorámico que adorna la entrada a la ciudad. De igual forma, en la figura DSC05210 ha de observarse una de las mezquitas más famosas y grandes de la zona al igual que la iglesia cristiana de Santa Filomena mostrada en la imagen DSC00286. Después de un viaje de unos 20 minutos hacia la colina al fin llegamos al otro templo en donde también había que quitarse los zapatos, pero decidimos no entrar ya que el suelo en dicho sitio estaba más sucio que el Mercado de Jamaica a las dos de la tarde en sábado, así que optamos por tomarnos la foto del recuerdo junto a una estatua gigantesca de un monigote sosteniendo una espada y una serpiente (ver figura DSC05219). Justo al bajar la colina, nos detuvimos en un mirador y fue en tal lugar en donde nos encontramos al peculiar personaje de la imagen DSC00292, quien según indicaciones del chofer era un pordiosero, pero después de algunas poses y ruidos tan graciosos que hacía le dimos algunas monedas “para un taco”.
Acto seguido y aún en la colina, pasamos a admirar al Dios Toro pero en esta ocasión hicimos un poco de trampa y no nos quitamos los zapatos, pues argumentamos que si no entrábamos a cuadro principal donde estaba la estatua, no estaríamos pisando suelo sagrado.
Después de haber tomado la foto del recuerdo procedimos a irnos al hotel que un buen samaritano de I-flex nos había reservado con mucho esfuerzo, pues estábamos en un periodo vacacional y todos los hoteles estaban a su máxima capacidad de ocupación. No teníamos la menor idea del aspecto del hotel; simplemente nos habían dicho que no era un hotel sino uno de esos centros Spa. Al encaminarnos a nuestro lugar de descanso vislumbramos un edificio de belleza singular y cada vez nos fuimos acercando más y más hasta que no había duda, el hotel que se muestra en la figura DSC00387 seguramente sería nuestro centro de Spa. “Ahh, qué buen lugar nos reservaron”, pensamos todos al unísono, pero oh sorpresa!!!, casi al instante nos enteramos de que efectivamente era un hotel, pero no era el nuestro, sino el famoso Lalitha Mahal Palace. Nuestro centro de masajes y relajación estaba cerca pero no era ese. Al cabo de andar unos 5 minutos más por la carretera, al fin llegamos al Indus Valley Ayurvedic Centre. Descargamos la furgoneta con nuestro equipaje y nos atendió una señorita con un sugerente atuendo de tela vaporosa y quien destacaba de entre toda la región por sus encantos naturales, pero al pasar un momento junto a ella ooohhh, Dios!!! Qué pestilenciaaaa!!!; dejaba al andar una estela vinagrosa por varios minutos y miren que yo llevaba la nariz un poco constipada. En fin, nos dio un breve recorrido por el lugar en el que se oían los típicos cantos del “Om” del hinduismo y nos mostró los centros de masajes ayurvédicos (podemos considerar lo naturista y ayurvédico como similares; podemos decir que es lo mismo, pero más barato). Se nos sugirió que descansáramos un poco para después ir a la alberca y si lo deseábamos tomar un relajante masaje ayurvédico. Optamos por seguir la recomendación de descansar como lo atestigua la imagen IMGP3599 y cuando nos dispusimos a ir a la piscina, más sorpresas!!!, estábamos en un campo de concentración neo-nazi!!!, y encima de todo habíamos pagado para que nos llevaran ahí!!!, como lo describe la figura DSC00296. Sí, ese fue nuestra primera impresión, pero poco después se nos dijo que la Cruz Swástica era considerada en toda la India como símbolo de buena suerte y como elemento básico para alejar las fuerzas negativas de la naturaleza. Qué respiro dimos al saber que no terminaríamos como jabones de tocador o grasa para zapatos. Ante alentadora noticia y ya con más confianza, ahora sí nos dimos tremendo chapuzón, refrescándonos del sofocante calor de verano (imagen DSC00386).
