lunes, 19 de marzo de 2007

Reseña de la India parte III (Re-cargada)

(Originalmente enviado el: 21-Ago-2006)

CAPÌTULO III

INTRO

Hey, pues como lo prometido es deuda, aquí les venimos presentando como promoción especial y por única vez, la tercera entrega de su novela preferida: “Entre Indianos te veas”. Digamos que la motivación surgió de tantos reclamos a mi llegada a la oficina de México por dejar inconclusos los flashes informativos de tan peculiar país.

Como siempre, habrá de apoyarse en la guía visual multimedia disponible en:
http://photos.yahoo.com/misfotosdelaindia carpeta 2a Tanda.

ADVERTENCIA: El relato presentado a continuación puede contener altas dosis de violencia, lenguaje explícito y sexual, de forma que su lectura es estrictamente para personas mayores de 18 años. Se recomienda discreción.

LA TERCERA SAGA INICIA

Cuenta la leyenda que alguna vez, un grupo de intrépidos y temerarios Indianos que querían llegar al centro del planeta azul se pasaron de cavada y atravesaron el mundo por completo, llegando a tierras aztecas. En realidad dicho mito no suena tan descabellado tomando en cuenta que los mexicanos somos “antípodas” de los indios (tanto indio como hindú son gentilicios generalmente aceptados).

Antípoda; ese extraño término lo escuché por primera vez de un conocido socio que se encuentra en la oficina de DMR México, cuyo nombre empieza con “B” y pa’ que no haya pierde les daré otra pista: su nombre termina con “runo Sanz”. Ja, seguro si son tan incultos como yo, no sabrán qué son antípodas; es por ello que me di a la tarea de investigar la definición oficial en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “Antípoda: Dicese de cualquier habitante del globo terrestre con respecto a otro que more en lugar diametralmente opuesto”.

Por otro lado, el término “Indiano” a usarse ampliamente en la presente reseña no es más que el gentilicio utilizado por los portugués-parlantes para referirse a los naturales de la India.

Y ya para finalizar con esta sesión de breviario cultural, hemos de proseguir con el tema central de la presente reseña: nuestro viaje a Mysore (ahh, qué maravilla!!!):

Todo comenzó cuando nos dimos a la tarea de rentar una “furgoneta” Toyota Qualis (ver imagen DSC00290) originalmente para los siete elementos básicos presentes en Bangalore: 2 mexicanos, 2 brasileiros, 1 portugués, 1 logroñés (oriundo de la rioja) y 1 catalán (no tienes nada qué agradecer, Alex), pero claro, nunca faltan los aguafiestas con su “yo no quiero ir”, “a mi no me gustan los pueblos”, “mejor me voy a la playa” y total, que sólo acabamos yendo los portugués-parlantes. Ja, seguro estarán pensando que yo no hablo portugués, pero oh sorpresa!!!, como ninguno de los 14 lenguajes oficiales en la India fueron de mi total agrado y tenía la encomienda personal de aprender un nuevo idioma, pues me di a la tarea de aprender un poco de la “Jinga Brasileira”. Ahhh, garoootooo!!!!

Partimos de nuestro cubil felino (Serene Groove Guest Houses) a eso de las 800 horas y nos dispusimos inmediatamente a tomar carretera unos cincuenta minutos después, debido al intenso tráfico provocado por las marchas del Peje en Bangalore (chiste local que seguro no entenderán los no-mexicanos).

