Cómo vuela el tiempo. Haciendo cuentas hace ya 7 meses desde mi ultima reseña (y las que faltan…) y realmente parece como si hubiera sido hace un par solamente. En fin, pues me he dado el tiempo para continuar la saga de aventuras siempre imitadas, pero nunca igualadas: “El Tigre de Kachemira de vuelta en la India”.
Este turno le ha tocado a la zona extrema norte de la India mejor conocida como Uttar Pradesh. En realidad lo anterior era nomás para apantallar sobre mis conocimientos geográficos de la zona, así que para hacerlo más digerible tenemos que el tema de hoy es: Delhi y Agra (cuidad donde se encuentra ubicado el Taj Mahal).
Para esta edición he agregado una novedad: dado que siempre que llego a México me encuentro con nuevos transeúntes con el ánimo y disposición de recibir mis ya conocidas reseñas y siempre me piden que les haga partícipe también de las reseñas anteriores, en esta ocasión he decidido poner todas las entradas en el siguiente blog:
http://tigredelakachemira.blogspot.com
Continuando con la tradición la guía visual de apoyo se encuentra ubicada en:
http://photos.yahoo.com/misfotosdelaindia (carpeta Delhi-Agra)
Y finalmente el aviso de siempre:
ADVERTENCIA: El relato presentado a continuación puede contener altas dosis de violencia, lenguaje explícito y sexual, de forma que su lectura es estrictamente para personas mayores de 18 años. Se recomienda discreción.
CAPITULO IV
Todo comenzó un buen día cuando el grupo de audaces consultores se reunieron en la mesa redonda de Serene Groove (si no saben de qué hablo, pónganse a estudiar los dos primeros capítulos de las reseñas del Tigre de la Kachemira por el Mundo, 1ª Ed., 2006) y acordaron que no podían pasar más tiempo en la India sin conocer el ya mundialmente famoso Taj Mahal, así que se dispusieron a iniciar todas las gestiones correspondientes para la realización de tal empresa.
Lo complicado del asunto era organizar un viaje para 7 personas en un lapso de 2 semanas, pues antes resultaba muy caro y después la gente ya tenía planes para visitar otros sitios o trabajo en fin de semana o cualquier cantidad de razones adicionales. Varios miembros del clan internacional sabíamos que debíamos llegar primero al Aeropuerto Internacional de Nueva Delhi, pero de ahí no estábamos completamente seguros del proceder. Poco más tarde nos enteramos de un viaje en Tren Express para el cual intentamos de manera desesperada reservar las localidades correspondientes, pero nuestros esfuerzos fueron en balde ya que el sistema de reservas en la India no es nacional. En fin, para resolver los problemas teníamos que ir paso a paso, así que nos dispusimos a hacer las reservas del vuelo que nos conduciría a Delhi.
NOTA: Delhi y Nueva Delhi se pueden utilizar indistintamente, pues si bien existe una línea invisible que divide a Vieja Delhi de Nueva Delhi, ambas se encuentran en la misma zona urbana. Digamos que algo así como la Cd. De México y Satélite, pero más barato.
Continuando después de la acotación anterior, para reservar, primero teníamos que saber qué compañía aérea nos convenía más. Después de varios estudios, concluimos que una aerolínea local llamada Air Deccan era la mejor opción y en cuanto a costo era más barata por más del 50% de sus competidoras. Cada garoto hizo lo propio para arreglar su reserva aérea y al final los 7 teníamos vuelo para Delhi.
Aún quedaba pendiente qué haríamos cuando llegáramos a Delhi para ir a Agra y poder conocer el Taj Mahal. A alguno de nosotros se le prendió el foco y recordó que en I-Flex Solutions (compañía en la que estábamos en curso) había un servicio de Concierge para atender las peticiones de Empleados y Asociados (en este caso, nosotros). Llamamos al sujeto al mando de la Conciergérie, quien respondía al nombre de Sudhakar. En realidad ese nombre lo venimos a aclarar y entender mucho tiempo después (pero esa… es otra historia), así que lo único que entendimos en el momento en que nos lo presentaron fue: “Caballeros, les presento al Sr. Chewbacca. Él se encargará de ayudarlos en cualquier solicitud que tengan acerca de viajes”. Y nosotros: “Ahh, mucho gusto. Encantados de conocerlo”.
En fin, después de tanta presentación le explicamos que ya teníamos boleto de avión, pero que aún quedaba pendiente el tramo de Delhi a Agra, según la siguiente conversación:
- Nosotros: “Oiga, pues no se si usted nos pueda reservar los boletos del Tren Express o arreglar la renta de una furgoneta en Delhi”.
- Chewbacca: “Aaghhhagagahgagagahaggaaagagahguuuuugrgrrrrrr”
- Nosotros: “Ahh, caray, Sr. Chewbacca, cómo así que no tiene contactos en el norte de la India?”
- Chewbacca: “ghhrrraaauugahhhhrraaadddfggg”.