Al terminar con nuestros aqua-aerobics, hubimos de seguir viajando para conocer un lugar famoso por sus cataratas. En realidad no recuerdo el nombre del lugar, pero lo importante era el espectáculo nocturno que se montaba en conjunción con elementos de iluminación de alta tecnología. Al llegar y estacionarnos me percaté de que aquellos meses que mi hermano se había perdido quesque trabajando en Nueva York, seguramente estuvo visitando la India, pues todos los niñitos que cuidaban los autos me decían: “Ándele tío, cómpreme una postal”, “tío, yo le cuido el coche”, “tío, le lavo la furgoneta”. Y en fin, eran tantos mis sobrinos que acababa de conocer que me atosigaron y me di a la fuga para ir a comprar los boletos a la taquilla correspondiente. El boleto no era significativamente caro, pero si querías introducir tu cámara al lugar había que pagar “boleto de cámara” el cual era ostensiblemente más caro que el de personas. Pagamos lo necesario y nos formamos en otra fila para entrar, pero como la concurrencia era bastante numerosa y por tanto, la cola era enorme, me di a la tarea de entrar a la Indiana, es decir, caminar disimuladamente hasta el principio de la fila, hacer como que estuve haciendo cola por 3 horas y dar un paso a la derecha para mimetizarme con el resto de la multitud que sí se había formado. Algunos elementos del grupo sí hicieron la cola correspondiente, mientras que otros más osados siguieron mis pasos. Jajajajajaja, como ésta es una costumbre bastante frecuente en las filas de la India, nadie me dijo nada!!! Al entrar, caminamos y caminamos hasta llegar a otro pasillo flotante por el que tuvimos que caminar aún más. La pestilencia del agua estancada de una especie de presa era bastante singular pero era opacada por la impresión que causaban las parejas de sujetos del sexo masculino tomados de la mano o abrazados lujuriosamente como se abordó en las reseñas de capítulos anteriores. Es justo en este punto en el que la desilusión comenzó a hacerse presente: al final del camino, llegamos a las famosas cataratas iluminadas, que no eran más que 3 escalones de cemento por las que corría un poco de agua y que estaban iluminadas. No lo podía creer!!! Casi 3 horas de viaje para ver unos escalones con niños mojándose los pies no era precisamente mi idea de diversión. El chofer nos dijo que aguardáramos, que lo de las cataratas no era nada comparado con el espectáculo que vendría a continuación. Asentimos y fuimos avanzando entre golpes y empujones debido a la gran masa de gente que quería ver el espectáculo final, hasta que llegamos y vimos que las gradas del estadio estaban completamente forradas de gente, por lo que tuvimos que conformarnos con permanecer de pie. Minutos después comenzaron a anunciar el gran evento, nuestro estado anímico y adrenalina estaban a tope, ya queríamos ser testigos del gran espectáculo hasta que al fin dio comienzo y wooooooow!!!!, lo que presenciamos fueron unas maravillosas fuentes danzarinas como las que te tenías que chutar en Parque Acuático Atlantis cuando eras pequeño y te llevaban tus papás (ver imagen DSC00309). Ohhh, decepción!, pero la gente estaba eufórica y acompañaban el ritmo de la música con la palmas y con una alegría sin igual. El espectáculo duró alrededor de 15 minutos y terminó sin más ni más. Nosotros con nuestro ánimo por los suelos, lo único que queríamos era ir a descansar al hotel, así que nos dimos prisa pues como es común en cualquier evento masivo, la salida siempre es un caos. Y efectivamente, el tumulto no se hizo esperar y una vez más entre empellones y aprietos pudimos encontrar nuestro camino de regreso al estacionamiento en donde antes de salir, vi a una señora en cuclillas a un lado de un arbusto y en tono de broma les dije a los demás: “miren, está haciendo del baño en pleno jardín”. Como nadie nos entendía, fuimos los únicos que soltamos una risa ensordecedora, pero pronto la señora intentó reincorporarse, se dio una sacudidita y a fin de cuentas mi supuesta broma se convirtió en realidad así que los sorprendidos fuimos nosotros.
De regreso y tras otras 3 horas de camino, por fin llegamos al hotel en donde nos aguardaba un concierto con música tradicional de la India con esos sonidos tan chillantes y repetitivos tan característicos en la música del Punjab (ver imagen DSC00377).