Desde el momento en que vislumbramos el inicio de la carretera, nos percatamos de la gran afluencia de vehículos de todos tamaños transitando por ellas. Y retomando las declaraciones hechas en capítulos anteriores, fue de gran sorpresa para nosotros encontrarnos con que en lugar de tener una carretera de dos carriles para cada sentido, hubimos de transitar por una carretera de cuatro carriles y doble sentido en cada uno de ellos. Sí, había vehículos pesados transitando en contrasentido, motociclistas temerarios que no se hacían a un lado al ver tremendos camiones materialistas manejando hacia ellos, rebases llenos de adrenalina que apenas pueden compararse con los roces en la Nascar y a todo esto la velocidad tan baja con la que se circula en ciudad, hubo de ser reemplazada por la exorbitante velocidad de 120km/h (esto es exorbitante para la India, para quienes no estén impresionados) por la que circulan los vehículos de gran potencia como las furgonetas y autos ligeros como el Maruti Suziki “Swift”. Además, por supuesto no han de faltar las carretas tiradas por ganado bovino, camellos o borriquillos que no destacan por su velocidad, pero sí por su singular estilo para transportar sobre todo paja y algunos vegetales.

Pasó el tiempo en carretera y pronto me percaté de la gran similitud con la provincia mexicana al encontrarnos inicialmente con plantíos de magueyes en las orillas, bajo un clima semidesértico muy parecido a los caminos que llevan a Querétaro o Hidalgo, y posteriormente, el ecosistema dio un cambio radical para convertirse en una selva esteparia tan parecida a las carreteras federales de la costa de Oaxaca o Guerrero con cocoteros y gran vegetación además de la característica tierra rojiza. De hecho el buen Manuel Téllez (Consultor de DMR México) al ver las fotos de nuestro viaje, señaló atinadamente que era como estar en Pochutla o Pinotepa Nacional. Y efectivamente, era un recordar nostálgico de la campiña mexicana.

Por otra parte, al portugués se le ocurrió decir una barbaridad: “miren, un oso en la carretera”. Mi respuesta inmediata fue “no seas tonto, ¿cómo va a ser un oso?” (“tonto” vino a reemplazar a la palabra original en mi expresión para no transgredir la decencia y las buenas costumbres de la familia mexicana). Todos volteamos a ver hacia donde se nos había señalado y vimos a un sujeto que no era ni muy joven ni muy viejo, ni muy blanco ni muy moreno, ni muy alto ni muy chaparro, ni muy pobre ni muy rico y tampoco iba ni muy lento ni muy aprisa. En resumen, era un tipo cualquiera que estaba paseando por el acotamiento de la carretera a uno de esos perros lanudos como los que salen en las caricaturas. Poco faltó para que el portugués recibiera un zape por confundir especies del reino animal y olvidado el tema continuamos nuestro camino sin más, preguntándole al chofer si había osos en el camino. Obviamente su respuesta fue negativa. Y bueno, después de tanto discutir, al fin el buen hombre nos confesó que no sabía lo que era un oso, así que dejamos de preguntarle. Poco más tarde el portugués encontró una foto de un oso en su guía American Express y se la mostramos al chofer, quien dijo, “ahhh, un shelenguipudi” o algo así; en definitiva no le entendimos ni pío y ahora sí, no se volvió a hablar más del tema.