- Nosotros: “Oiga, pero lo que nos sugiere de conseguir algo directamente en Delhi es un poco riesgoso. Puede que no consigamos nada para ir a Agra. No hay otra opción?”
- Chewbacca: “rrghghghhhaaseewweeeee”.
- Nosotros: “No, pues así las cosas no hay mucho que hacer. Muchas gracias Sr. Chewbacca.”.
- Chewbacca: “Adddghhhaaseewwaaa”.
- Nosotros: “Igualmente. Que pase buen día”.
Después de la conversación anterior, nos quedó claro que llegando a Delhi teníamos que buscarnos la vida lo antes posible o de lo contrario no conoceríamos el Taj Mahal.
El otro punto que teníamos pendiente era el hospedaje. Aquí las opiniones eran bastante divididas: “que yo quiero hotel con balcón y baño de mármol”, “pues yo quiero un colchón donde pasar la noche”, “que yo quiero un lugar que no sea lujoso, pero habitable”. Al final lo grupos se dividieron así:
- Brasileiros + Portugués. Hotel Ajanta. La descripción escrita no parecía mala, pero las fotos no le ayudaban mucho.
- Catalán + Mexicano. Hotel Relax. No existían muchas referencias salvo la recomendación del hermano del catalán quien estuvo en dicho hotel en un viaje previo a la India.
- Logroñés + Yo. Albergue YMCA. Qué diablos, parece que éramos los que menos estábamos dispuestos a gastar en hotel, pero era sólo un fin de semana…
El día esperado llegó y nuestro vuelo planeado a las 8:00pm estaba cercano, así que después de un intenso viernes de trabajo nos dirigimos por maletas y directo al aeropuerto.
Llegamos al aeropuerto internacional de Bangalore y después de otra de esas notorias y aparatosas fumigadas masivas pa’ matar piojos y bichos en la sala Terminal hicimos el check-in correspondiente y nos dispusimos a esperar directamente en el Gate 1 (el único habilitado que había). Después de una breve demora al fin llamaron al abordaje y por supuesto nos formamos en la fila correspondiente. Como era de esperarse aquella fila no habría de ser respetada por el resto de los pasajeros locales, pero hicimos lo necesario para que por lo menos en nuestros sitios no se metieran. Luego de varios minutos de desorden súbitamente llegaron dos sujetos de la milicia armados con menudas metralletas y con el dedo en el gatillo. Acto seguido, nuestro Gate se cerro y algunos nos quedamos en espera de abordar. Simplemente alcancé a gritarle al logroñés: “Hey Dani, apártame un lugar”. Después de otros minutos más volvieron a abrir el Gate y pudimos abordar entre empellones y dosis de gases lacrimógenos expelidos por los aparatos sudoríparos de los indianos. Al llegar al avión comenzaron a circular los rumores de por qué no habían dejado abordar a todos los pasajeros al mismo tiempo. La versión más socorrida es la siguiente: la tripulación de nuestro vuelo comenzó a pelear con la tripulación de otra aerolínea pues no se nos asignaba puerto de embarque. Ja, esto sólo pasa en la India…
Luego de un vuelo casi sin contratiempos llegamos a la Ciudad Capital de la India. Pensamos: “esto sí debe apegarse más a la civilización; por muy mal que estén, es la capital y todos los recursos seguro que vienen para acá”. Ja, cuán equivocados estábamos. Si bien el aeropuerto era mejor en tamaño con respecto al de Bangalore, no lo era respecto a infraestructura.
“Vaya, pues es tarde, seguro que mañana todo mejorará”, pensamos. Por el momento había que llegar al hotel que era ya bastante tarde. A los brasileños y al portugués los pasó a recoger el taxista (incluido en su paquete de hospedaje) y luego los llevó a su hotel. En cambio el catalán, el logroñés, el otro mexicano y yo tuvimos que tomar un taxi del aeropuerto que nos llevara a nuestros respectivos centros de hospedaje. Que adónde vamos primero? Pues primero llévenos al hotel del mexicano y el catalán: el famosísimo Hotel Relax.
Taxista: Donde está el Hotel Relax?
Nosotros: (pensando: tú eres el taxista y tú vives en Delhi, así que deberías saberlo) ehhh, sí, está en Nehru Bazar.
Taxista: Donde?
Nosotros: (pensando: mmmta, aparte de tarugo, sordo).
Catalán: En Nehru Bazar (pero con el característico acento ibérico, diferenciando la “s” de la “c” y la “z”).
2 Mexicanos: No Alex, no es Nehru Badhsar (tratando de imitar la z ibérica en palabras); es Nehru Bazar.
Total que se armó el alboroto del año, el taxista se detuvo a pedir información en una calle de auténtico miedo acerca de Nehru Badhsar hasta que al fin uno de ellos entendió adonde íbamos y dijo: “Ahhh, claro. Nehru Bazar. Si, den la vuelta en la siguiente, pasen el primer semáforo a la derecha y después de tres cuadras habrán llegado”.