Después de más de 50 minutos de gran ejecución artística, el espectáculo dio a su fin y además de cansancio por la gran actividad que tuvimos durante el día, estábamos bastante hambrientos, así que nos dispusimos a cenar en las mismas instalaciones de Indus Valley Ayurvedic Centre y más sorpresas nos aguardaban: por ser un centro ayurvédico, lo lógico era que sirvieran comida ayurvédica, la cual estaba compuesta de leche de soya, té, agua natural de manantial y el suculento platillo de la figura IMGP3632 que consistía en un arroz aguado, unas verduras en cubos con yogurt aguado, más verduras asadas en cubos y una salsa harto especiada y aguada. Al terminar de cenar aún teníamos hambre, pues la comida ayurvédica no es especialmente saciadora, pero a pesar del gran cansancio, aún teníamos pila para ir a visitar el magnificente Palacio del Maharaja (que por cierto no se pronuncia marajá como todos lo hemos hecho hasta ahora, sino majaraya), pues se nos había informado que el espectáculo nocturno no tenía comparación debido al sistema de iluminación aplicado al edificio principal.
Partimos rumbo al Palacio de Mysore, como también se le conoce, para ver la gran estructura iluminada para comprobar la majestuosidad y el gran escenario que se presentaba ante nuestros ojos. Lamentablemente llegamos muy tarde de Bandipur y ya no estaba disponible el acceso al público, por lo que simplemente nos conformamos con tomar la foto del recuerdo, como puede verse en las imágenes IMGP3739 y DSC05449.
Al regresar, el cansancio era evidente y apenas pusimos un pie en el hotel, dormimos profundamente en espera de nuestra siguiente aventura.
A la mañana siguiente, despertamos muy temprano para ir a conocer el parque natural safari cómico mágico musical de Bandipur. Partimos alrededor de las 7:00am para llegar a buena hora, dado que nos aguardaban más de tres horas de viaje para alcanzar nuestro destino. Al final y después de varias horas de carretera y de un portugués despertándonos a todos al tomarnos fotos jetones con flash de doble intensidad, llegamos al esperado safari, pero desgraciadamente el primer safari había comenzado a las 6:00am y el siguiente comenzaba a las 4:00pm. Inmediatamente decidimos comprar las entradas para el evento de cacería y optamos por las localidades más caras: un paseo en Jeep privado con preferencia y acceso a áreas a las que el autobús comunitario no podía llegar. Vaya que nos salió en una buena “pasta” (palabra del español ibérico vulgar que hace referencia a lana, plata, marmaja o similares): INR3000 (Indian Rupees), digamos que algo así como 700 pesos a repartirse entre cuatro personas.
Como nos faltaban varias horas para el safari, optamos por tomar un paseo preliminar de 30 minutos en elefante. Nuestro vehículo todo terreno puede verse en la imagen DSC00319 y aunque pareciera que media hora puede ser un viaje no tan corto, la verdad es que el elefante no destacaba por su velocidad, así que realmente dimos un paseo de unos 250 metros de ida y vuelta. Terminó nuestro paseo prehistórico y descendimos, para encontrarnos con esos changos pequeñines que iban de aquí para allá con tal libertad que a veces resultaban molestos para algunos turistas al efectuar pequeños actos de robo de bienes materiales, comida e incluso algunos trepados en los toldos de los automóviles a punto de partir (imagen DSC00337).
Y como el paseo en elefante no nos consumió mucho tiempo, decidimos ir a visitar otro de esos templos ultra-sagrados a una media hora del lugar y en la cima de una montaña. Justo cuando íbamos subiendo por la pendiente para alcanzar el templo, un automovilista que venía en contrasentido nos alertó de un elefante salvaje que estaba amenazando a los visitantes. El chofer inmediatamente se alarmó y comenzó a dar media vuelta para regresar, pero nosotros prácticamente lo obligamos a que continuara el ascenso. Ja, un poco temeroso el chofer accedió a nuestra petición y casi al llegar a la cumbre nos dimos cuenta de la realidad: efectivamente había elefantes salvajes en su hábitat, pero de ninguna manera estaba bloqueando el camino ni amenazando a los visitantes, sino simplemente estaba en la montaña contigua con el resto de su familia dando el paseo dominical como puede apreciarse en la imagen DSC00325.