Tiempo después llegamos a un pueblito similar a la mismísima Pinotepa Nacional, lo cual fue augurio de nuestro próximo arribo a la localidad de Mysore. Efectivamente, unos minutos después estábamos llegando a uno de los templos más significativos de la cultura de la India, como puede apreciarse en las imágenes DCS00277, DSC00278 y DSC00388. La llegada transcurrió de lo más normal, sin embargo, para ser un lugar tan turístico había poca gente aunque había uno que otro vendedor ambulante insistentemente tratando de venderte unos elefantes tallados en madera con un elefante más pequeño en su interior y todo en una sola pieza de madera. Según se argumentaba, era una pieza de artesanía que no se podía encontrar en ningún otro lugar de la India. Ja, lo que no sabía el vendedor era que los mismos elefantitos ya nos los habían ofrecido tiempo atrás en nuestro querido Bangalore, bajo el mismo discurso de ser piezas únicas en todo el país. En fin, nos adelantamos caminando rápidamente y perdimos de vista al molesto vendedor para llegar a la entrada del templo y para nuestra sorpresa y como en el resto de los lugares ultra sagrados de la India, teníamos que deshacernos de nuestros zapatos antes de entrar al templo. Inmediatamente pensamos en regresar a la furgoneta y dejar ahí nuestro calzado pero el calor era tan sofocante y tan intenso en el suelo, que optamos por dejar todo en la entrada del templo. Justo en ese lugar había unos tipejos que se hacían llamar “Cuida-zapatos” pero se veían como cualquier limpiaparabrisas de esquina y no nos dieron la confianza inicial que requeríamos para dejar nuestro fino calzado a su custodia. Al final terminamos por acceder, ya que era la única forma de entrar al sacro lugar y lo primero que vimos fueron unas estatuillas de elefantes tallados en piedra con grandes detalles ornamentales, justo como los elefantes de batalla o desfiles (ver figura DSC00280). Lo demás sobra describirlo: arquitectura antigua con motivos religiosos y numerosas deidades llenando cada uno de los espacios del templo. Cabe destacar que, en un rato de meditación mientras los demás admiraban el resto del templo alcancé el nivel de relajación necesaria para llegar al “nirvana” (último grado de meditación o iluminación según el hinduismo; ver diapositiva DSC00284). En fin, terminamos nuestro recorrido y fuimos a recoger nuestros zapatos con un cierto temor de no encontrarlos y seguir nuestro viaje descalzos a la usanza de Mahatma Gandhi. Afortunadamente todo estaba en orden y con una pequeña propina pudimos recuperarlos. Al caminar hacia la furgoneta, el insistente vendedor ambulante que nos encontramos a la entrada, dejó de molestarme a después de ver que conmigo no tendría ningún resultado. Por ello, fue directamente hacia su siguiente víctima: el brasileiro con aspecto de alemán adinerado. Lo atosigó insistentemente tratando de vender una caja de sándalo tallado por unas 2000 rupias y mientras ellos seguían en sus labores de cabildeo, vi a una indefensa y pobre viejecilla pidiendo limosna así que decidí darle unas cuantas monedas para hacer su día un poco más llevadero. Justo al sonar de las monedas en su mano, aparecieron en un acto que ni el mismísimo David Copperfield sería capaz de hacer, una multitud de pordioseros a mi alrededor, justo como palomas afuera de cualquier catedral esperando a que les avienten maíz. Ahhh, qué miedo me dieron, pues en definitiva la higiene no era su especial característica y tomando en cuenta que en la India la lepra puede ser una enfermedad común aún en nuestros días, eché a correr escabulléndome entre los recovecos que encontré a mi paso y me fui a refugiar en la furgoneta, subiendo inmediatamente las ventanillas a pesar del calor sofocante del cual era presa. Aquella, era una imagen aterradora que parecía sacada de cualquier película de horror ochentera, donde los zombies te persiguen y golpean sin cesar la lámina y ventanillas del automóvil sin que el motor pueda echarse a andar, por fallas mecánicas jamás antes detectadas. En mi caso, no podíamos marcharnos por esperar al resto del grupo que continuaba en su labor de compra de artesanías locales quienes lograron bajar el precio excesivo mencionado anteriormente hasta unos cuantos cientos de rupias para llenar de regalos y recuerditos a su familia y “namoradas” (novias en portugués) al llegar a su país natal.

De ahí partimos a un lugar que se conoce como Chamundi Hills, famoso por otro templo legendario. Para ir a dichas colinas habíamos de pasar por el centro de la Ciudad de Mysore y en la figura DSC00287 se puede apreciar el camino panorámico que adorna la entrada a la ciudad. De igual forma, en la figura DSC05210 ha de observarse una de las mezquitas más famosas y grandes de la zona al igual que la iglesia cristiana de Santa Filomena mostrada en la imagen DSC00286. Después de un viaje de unos 20 minutos hacia la colina al fin llegamos al otro templo en donde también había que quitarse los zapatos, pero decidimos no entrar ya que el suelo en dicho sitio estaba más sucio que el Mercado de Jamaica a las dos de la tarde en sábado, así que optamos por tomarnos la foto del recuerdo junto a una estatua gigantesca de un monigote sosteniendo una espada y una serpiente (ver figura DSC05219). Justo al bajar la colina, nos detuvimos en un mirador y fue en tal lugar en donde nos encontramos al peculiar personaje de la imagen DSC00292, quien según indicaciones del chofer era un pordiosero, pero después de algunas poses y ruidos tan graciosos que hacía le dimos algunas monedas “para un taco”.