Llegamos al famoso barrio del Nehru Bazar y era un lugar asquerosamente sucio y horrendo donde había malvivientes durmiendo en la calle en unos catres igualmente asquerosos y sucios, lleno de basura… en fin. Nunca he estado en “La merced” o alguna calle escondida de “Tepito” a las 2:00am, pero yo creo que es lo que más se le acerca en México. Lo único bueno es que parece que esos malvivientes no estaban drogados ni ebrios pues en la India es “mal visto” el consumo de “esas cosas”.
Luego de abandonar a aquel par a su suerte, pedimos al taxista que nos llevara a la “Guay”. Después de preguntar otro rato al fin llegamos y otra historia: un barrio normal, limpio, iluminado. Un hotel con una recepción limpia, donde aceptaban tarjeta de crédito, con alberca semi-olímpica, habitación independiente (para 2, pero independiente), aire acondicionado (era más el ruido que hacía que lo que enfriaba, pero además había ventilador), un baño decente, toallas limpias, en fin, una maravilla costo-beneficio.
A la mañana siguiente, después de la habitual ducha nos disponíamos a ir por la basura de desayuno que suelen dar en los albergues: café y pan duro con mantequilla rancia. Pero ohh, sorpresa, se trataba de desayuno buffet con huevo, hot cakes, indian delicacies, leche, cereal, té, pan, etc. Y lo mejor: estaba incluido en nuestra tarifa de hospedaje. Apenas podíamos creer lo que habíamos conseguido por unos 25 o 30 dólares. Estábamos ya disfrutando nuestro desayuno cuando de súbito recibimos la llamada de los brasileiros que ya venían en camino pues habían conseguido furgoneta para ir a Agra. Esperábamos que tardaran unos 20 minutos más para seguir disfrutando de un buen desayuno, pero no tardaron ni 3 minutos, cuando tuvimos que salir corriendo y saltar hacia la Toyota Innova.
Una vez en camino y bajo un intenso tráfico estábamos todos muy contentos de conocer un palacio de tremendas proporciones sólo antes visto a través de fotos. Después de casi una hora de tráfico urbano al fin dejamos atrás la ciudad y tomamos carretera. Ja, es impresionante la similitud que encontré entre las afueras de Delhi y algunas de las transversales que cruzan Paseo Tollocan en Toluca. “Esto podría ser México”, comenté.
Luego de algunas horas nos detuvimos para pagar los impuestos de viajar de un estado a otro. En realidad todo el trámite lo hizo el chofer y mientras tanto nosotros nos bajamos a estirar un poco las piernas. Nunca falta la gente que intenta ganarse la vida de una u otra forma y había paseadores de osos (ya habíamos tomado foto a eso, así que no le hicimos mucho caso), domadores de changos (veíamos changos por doquier, así que tampoco le hicimos mucho caso) y entre otras cosas, un encantador de serpientes, sí, como esos que salían en las caricaturas; ese sí se robó nuestra atención y al final le dimos alguna propina (puede apreciarse el encantador de serpientes en la imagen DSCN0170). Ja, pero para nuestra sorpresa, el domador de changos no se de donde sacó que le habíamos tomado una foto a su simio y quería propina. Nos negamos diciéndole que no habíamos tomado foto alguna, pero no nos creyó y quiso revisar la cámara de uno de los brasileiros. Éste último no accedió a mostrarle nada y el domador colérico se me puso a discutir en hindi, telugu o cualquier idioma de la región pues hemos de recordar que siempre me confundían con indiano. Intenté hacerle entender en inglés, pero me seguía hablando en su dialecto, así que comencé a hablarle en español. Se quedó medio impactado pues no me entendía. Luego como que se me desatontó y se puso a vociferar nuevamente, pero para ese entonces estábamos ya dentro de la furgoneta y en camino hacia Agra nuevamente.
Después de un rato nos detuvimos a tomar algo en un restorán de carretera y ahí nos encontramos con unas peculiares versiones asiáticas de Sprite y Coca-Cola (marcas registradas) como se muestra en la imagen DSC00403 y en la imagen DSC00404 en donde el buen Alexandre nos muestra su barriga de Sprite.
Emprendimos nuevamente lo que parecía un viaje interminable y después de varias horas de un paisaje de sabana esteparia al fin nuevamente vimos rastros de movimiento: una mezquita de carretera, como puede apreciarse en DSC00406. Unos 40 minutos después, la furgoneta se detiene y se introduce a lo que parece la entrada al Taj Mahal. Luego un guía de turistas se presenta diciendo que es parte de la compañía que nos rentó la furgoneta. Nosotros incrédulos le preguntamos al chofer y nos lo confirma.
Nosotros: entonces, ya está incluido? No tenemos que pagar nada adicional?
Chofer: Sí, sí. No tienen que pagar nada.
Nosotros: Ahh, pues entonces habrá que desquitar lo que ya pagamos.