Continuamos nuestro camino hasta el pico de la montaña y aquí nos encontramos al peculiar personaje de la imagen DSC00326 bombeando para sacar un poco de agua. El atuendo que porta es el tradicional ropaje que usan los hombres de casta baja, quienes culturalmente aceptan dicha distinción con todo orgullo o resignación. El templo en cuestión puede verse en la figura DCS00327, así como los detalles ornamentales y/o religiosos de la imagen DSC00330. En esta ocasión decidimos no entrar al templo, pues por supuesto teníamos que quitarnos los zapatos y el calor del medio día no hacía soportable para nuestros delicados pies el contacto con el suelo. Dimos un breve paseo por la montaña acompañados de nuestro chofer como se ve en la figura IMGP3679 y al fin teníamos la intención de regresar al safari para emprender el viaje de aventura.
Ya en la carretera que conduce al safari y a unos pocos minutos de éste, decidimos detenernos en un restorán de carretera que no tenía tan mala pinta. Se trataba de comida buffet pero el calor reemplazaba fácilmente nuestra hambre con mucha sed y necesidad de rehidratación. Comenzamos con un par de botellas de KingFisher, la cerveza oficial de la India y al fin, nomás por no dejar fuimos a servirnos un poco de alimento. Qué nueva sorpresa fue aquella al probar dichos alimentos; sin temor a equivocarme ahí probé la mejor comida durante toda nuestra estancia en la India. Los platillos eran básicamente arroz hervido, dahl (que es una sopa como de haba molida), chapatis (que son como tortillas de harina semi-integrales), arroz con masala, nueces y pasas y un pollo en su jugo. Lo mejor de todo fue el arroz condimentado con nueces y sin duda si algún día he de regresar a la India, iré nuevamente a degustar esa delicia culinaria. Pa’ rematar nos dieron algo parecido a avena o arroz con leche con un poco de especias que tampoco estaba nada mal, aunque un poco caliente.
Terminamos de la comilona y era de esperarse que el sueño se apoderara de nosotros, por lo que fuimos a una terracita a charlar un poco, pero he de reconocer que yo de plano sí me dormí. Emprendimos el camino de nuevo hacia el safari y esperamos un poco a que comenzara el recorrido hasta que finalmente abordamos nuestro Jeep (ver figura DSC00340) y al inicio vimos el centro de lavado de elefantes de la zona como es notorio en las imágenes DSC00339 y DSC05365. Estos elefantes eran los que se usaban en el safari para dar paseos a turistas, pero el elefante de la imagen DSC00353 era el primer y único elefante salvaje que vimos durante todo nuestro recorrido.
El grupo de los cuatro aventureros que íbamos en el safari, estábamos con la gran expectativa de ver algún tigre de bengala, leopardo o cualquier otro animal temible para entrenar un poco a la vieja usanza del coliseo romano. Para nuestra desventura sólo vimos animales nada peligrosos como venados, changos, más venados, un jabalí, un pavo real, más venados, algunas aves, más venados y más changos. Cuando finalizó el recorrido, esta vez ya estábamos bastante cansados así que decidimos regresar al hotel a reposar en estado vegetativo.
Llegando a la ciudad de Mysore, fuimos a cenar, pero esta vez decidimos ir a un restaurante más normalito donde hubiera pollo con gripe aviar, vegetales asados, tacos de queso y algo más. La comida estuvo muy buena, pero el servicio malísimo. Estuvimos esperando a que nos atendieran, pero nunca lo logramos, así que llamamos al camarero en reiteradas ocasiones y al fin nos hizo caso, pero en lugar de tomar nuestra orden, nos preguntó que si queríamos un postre o la cuenta. Qué??? La cuenta??? Pero si aún no habíamos pedido ni un refresco. Al final terminó disculpándose y creímos que el servicio mejoraría, pero desgraciadamente no fue así. Al cabo de una larga discusión ordenamos y durante la comida se me ocurrió pedir un Mango Lassi que es una bebida a base de leche fermentada (parecida al yogurt) pero nunca llegó. Terminamos de comer y pedimos la cuenta a otro camarero y cancelamos mi Mango Lassi, pero esta vez el camarero era bastante servicial y cómico. En un abrir y cerrar de ojos me trajo la bebida y cerró con broche de oro pidiéndome que no cancelara la bebida ya que “a strong man, needs strong food”… Desde ese entonces me gané el apodo de “strongy man” (pronunciación portuguesa). Cerramos la cuenta, regresamos al hotel y ahora sí dormimos tan profundo que pudo pasar una excavadora por encima de nosotros sin darnos cuenta.