Acto seguido y aún en la colina, pasamos a admirar al Dios Toro pero en esta ocasión hicimos un poco de trampa y no nos quitamos los zapatos, pues argumentamos que si no entrábamos a cuadro principal donde estaba la estatua, no estaríamos pisando suelo sagrado.

Después de haber tomado la foto del recuerdo procedimos a irnos al hotel que un buen samaritano de I-flex nos había reservado con mucho esfuerzo, pues estábamos en un periodo vacacional y todos los hoteles estaban a su máxima capacidad de ocupación. No teníamos la menor idea del aspecto del hotel; simplemente nos habían dicho que no era un hotel sino uno de esos centros Spa. Al encaminarnos a nuestro lugar de descanso vislumbramos un edificio de belleza singular y cada vez nos fuimos acercando más y más hasta que no había duda, el hotel que se muestra en la figura DSC00387 seguramente sería nuestro centro de Spa. “Ahh, qué buen lugar nos reservaron”, pensamos todos al unísono, pero oh sorpresa!!!, casi al instante nos enteramos de que efectivamente era un hotel, pero no era el nuestro, sino el famoso Lalitha Mahal Palace. Nuestro centro de masajes y relajación estaba cerca pero no era ese. Al cabo de andar unos 5 minutos más por la carretera, al fin llegamos al Indus Valley Ayurvedic Centre. Descargamos la furgoneta con nuestro equipaje y nos atendió una señorita con un sugerente atuendo de tela vaporosa y quien destacaba de entre toda la región por sus encantos naturales, pero al pasar un momento junto a ella ooohhh, Dios!!! Qué pestilenciaaaa!!!; dejaba al andar una estela vinagrosa por varios minutos y miren que yo llevaba la nariz un poco constipada. En fin, nos dio un breve recorrido por el lugar en el que se oían los típicos cantos del “Om” del hinduismo y nos mostró los centros de masajes ayurvédicos (podemos considerar lo naturista y ayurvédico como similares; podemos decir que es lo mismo, pero más barato). Se nos sugirió que descansáramos un poco para después ir a la alberca y si lo deseábamos tomar un relajante masaje ayurvédico. Optamos por seguir la recomendación de descansar como lo atestigua la imagen IMGP3599 y cuando nos dispusimos a ir a la piscina, más sorpresas!!!, estábamos en un campo de concentración neo-nazi!!!, y encima de todo habíamos pagado para que nos llevaran ahí!!!, como lo describe la figura DSC00296. Sí, ese fue nuestra primera impresión, pero poco después se nos dijo que la Cruz Swástica era considerada en toda la India como símbolo de buena suerte y como elemento básico para alejar las fuerzas negativas de la naturaleza. Qué respiro dimos al saber que no terminaríamos como jabones de tocador o grasa para zapatos. Ante alentadora noticia y ya con más confianza, ahora sí nos dimos tremendo chapuzón, refrescándonos del sofocante calor de verano (imagen DSC00386).