Pagamos una cierta cantidad para entrar, lo cual no era tan caro, pero sí que lo era para los estándares de vida en la India. En fin, resultó que no era el Taj Mahal, sino que era una construcción que hizo el abuelo o el tío del sujeto que construyó el Taj Mahal. Dicha construcción puede verse desde DSC00409 hasta DSC00413. Un dato muy interesante que nos dio el guía es que las construcciones eran una mezcla de culturas árabes e indias e incluso algunas de las escrituras que hay en los muros (no se alcanza a apreciar) estaban en varios idiomas. Y a todo esto se preguntarán por qué. Tal vez por la estrecha distancia con medio oriente o tal vez por la gran afluencia comercial de la región. Pues no, porque el señor que construyó esto tenía no sé cuántas esposas de no se cuántos lugares y a cada región le puso un distintivo. En ese instante me dije: “ese tipo sí era un gallo y no pedazos; qué George Clooney ni que mis polainas”.
Bueno, pues ahora sí sólo quedaba conocer el Taj Mahal pero una duda tenía inquieto a más de uno: “Si a la Toyota Innova sólo le caben 8 pasajeros y nosotros somos 7 y el chofer es el octavo que faltaba, dónde viajará el guía?”. Seguimos nuestro camino hacia la furgoneta de lo más tranquilos mientras que alguno se quedó a tomar fotos de último momento. Al final todos apañamos lugares en los asientos traseros, luego llegaron el buen Alexandre y el guía que se habían quedado un poco atrás. Al asomarse el guía se quedó viendo hacia los asientos traseros con cara de “donde me pueden hacer un lugarcito?”. Y el resto de nosotros silbando, tomando fotos, haciéndose los dormidos o con cara de “acá ya no cabe un alfiler”. Por regla de descarte, el único asiento disponible era el de Alexandre (el del copiloto) así que tuvo una media hora para cultivar sus amistades masculinas en la India.
Al cabo de esos 30 minutos que pasaron en un abrir y cerrar de ojos para el resto, pero que para Alexandre debieron ser una eternidad al fin llegamos a Agra que como cualquier ciudad de la India no destacaba por una infraestructura bien planeada, pero pensamos: “hemos venido a ver el Taj Mahaj, no Agra”. Entramos a un estacionamiento público después de unos 15 minutos de manejo y al fin dijimos: “ahh, estirar piernas, conocer mausoleo de estilo árabe, tomar fotos y regresar a casa”. Pero una sorpresa más: el estacionamiento sólo era una escala más en el viaje. Aún faltaban unos 15 minutos pero no podíamos ir en la furgoneta porque contaminaba mucho y podía dañar la estructura del edificio; teníamos que ir en un vehículo eléctrico. Todos diciéndonos “Dios qué contrariedades tienen por estos lares. Se quejan de la contaminación de un vehículo japonés de última generación, con convertidor catalítico y de una marca que siempre se preocupa por la mejor eficiencia en sus emisiones al medio ambiente y no dicen nada de toda la ciudad que está francamente en condiciones muy insalubres y para colmo, al lado del Taj Mahal pasa un río con unas emisiones gaseosas que seguro pueden corroer metal en cuestión de días”. Ja, si tenían curiosidad de por qué llegué a México sin vello nasal, ahora saben la razón.
Bueno, al final de algo tienen que vivir estos chavales así que pagamos nuestra cuota del microbús eléctrico, descendimos y a pagar nuevamente. Otra vez no me acuerdo de la cantidad, pero si la vez pasada (en el primer edificio que construyó el abuelo del que hizo el Taj Mahal) se me hizo cara, esta se me hizo exorbitante para el nivel de vida de la India. Algo así como si para las pirámides de Teotihuacan te cobraran $1,500 pesos la entrada. Recuerdo que para nosotros como extranjeros no era tan tan caro, pero definitivamente barato no era y bueno, después de varias horas de vuelo y otras tantas de carretera no íbamos a detenernos a entrar por eso.
Nuestro kit de bienvenida incluía unos protectores de una telilla especial para ponerse sobre los zapatos. “Menos mal”, pensamos. Ya no más miedo de contraer ojos de pescado o similares por templos y monumentos (lo malo es que con las escaleras de mármol desgastado y esa telita tenías que ir con mucho cuidado para no caerte; en ese momento no lo sabíamos). Además incluía una botella de agua que ya nos hacía falta, pues el resto del camino desde nuestra parada en el restaurante de carretera, no vendían nada. Ja, esa botellita creo que era de un litro o 1.5 litros, pero al estar expuestos a una temperatura de 44°C se fue como caballito tequilero.
Pasamos el punto de revisión y los vendedores y fotógrafos no se hicieron esperar. Que la foto del recuerdo, que la foto el recuerdo. Y nosotros: “que no, que no”. Al final accedimos y el fotógrafo me preguntó algo pero no le entendí, así que en inglés le respondi: “perdón, que me preguntó?”. Fotógrafo: “Ahh, no nada, perdón, pensé que hablaba hindi”. Yo: “tranquilo, que eso piensan todo el tiempo”. Al final lo único que quería decirme es que nos apuráramos porque pronto iba a empezar a obscurecer y las fotos no iban a salir muy bien. Traducción: Son las 2:00pm, así que pronto no va a obscurecer pero se están tardando mucho tomando otras fotos y ya me quiero ir.