A la mañana siguiente fuimos una vez más al Palacio de Mysore, pero esta vez para tomar algunas fotos de día y para entrar a ver un poco sus instalaciones. Justo en la taquilla estábamos comprando los boletos correspondientes y un vendedor ambulante se acercó a uno de los brasileños que más bien tiene finta de alemán y sin más ni más le dijo “Hey, beautiful, guy” refiriéndose a unas cajitas de madera tallada que vendía, pero desde entonces al buen Vanderlei Pererira le dijimos que se había ganado la simpatía del público masculino indiano y por tanto el apodo de “Beautiful Guy”. Poco después, al pasar la puerta principal una vez más tuvimos que quitarnos los zapatos a pesar de que no se trataba de un sitio sagrado y el calor hacía de nuestros pies un auténtico huarache motuleño. Al entrar vimos el lujo con que solía vivir la realeza de la India y era poco más que impresionante tomando en cuenta la zona desértica en que estaba situado el palacio. De hecho en uno de los murales, vi un animal pintado que hace muchos años había visto pero sólo en sueños: se trataba de una especia de llama, pero con un pelaje lacio y largo que ondeaba al caminar. Esa fue una imagen que me dejó impresionado pues me confortó el hecho de saber que mis sueños no son tan locos como yo creía.
En fin, terminamos nuestro recorrido e inmediatamente pusimos pie en la furgoneta para regresar al maravilloso Bangalore. Íbamos ya en la carretera después de unas horas de viaje y de repente el chofer nos señaló algo a un lado del camino. “Qué?, no te entendimos, puedes repetirlo?”, le dijimos. Y una vez más nos señaló algo en el camino. Esta vez, ya todo era evidente. Era un tipo con un OSO caminando por el acotamiento de la carretera!!! Ja, a fin de cuentas el portugués no nos había mentido y efectivamente había visto un oso en la carretera. Le pedimos al chofer que se detuviera para tomarle una foto. El tipo accedió inmediatamente, pues al parecer de eso viven en la región. Bajé la ventanilla para tomar la foto correspondiente y de súbito el oso se para en sus patas traseras y hace un ruido estruendoso y amenazante acompañado de varios salpicones de baba. Todos nos asustamos, pero como yo iba en el asiento del copiloto, que era donde estaba más cerca el oso, inmediatamente intenté subir la ventanilla, pero maldito vidrio, era eléctrico y subía muy lentamente así que por lo menos una babeada sí me tocó. Arrancamos la furgoneta y nos fuimos, pero no sin antes darle una pequeña propina al sujeto que nos dejó tomar la foto al oso. No fue sino hasta ese momento que nos percatamos de las condiciones inhumanas con las que controlaban a un animal salvaje; las palabras sobran ya que las imágenes finales hablan por sí solas.
Continuamos nuestro camino a casa un poco asombrados y de repente una larga fila de autos nos detuvo. Se trataba del primer accidente automovilístico que habíamos presenciado en carreteras de la India. A ciencia cierta nunca supimos qué fue realmente lo que pasó, pero estábamos tan cansados que lo único que queríamos era llegar a nuestro cubil felino a descansar.
Llegamos a eso de las 7:00pm y exhaustos por el viaje procedimos a dormir para ir al día siguiente a currar (palabra ibérica que puede usarse como sinónimo de trabajar) a las instalaciones de I-Flex solutions Ltd. Es en este momento, querido lector en el que acaba la tercera entrega de las reseñas, pero sigan esperando porque aún hay más…
Saludos,
Strongy Man.
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