Al terminar con nuestros aqua-aerobics, hubimos de seguir viajando para conocer un lugar famoso por sus cataratas. En realidad no recuerdo el nombre del lugar, pero lo importante era el espectáculo nocturno que se montaba en conjunción con elementos de iluminación de alta tecnología. Al llegar y estacionarnos me percaté de que aquellos meses que mi hermano se había perdido quesque trabajando en Nueva York, seguramente estuvo visitando la India, pues todos los niñitos que cuidaban los autos me decían: “Ándele tío, cómpreme una postal”, “tío, yo le cuido el coche”, “tío, le lavo la furgoneta”. Y en fin, eran tantos mis sobrinos que acababa de conocer que me atosigaron y me di a la fuga para ir a comprar los boletos a la taquilla correspondiente. El boleto no era significativamente caro, pero si querías introducir tu cámara al lugar había que pagar “boleto de cámara” el cual era ostensiblemente más caro que el de personas. Pagamos lo necesario y nos formamos en otra fila para entrar, pero como la concurrencia era bastante numerosa y por tanto, la cola era enorme, me di a la tarea de entrar a la Indiana, es decir, caminar disimuladamente hasta el principio de la fila, hacer como que estuve haciendo cola por 3 horas y dar un paso a la derecha para mimetizarme con el resto de la multitud que sí se había formado. Algunos elementos del grupo sí hicieron la cola correspondiente, mientras que otros más osados siguieron mis pasos. Jajajajajaja, como ésta es una costumbre bastante frecuente en las filas de la India, nadie me dijo nada!!! Al entrar, caminamos y caminamos hasta llegar a otro pasillo flotante por el que tuvimos que caminar aún más. La pestilencia del agua estancada de una especie de presa era bastante singular pero era opacada por la impresión que causaban las parejas de sujetos del sexo masculino tomados de la mano o abrazados lujuriosamente como se abordó en las reseñas de capítulos anteriores. Es justo en este punto en el que la desilusión comenzó a hacerse presente: al final del camino, llegamos a las famosas cataratas iluminadas, que no eran más que 3 escalones de cemento por las que corría un poco de agua y que estaban iluminadas. No lo podía creer!!! Casi 3 horas de viaje para ver unos escalones con niños mojándose los pies no era precisamente mi idea de diversión. El chofer nos dijo que aguardáramos, que lo de las cataratas no era nada comparado con el espectáculo que vendría a continuación. Asentimos y fuimos avanzando entre golpes y empujones debido a la gran masa de gente que quería ver el espectáculo final, hasta que llegamos y vimos que las gradas del estadio estaban completamente forradas de gente, por lo que tuvimos que conformarnos con permanecer de pie. Minutos después comenzaron a anunciar el gran evento, nuestro estado anímico y adrenalina estaban a tope, ya queríamos ser testigos del gran espectáculo hasta que al fin dio comienzo y wooooooow!!!!, lo que presenciamos fueron unas maravillosas fuentes danzarinas como las que te tenías que chutar en Parque Acuático Atlantis cuando eras pequeño y te llevaban tus papás (ver imagen DSC00309). Ohhh, decepción!, pero la gente estaba eufórica y acompañaban el ritmo de la música con la palmas y con una alegría sin igual. El espectáculo duró alrededor de 15 minutos y terminó sin más ni más. Nosotros con nuestro ánimo por los suelos, lo único que queríamos era ir a descansar al hotel, así que nos dimos prisa pues como es común en cualquier evento masivo, la salida siempre es un caos. Y efectivamente, el tumulto no se hizo esperar y una vez más entre empellones y aprietos pudimos encontrar nuestro camino de regreso al estacionamiento en donde antes de salir, vi a una señora en cuclillas a un lado de un arbusto y en tono de broma les dije a los demás: “miren, está haciendo del baño en pleno jardín”. Como nadie nos entendía, fuimos los únicos que soltamos una risa ensordecedora, pero pronto la señora intentó reincorporarse, se dio una sacudidita y a fin de cuentas mi supuesta broma se convirtió en realidad así que los sorprendidos fuimos nosotros.

De regreso y tras otras 3 horas de camino, por fin llegamos al hotel en donde nos aguardaba un concierto con música tradicional de la India con esos sonidos tan chillantes y repetitivos tan característicos en la música del Punjab (ver imagen DSC00377).