Por supuesto nos tomamos la foto grupal tradicional del Taj Mahal en papel (esa con el camino de agua apuntando directo al edificio principal) y otras tantas en digital. Para comprobarlo tenemos imágenes desde DSC00418 hasta DSC00436. Hay que acotar que algunas imágenes intermedias valen la pena una mención aparte:
DSC00427. Este tipo de torres se conocen como Alminar o Minarete. Desde ellas tradicionalmente el Imán (figura religiosa musulmana) llama a oración a los feligreses varias veces al día según lo dicta el Islam.
Acotación 1: La gente tiende a pensar que la cultura árabe y la india son lo mismo, pero no es así. Si bien es cierto que la mayoría de las religiones son muy parecidas en muchas cosas como el origen de la vida, la existencia de un solo Dios, el hombre a través de las sagradas escrituras correspondientes, etc., no por eso podemos asumir que lo árabe e indio es lo mismo. La cultura árabe se rige por y para su religión: la musulmana. Toda su vida económica, política y social está regida por la religión. La cultura india, por su parte, se rige por una mezcla de costumbres, tradiciones y religiones diversas (incluso dentro de la India). Por ejemplo en el centro del país hay quienes son omnívoros y en el sur totalmente vegetarianos sin saber siquiera de la existencia de otro tipo de platos en el centro o en el norte de la India. A pesar de que una mayoría se dice hinduista, sus costumbres y tradiciones pueden variar aunque en teoría la esencia es la misma.
Acotación 2: El hecho de que el Taj Mahal, un mausoleo creado por un indio, tenga grandes rasgos árabes no puede explicarse sino porque el arquitecto era de origen árabe y además, por la gran influencia que ejerció el imperio árabe en toda Asia, en particular los persas quienes dominaron el subcontinente indio en el primer milenio, para posteriormente ser invadido por afganos, turcos y árabes entre otros. De hecho alguna vez a la India se le conoció como Hindustán (Tierra de los que siguen el Hinduismo o Tierra por donde pasa el río Hindus, en persa), pero debido a conflictos políticos debía buscarse un término que no excluyera al resto de las religiones conviviendo en el país; por eso ahora se llama India. Entre otras cosas por eso mismo surge Pakistán en 1947 con una población mayoritariamente musulmana buscando una identidad propia y además por eso también hay una gran similitud en nombre con otros países de la región como Afganistán, Uzbekistán, Kazajstán, etc. El famoso “stán” no quiere decir otra cosa más que “Tierra de”, en persa.
Acotación 3. Con las declaraciones anteriores no quiero iniciar un debate sobre el origen de Pakistán, ni de los conflictos políticos en la India. Simplemente trato de aclarar el por qué de la influencia árabe en la India y de las diferencias que pueden tener ambas culturas, con la información que tengo a la mano. Si alguien tiene una corrección/sugerencia me la puede enviar pues de cultura árabe puedo decir que conozco un poco, pero de cultura india casi nada; lo poco que se es de lo que me va llegando en libros, folletos o de lo que encuentro en la carretera de la desinformación.
Acotación 4. La mayoría de la gente en la India NO usa turbante. Sólo lo usa un grupo que se hace llamar Sikhs, que puede ser considerada como otra religión más en la India.
Acotación 5. Ya no hay más acotaciones por el momento, jajajajaja, así que continuemos con las fotografías.
DSC00431. A cada lado del edificio principal hay dos construcciones como la mostrada en la imagen. Una con carácter religioso y otra sin un uso bien definido y comprobado. Se piensa que simplemente se construyó para guardar la simetría persistente en la arquitectura árabe.
DSC00433. Pa’ rematar con toda la explicación árabe anterior, nada mejor que un poco de escritura árabe que es muy diferente del hindi, a pesar de que ambas puedan parecernos jeroglíficos. El árabe se supone que fue creado por Alá, mientras que el hindi se deriva del sánscrito.
DSC00436. Esta es la entrada al Taj Mahal y las pequeñas cúpulas blancas en hilera en la parte superior suponen los años de construcción del edificio.
Aquí acaba la reseña sobre Agra y el Taj Mahal así que no queda más que contar salvo que en el camino de regreso pasamos a cenar no recuerdo si al mismo o a otro restorán de carretera, pero después de una deliciosa comida china le tomé una foto a una estatuilla de Ganesh, el dios elefante por excelencia de la India. Puede verse en la figura DSC00439.
Ja, pues después de varias horas de carretera y un tráfico tipo autopista Cuernavaca-México en domingo a las 6:00pm al llegar a Delhi, el chofer pasó a dejarnos a nuestros respectivos hoteles y quedamos de vernos en el Hotel Relax con Juan (el otro mexicano, para quienes no lo conozcan) para ir a conocer Delhi al día siguiente. Llegando al YMCA teníamos planeado ir a echar unos largos en pantaloneta en la piscina del hotel, pero llegamos taaaaaaan cansados que llegamos directitos a dormir. Traducción: teníamos planeado ir a la alberca a nadar un poco en bermudas, short, traje de baño o similares, pero llegamos muy cansados. Además según recuerdo le estaban dando mantenimiento cloral a la alberca.