Después de más de 50 minutos de gran ejecución artística, el espectáculo dio a su fin y además de cansancio por la gran actividad que tuvimos durante el día, estábamos bastante hambrientos, así que nos dispusimos a cenar en las mismas instalaciones de Indus Valley Ayurvedic Centre y más sorpresas nos aguardaban: por ser un centro ayurvédico, lo lógico era que sirvieran comida ayurvédica, la cual estaba compuesta de leche de soya, té, agua natural de manantial y el suculento platillo de la figura IMGP3632 que consistía en un arroz aguado, unas verduras en cubos con yogurt aguado, más verduras asadas en cubos y una salsa harto especiada y aguada. Al terminar de cenar aún teníamos hambre, pues la comida ayurvédica no es especialmente saciadora, pero a pesar del gran cansancio, aún teníamos pila para ir a visitar el magnificente Palacio del Maharaja (que por cierto no se pronuncia marajá como todos lo hemos hecho hasta ahora, sino majaraya), pues se nos había informado que el espectáculo nocturno no tenía comparación debido al sistema de iluminación aplicado al edificio principal.

Partimos rumbo al Palacio de Mysore, como también se le conoce, para ver la gran estructura iluminada para comprobar la majestuosidad y el gran escenario que se presentaba ante nuestros ojos. Lamentablemente llegamos muy tarde de Bandipur y ya no estaba disponible el acceso al público, por lo que simplemente nos conformamos con tomar la foto del recuerdo, como puede verse en las imágenes IMGP3739 y DSC05449.

Al regresar, el cansancio era evidente y apenas pusimos un pie en el hotel, dormimos profundamente en espera de nuestra siguiente aventura.

A la mañana siguiente, despertamos muy temprano para ir a conocer el parque natural safari cómico mágico musical de Bandipur. Partimos alrededor de las 7:00am para llegar a buena hora, dado que nos aguardaban más de tres horas de viaje para alcanzar nuestro destino. Al final y después de varias horas de carretera y de un portugués despertándonos a todos al tomarnos fotos jetones con flash de doble intensidad, llegamos al esperado safari, pero desgraciadamente el primer safari había comenzado a las 6:00am y el siguiente comenzaba a las 4:00pm. Inmediatamente decidimos comprar las entradas para el evento de cacería y optamos por las localidades más caras: un paseo en Jeep privado con preferencia y acceso a áreas a las que el autobús comunitario no podía llegar. Vaya que nos salió en una buena “pasta” (palabra del español ibérico vulgar que hace referencia a lana, plata, marmaja o similares): INR3000 (Indian Rupees), digamos que algo así como 700 pesos a repartirse entre cuatro personas.

Como nos faltaban varias horas para el safari, optamos por tomar un paseo preliminar de 30 minutos en elefante. Nuestro vehículo todo terreno puede verse en la imagen DSC00319 y aunque pareciera que media hora puede ser un viaje no tan corto, la verdad es que el elefante no destacaba por su velocidad, así que realmente dimos un paseo de unos 250 metros de ida y vuelta. Terminó nuestro paseo prehistórico y descendimos, para encontrarnos con esos changos pequeñines que iban de aquí para allá con tal libertad que a veces resultaban molestos para algunos turistas al efectuar pequeños actos de robo de bienes materiales, comida e incluso algunos trepados en los toldos de los automóviles a punto de partir (imagen DSC00337).

Y como el paseo en elefante no nos consumió mucho tiempo, decidimos ir a visitar otro de esos templos ultra-sagrados a una media hora del lugar y en la cima de una montaña. Justo cuando íbamos subiendo por la pendiente para alcanzar el templo, un automovilista que venía en contrasentido nos alertó de un elefante salvaje que estaba amenazando a los visitantes. El chofer inmediatamente se alarmó y comenzó a dar media vuelta para regresar, pero nosotros prácticamente lo obligamos a que continuara el ascenso. Ja, un poco temeroso el chofer accedió a nuestra petición y casi al llegar a la cumbre nos dimos cuenta de la realidad: efectivamente había elefantes salvajes en su hábitat, pero de ninguna manera estaba bloqueando el camino ni amenazando a los visitantes, sino simplemente estaba en la montaña contigua con el resto de su familia dando el paseo dominical como puede apreciarse en la imagen DSC00325.

Continuamos nuestro camino hasta el pico de la montaña y aquí nos encontramos al peculiar personaje de la imagen DSC00326 bombeando para sacar un poco de agua. El atuendo que porta es el tradicional ropaje que usan los hombres de casta baja, quienes culturalmente aceptan dicha distinción con todo orgullo o resignación. El templo en cuestión puede verse en la figura DCS00327, así como los detalles ornamentales y/o religiosos de la imagen DSC00330. En esta ocasión decidimos no entrar al templo, pues por supuesto teníamos que quitarnos los zapatos y el calor del medio día no hacía soportable para nuestros delicados pies el contacto con el suelo. Dimos un breve paseo por la montaña acompañados de nuestro chofer como se ve en la figura IMGP3679 y al fin teníamos la intención de regresar al safari para emprender el viaje de aventura.

Ya en la carretera que conduce al safari y a unos pocos minutos de éste, decidimos detenernos en un restorán de carretera que no tenía tan mala pinta. Se trataba de comida buffet pero el calor reemplazaba fácilmente nuestra hambre con mucha sed y necesidad de rehidratación. Comenzamos con un par de botellas de KingFisher, la cerveza oficial de la India y al fin, nomás por no dejar fuimos a servirnos un poco de alimento. Qué nueva sorpresa fue aquella al probar dichos alimentos; sin temor a equivocarme ahí probé la mejor comida durante toda nuestra estancia en la India. Los platillos eran básicamente arroz hervido, dahl (que es una sopa como de haba molida), chapatis (que son como tortillas de harina semi-integrales), arroz con masala, nueces y pasas y un pollo en su jugo. Lo mejor de todo fue el arroz condimentado con nueces y sin duda si algún día he de regresar a la India, iré nuevamente a degustar esa delicia culinaria. Pa’ rematar nos dieron algo parecido a avena o arroz con leche con un poco de especias que tampoco estaba nada mal, aunque un poco caliente.

Terminamos de la comilona y era de esperarse que el sueño se apoderara de nosotros, por lo que fuimos a una terracita a charlar un poco, pero he de reconocer que yo de plano sí me dormí. Emprendimos el camino de nuevo hacia el safari y esperamos un poco a que comenzara el recorrido hasta que finalmente abordamos nuestro Jeep (ver figura DSC00340) y al inicio vimos el centro de lavado de elefantes de la zona como es notorio en las imágenes DSC00339 y DSC05365. Estos elefantes eran los que se usaban en el safari para dar paseos a turistas, pero el elefante de la imagen DSC00353 era el primer y único elefante salvaje que vimos durante todo nuestro recorrido.

El grupo de los cuatro aventureros que íbamos en el safari, estábamos con la gran expectativa de ver algún tigre de bengala, leopardo o cualquier otro animal temible para entrenar un poco a la vieja usanza del coliseo romano. Para nuestra desventura sólo vimos animales nada peligrosos como venados, changos, más venados, un jabalí, un pavo real, más venados, algunas aves, más venados y más changos. Cuando finalizó el recorrido, esta vez ya estábamos bastante cansados así que decidimos regresar al hotel a reposar en estado vegetativo.

Llegando a la ciudad de Mysore, fuimos a cenar, pero esta vez decidimos ir a un restaurante más normalito donde hubiera pollo con gripe aviar, vegetales asados, tacos de queso y algo más. La comida estuvo muy buena, pero el servicio malísimo. Estuvimos esperando a que nos atendieran, pero nunca lo logramos, así que llamamos al camarero en reiteradas ocasiones y al fin nos hizo caso, pero en lugar de tomar nuestra orden, nos preguntó que si queríamos un postre o la cuenta. Qué??? La cuenta??? Pero si aún no habíamos pedido ni un refresco. Al final terminó disculpándose y creímos que el servicio mejoraría, pero desgraciadamente no fue así. Al cabo de una larga discusión ordenamos y durante la comida se me ocurrió pedir un Mango Lassi que es una bebida a base de leche fermentada (parecida al yogurt) pero nunca llegó. Terminamos de comer y pedimos la cuenta a otro camarero y cancelamos mi Mango Lassi, pero esta vez el camarero era bastante servicial y cómico. En un abrir y cerrar de ojos me trajo la bebida y cerró con broche de oro pidiéndome que no cancelara la bebida ya que “a strong man, needs strong food”… Desde ese entonces me gané el apodo de “strongy man” (pronunciación portuguesa). Cerramos la cuenta, regresamos al hotel y ahora sí dormimos tan profundo que pudo pasar una excavadora por encima de nosotros sin darnos cuenta.