A la mañana siguiente, después de un ligero desayuno, procedimos a tomar un auto-rickshaw que nos llevara primero al Hotel Relax para pasar por Juan y luego ir al famosísimo Fuerte Rojo. Después de que el taxista nos quiso ver la cara de gringos queriéndonos cobrar las perlas de la virgen, le quisimos dar una sopa de su propio chocolate. Por un tramo que debió salirnos en unas 20 rupias y por otro que a lo mucho nos debió cobrar 50 rupias, nos quería cobrar 150 o 200 rupias, no recuerdo. En fin, pasamos al horrendo vecindario de Nehru Bazar que de día se veía menos mal y preguntamos por Juan y Alex. Una muestra de zonas aledañas a Nehru Bazar se puede ver en las fotos DSC00442 y DSC00443.
Recepción Relax: No… aquí no vive ningún Yuan (así como lo escribí, lo pronunciaban en toda la India).
Yo: Ya se que no vive aquí, pero es su huésped. Llegó ayer en la madrugada.
Recepción Relax: A ver… déjeme preguntar.
Yo: Ok
Recepción Relax: No… que dice mi tía Pancha que aquí no vive ningún Yuan.
Yo: Sí, ya me habías dicho eso. Te digo que es un huésped del hotel. Llegó ayer con un español (lo siento Alex, pero no creo que hubieran entendido si les digo que eras oriundo de Catalunya).
Recepción Relax: Ahhh, sí. Ya se fueron. Agarraron sus cosas y se fueron esta mañana.
Yo: No es posible. Me pidieron que pasáramos por aquí. Puedo pasar a revisar su cuarto?
Recepción Relax: No, no. Están limpiando la habitación, además ya se fueron. Es más, ya ni están sus cosas. Primero dijeron que nos encargaban sus petacas, pero luego vinieron y se las llevaron.
Yo: Pues ni hablar. Si de casualidad regresan les dices por favor que venimos a buscarlos y como no los encontramos nos fuimos al Fuerte Rojo.
Recepción Relax: Sí, ande usté joven.
Bueno, al regresar al rickshaw me encontré con que Dani ya estaba listo para iniciar el viaje al Fuerte Rojo, pero al mando del volante. Parece que había hecho muy buena amistad con el taxista durante mi ausencia y ya hasta foto se iban a tomar. Emprendimos la travesía y después de varios minutos de pasar por barrios cada vez más feos, al fin el taxista nos dejó frente a la Jamma Masjid (la mezquita más grande de la India; bueno, en realidad todas las mezquitas de la India dicen ser las más grandes y casi todas se llaman Jamma Masjid; creo que es algo así como las paleterías La Michoacana que todas dicen ser las primeras y auténticas, pero esta vez por ser Delhi la Capital, alguna preferencia debe tener). Pagamos 100 rupias al taxista y se quedó con cara de: “si eran 200 peso mano” (así tal cual; no me comí la segunda “s” de pesos). Nosotros: “No seas abusivo. Te debimos pagar unas 70 rupias, pero te damos un extra porque nos caíste bien”. Y en fin, dejamos al taxista llorando por sus 130 rupias restantes… y espero que con una lección de honradez.
Para llegar a la mezquita había que recorrer un camino parecido al camino de agua del Taj Mahal, pero este estaba vacío y lleno de basura. “Andando”, le dije al buen Dani, como lo hacía Batman con Robin. Dios!!!. No se francamente cómo pasamos por ese camino sin una congestión nasal. Bueno en realidad, sí lo sé: pasamos más rápido que Flash, ya que la pestilencia por basura, además de el intenso olor a orina (y no me refiero a ese olor que a veces hay en el zócalo de la Cd. de México; no; esto era algo así como concentrado y añejado por 40 años en barricas de roble para conservar el “buqué”, jajajajaj) y si a esto le sumamos la cantidad de moscas y una temperatura de unos 43°C que intensificaba los olores, pues ya se imaginarán.
Después de llegar a las escaleras donde estoy en la foto DSC00449 pudimos encontrar un poco de aire fresco y sobre todo un poco de alivio. En la foto no se aprecia, pero para entrar a la mezquita había unos detectores de metal como los que hay en el aeropuerto, que no estaban conectados a ningún lado y por consiguiente nunca sonaban, pero al final creo que eran inalámbricos. El punto es que se nos hizo muy extraño. Y bueno, nos disponíamos a entrar, pero por supuesto era sin zapatos y además Dani iba en pantaloneta y tenía que ponerse un pareo rentado para no exponer sus desnudas rodillas en un lugar sagrado. “Bueno”, dijimos en un primer momento, “qué mas da?”. Y justo cuando íbamos a poner el primer pie nos sale un tipejo quesque guía de turistas que no podíamos entrar con cámaras. Que si queríamos tomar fotos debíamos pagar una cantidad irrisoria de rupias. Entonces Dani se quedó a cuidar cámaras, zapatos y demás mientras yo fui a dar un vistazo a la mezquita. Realmente no había mucho qué fotografiar, salvo palomas soltando sus “gracias” desde el aire y niños correteándolas como se ven en Coyoacán.