A la mañana siguiente fuimos una vez más al Palacio de Mysore, pero esta vez para tomar algunas fotos de día y para entrar a ver un poco sus instalaciones. Justo en la taquilla estábamos comprando los boletos correspondientes y un vendedor ambulante se acercó a uno de los brasileños que más bien tiene finta de alemán y sin más ni más le dijo “Hey, beautiful, guy” refiriéndose a unas cajitas de madera tallada que vendía, pero desde entonces al buen Vanderlei Pererira le dijimos que se había ganado la simpatía del público masculino indiano y por tanto el apodo de “Beautiful Guy”. Poco después, al pasar la puerta principal una vez más tuvimos que quitarnos los zapatos a pesar de que no se trataba de un sitio sagrado y el calor hacía de nuestros pies un auténtico huarache motuleño. Al entrar vimos el lujo con que solía vivir la realeza de la India y era poco más que impresionante tomando en cuenta la zona desértica en que estaba situado el palacio. De hecho en uno de los murales, vi un animal pintado que hace muchos años había visto pero sólo en sueños: se trataba de una especia de llama, pero con un pelaje lacio y largo que ondeaba al caminar. Esa fue una imagen que me dejó impresionado pues me confortó el hecho de saber que mis sueños no son tan locos como yo creía.

En fin, terminamos nuestro recorrido e inmediatamente pusimos pie en la furgoneta para regresar al maravilloso Bangalore. Íbamos ya en la carretera después de unas horas de viaje y de repente el chofer nos señaló algo a un lado del camino. “Qué?, no te entendimos, puedes repetirlo?”, le dijimos. Y una vez más nos señaló algo en el camino. Esta vez, ya todo era evidente. Era un tipo con un OSO caminando por el acotamiento de la carretera!!! Ja, a fin de cuentas el portugués no nos había mentido y efectivamente había visto un oso en la carretera. Le pedimos al chofer que se detuviera para tomarle una foto. El tipo accedió inmediatamente, pues al parecer de eso viven en la región. Bajé la ventanilla para tomar la foto correspondiente y de súbito el oso se para en sus patas traseras y hace un ruido estruendoso y amenazante acompañado de varios salpicones de baba. Todos nos asustamos, pero como yo iba en el asiento del copiloto, que era donde estaba más cerca el oso, inmediatamente intenté subir la ventanilla, pero maldito vidrio, era eléctrico y subía muy lentamente así que por lo menos una babeada sí me tocó. Arrancamos la furgoneta y nos fuimos, pero no sin antes darle una pequeña propina al sujeto que nos dejó tomar la foto al oso. No fue sino hasta ese momento que nos percatamos de las condiciones inhumanas con las que controlaban a un animal salvaje; las palabras sobran ya que las imágenes finales hablan por sí solas.

Continuamos nuestro camino a casa un poco asombrados y de repente una larga fila de autos nos detuvo. Se trataba del primer accidente automovilístico que habíamos presenciado en carreteras de la India. A ciencia cierta nunca supimos qué fue realmente lo que pasó, pero estábamos tan cansados que lo único que queríamos era llegar a nuestro cubil felino a descansar.

Llegamos a eso de las 7:00pm y exhaustos por el viaje procedimos a dormir para ir al día siguiente a currar (palabra ibérica que puede usarse como sinónimo de trabajar) a las instalaciones de I-Flex solutions Ltd. Es en este momento, querido lector en el que acaba la tercera entrega de las reseñas, pero sigan esperando porque aún hay más…

Saludos,

Strongy Man.

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