Al final salí y Dani tenía que irse pues había quedado de verse con una amiga de su madre viviendo en Delhi. De ahí nos separamos y antes de irme al Fuerte Rojo, que estaba enfrente, me eché unas gorditas de chicharrón prensado y unos tacos de suadero en un puesto que estaba afuera del metro Cuatro Caminos (foto DSC00451). Ahh y justo antes de cruzar la calle le tomé una foto a un templo Jainista (otra religión de la India) pa’ que se cultiven y no les quieran ver la cara diciéndoles que es una Catedral Rusa con motivos Tahitianos, pintada de rojo. En la foto DSC00481 se muestra otra perspectiva del mismo templo.
Bueno, bueno, ahora sí, al llegar a la taquilla del Fuerte Rojo me percaté de que había una fila inmensa para comprar boleto. Y me dije: “qué flojera!!!”. Ya me iba a ir, cuando de repente veo un letrero iluminado acompañado de sonidos de campanas que decía: Taquilla para Extranjeros. Ja, esa taquilla estaba vacía y pensé que no habría nadie atendiendo por lo mismo, pero para mi sorpresa pregunté el precio de la entrada, le di un billete, me dieron mi cambio al instante y ya tenía un boleto que la mayoría de los perdedores de la fila no podrían conseguir en al menos 4 horas. En eso me salió lo Mr. Bean y con singular alegría les enseñé mi boleto a todos los de la fila, jajajajajaja.
Del fuerte rojo no hay mucho qué contar, porque ahí si de plano ni un folleto me leí, pero varias imágenes valen más que mil palabras. Pueden consultar desde la foto DSC00454 hasta la DSC00474.
Después de una extenuante visita por el inmenso fuerte rojo y los efectos directos de los rayos solares, me fui a la cafetería a comprar unas botellas de agua, pero gran sorpresa, no había. Tuve que chutarme puro refresco que me quitó la sed de momento, pero a los pocos minutos ya estaba otra vez como perro después de correr. Lo bueno es que la deshidratación y la garganta reseca sí que se vieron aliviadas. Salí del fuerte y justo cuando iba pa’ juera los brasileiros y el portugués iban entrando pues consiguieron una buena tarifa en la que un taxista los estaba paseando por todos los lugares turísticos de Delhi.
Pensé en juntarme con ellos pero ya había visto el inmenso fuerte y me dio flojera, así que desistí casi al instante. Por otro lado, pensé que para conocer bien un lugar sólo hay tres formas y para ello podemos citar al buen Pepone Paez: “caminando, a pie o andando”. Así que a pesar de mi cansancio, me di a la tarea de tomar mi guía Rough Guides (competencia de Lonely Planet) y a emprender la caminata con rumbo desconocido. La primera calle por la que me metí fue la de la foto DSC00483. Me pareció atractiva pues se veía mucho movimiento como de tianguis así que seguí caminando hasta que me topé con la singular vendedora de nueces y especias de la foto DSC00485. Pensé en comprarle un poco de nueces pues ya me rugía la tripa, pero las condiciones de salubridad no eran las mejores y lo último que quería era pescar una infección estomacal en Delhi.
Seguí mi camino sin rumbo y pasé por calles bastante feas como se ve en las fotos DSC00486 y DSC00487 y después de mucho caminar cada vez se ponía más feo y las calles más angostas. Y como había escuchado que en Delhi sí hay robos y asesinatos, y yo con mi gran corpulencia y calles cada vez más angostas, pues me dio un poco de mello y me regresé. “Capaz que en una de esas me quieren asaltar y ya no voy a caber por las calles”, pensé. Me perdí por un rato, pero al poco tiempo salí muy cerca de donde había comenzado, pero más cansado. De las fotos DSC00490 a la DSC00492 son edificios cercanos a donde salí.
Esta vez procuré ir por calles comerciales grandes y mi trayecto fue bastante folclórico. En la foto DSC00493 por ejemplo, tienen una muestra de la Haute Couture de la moda masculina en la India. Esto es lo que se denominaba en aquella época como “prét-a-porter”. Y como capital de la moda india, tampoco podían faltar los grandes centros de confección como el que podemos ver en la imagen DSC00494.
Ja, y por poco se me olvidaba: faroles hay en México, India y en todo el mundo. En la foto DSC00496 puede apreciarse a una pareja de “juniors” indianos en un buggy con música de regguetón y Shakira a todo lo que da. Por supuesto el equipo de sonido para hacer más evidentes los graves y la luz neón por debajo no podían faltar.
Y prosiguiendo con el relato, en la foto DSC00497 se pueden apreciar unos mangos normales, pero en realidad estaban enormes y frescos y con una temperatura casi infernal pues se me antojaban bastante, pero una vez más hice gala de fuerza de voluntad y me ahorré una enfermedad gastrointestinal. Más adelante, llegué a una calle donde no había visto más cable enredados en mi vida, y miren que he andado por varios pueblos de México, donde aún es común el cableado exterior, pero nada comparado con esto. Lo pueden ver en la foto DSC00498.
Ahh, y para que vean que no es mentira que la gente purgue sus toxinas en la calle, pueden comprobarlo en las fotos DSC00500 y DSC05669. De hecho, cabe recalcar que en la última foto mencionada se aprecian los artilugios emprendidos por el gobierno de la capital para evitar que la gente haga suciedades en banquetas y paredes.
Y la vaca en medio de la calle, no podía faltar, como puede verse en la foto DSC00503. Siguiendo mi camino me topé con el templo Hare Krishna de la imagen DSC00504 y me invitaban a pasar, pero les dije que tenía un tiradero en la casa y tenía que llegar a recogerlo, así que me fui.
Vaya que hacía calor. Creo que lo he repetido en varias ocasiones, pero es que en serio era tremendo. Yo nunca sudo de los brazos, pero en aquella ocasión parecía que me habían rociado con esos protectores solares en presentación spray. Intentando revertir los efectos nocivos del calor extremo pues fui a hacer a Roma, lo que hacían los romanos: me compré un turbante para hacer la experiencia un poco más fresca como se ve en la foto DSC00507. El ñor que me vendió el turbante quería darme un trapo largo así nomás y no le pagué hasta que no me hizo el nudo característico. Mal hecho, pero me dejó el turbante listo.
En las fotos DSC00564, DSC05538 y DSC05668 se puede apreciar la versión ecológica de los autorickshaws que tienden a ser lo mismo, pero más baratos y que tienen sus propias bases de taxi, donde cual estación de metro donde hay microbuses, se pone un gritón a llamar pasajeros con un característico grito: “culé, culé, culé, culé, culééééééééééééé”.
Por otro lado, en la India es muy popular el estilo de vida “Alfresco”. Si no saben qué es alfresco, aquí tienen una breve descripción. Intenté buscar algo en la Real Acedemia Española, pero no encontré nada, así que me fui a Wikipedia:
Alfresco. Dícese de cualquier actividad realizada en exteriores; término particularmente usado en pintura y de uso difundido en la lengua inglesa. Un sinónimo puede ser la frase francesa “en plein air”. Extrañamente, el término suena italiano, pero en dicho idioma sus connotaciones son: “en la cárcel” o simplemente, “aire fresco”.
Por ejemplo, todos los 7 consultores por lo menos una vez comimos en un restorán de Bangalore donde servían cortes vacunos a las brasas. Como comíamos en un lugar al aire libre, incluso la misma propaganda del restorán decía: “The Only Place: the best experience of dining alfresco”. Bajo este mismo concepto, es que en la India existe toda una gran industria alfresco enfocada a un máximo contacto con la naturaleza, como se puede apreciar en la foto DSC05668 donde se ve claramente una barbería “alfresco” o la foto DSC05669 donde tenemos algunos baños públicos “alfresco”.
Casi para finalizar tenemos una foto del atardecer de nuestro último día en Delhi: el India Gate (foto DSC05733). Este arco fue creado en memoria de más de 90,000 soldados indianos que murieron en la guerra afgana y en la primera guerra mundial, aunque hay versiones que indican que se construyó para una de las tantas visitas efectuadas por la Casa Real Inglesa.
Y para cerrar, los dejo con dos fotos: DSC00511 y DSC05768. En ellas aparezco con mi turbante en el aeropuerto dejando a más de un local asombrado, pues los Sikhs siempre usan barba larga (cosa que yo no, aunque quiera porque no me distingo por una barba abundante) y no hablan español.
Ahh, por poco se me olvidaba. Luego de esperar unos 15 minutos de demora en el aeropuerto, tuvimos que esperar otros 15 minutos. Luego ya de plano dijeron media hora y luego 1h. Para no hacer el cuento largo, tuvimos una demora como de 5 o 6 horas. Y ya que apañamos asiento en el avión, pensamos que todo estaría resuelto, pero nooooooo, todavía tuvimos que esperar alrededor de una hora más, por mal tiempo: una tormenta de arena. Moraleja: si algún día viajan a la India y quieren ahorrarse una lana, no la ahorren con Air Deccan; realmente vale la pena pagar un poco más por un servicio más confiable y por un asiento numerado…
Ja, ahora sí ha terminado una reseña más, pero les adelanto el tema de las próximas reseñas: el lejano oriente. Caray, a veces incluso yo me asombro de todo lo que puedo escribir cuando mis manos ponen en acción el teclado de cualquier computadora. Si así fuera para el trabajo… jajajajaja.
Un saludo y esperen nuevas reseñas.
Õ Tigre do nascimento
No hay comentarios.:
Publicar un comentario